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Tema: El Origen del Dragón Caído.

  1. #1
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    02/oct/2006
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    Predeterminado El Origen del Dragón Caído.

    Cansado de las críticas para que lo pusiera todo junto, yo en mi divina potencia magnificiente, he decidido juntarlo todo, incluso poner material nunca visto.

    Así es, uncutted and unsensured.

    Jódanse...

    Los quiero...

    No la verdad no, es en serio los odio. >;3


    Cabe a destacar que la historia es mía y solo mía, tengo las fechas para confirmarlo,y cualquier plagio será castigado. No legalmente, pero de todas formas lso plagiadores pagarán.

    Incluso los seudofanfic´s están protegidos.

    M&M EDITION´S

  2. #2
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Prólogo










    El umbral se abrió de un golpe. Las gotas de la tormenta exterior entraron apresuradamente, seguidas por un resplandor blanco, el cual iluminó los rostros de los borrachos en la infestada taberna. Una figura estaba en el marco de la puerta, cuando segundos después de la cegadora luz se oyó un sonido ensordecedor. Era un extranjero envuelto en oscuridad, de estatura media cabeza más baja. Tenía un sobrero de paja y una capa llena de parches tapando su rostro y cuerpo. Era visto como una silueta negra, con agua y luz atravesando el marco.
    Entró en la habitación con pasos pesados, debajo de su capa se veían destellos de metal. Los de una oxidada armadura llena de manchas de sangre. En su espalda yacía una gran espada, del tamaño de un hombre, y tal vez algo más. Junto con un escudo de pared, lleno de daños causados por más de un arma.
    El extraño ser se dirigió a la barra y cayó en el asiento con bastante peso.
    -¿Qué es lo que desea?—preguntó el tabernero mientras limpiaba un vaso. Era un hombre grande y obeso, calvo y barbudo, y un delantal sucio, cocinero también era al parecer, pensó el extraño.
    No hubo respuesta. Pasaron unos segundos.
    -Hey, ¿que te ocurre? ¿Hablas Zhorass?—no hubo respuesta -¡Mira pedazo de mierda, responde de una vez!—gritó esta vez impacientado...
    -Lo que yo tal vez pediría... si bien o no lo puedo pagar ahora, o no tienes esa calidad en tu almacén—el extraño tenia un acento seco pero usaba palabras elocuentes. Su rostro estaba velado por la sombra del sombrero, por la capa sobre la parte inferior de su rostro y por su cabello negro.
    -¡Hmpf! ¡Miren lo que tenemos aquí! Un marica...
    -Ser exigente mi corpulento amigo, no es un símbolo de falta de virilidad. Ahora deja de dudar de la hombría de este extraño y sírvele algo de licor. El más barato sería lo mejor.
    El vaso que el tabernero limpiaba fue el receptor del licor barato para el extraño. Pasaron tal vez diez minutos.
    Hundido en sus pensamientos el joven no paraba ver a su bebida...
    “¿Acaso, había pasado tanto tiempo?” Pensaba sumido en sus recuerdos “No. No puede ser. Habían pasado un mes desde que dejé la infraoscuridad. Si, había pasado. Me pregunto, ¿Qué estará hacinado Ragmazh ahora? ¿Estará vivo? ¿Estará perdido? ¿Habrá regresado a su clan? ¡Ja! No se por que dudo... el es mas fuerte que yo. Es más sabio. Además, el ya ha estado en ese oscuro lugar. Si no, ¿por que sigo vivo? Estoy vivo gracias a el. Soy más fuerte por su ayuda. Soy más sabio por sus enseñanzas.
    -¡¿Pero que coño te pasa?! ¡Son tres jodidas piezas de cobre!—Gritó el cantinero después de haber pasado mas de un minuto pidiendo su dinero al extraño.
    -¿Eh?—el extranjero lo miró desorientado –Si toma...—de su cuello colgaba una bolsa de cuero negro. El la tomó y abrió, de ella sacó tres pequeñas monedas de color cobrizo y las puso en las grasientas manos del tabernero enfurecido.
    “Mira este lugar. No me sorprende que busque cobijo un lugar así. Soy un desastre, un problema” El joven podía escuchar los sermones de su antiguo mentor merodeando por su cabeza “Luchlach está muerto. Supéralo. Tú lo mataste. No, lo mate porque el me lo pidió. Maldición... me lo he repetido ya muchas veces.
    Cogió su vaso de nuevo para beber otro sorbo. Pero lo había bebido todo.
    -Déme otro...—Puso las monedas sobre la barra esperando impaciente su alcohol.
    “Todos ellos están muertos. El orgullo rashemí aplastado en solo una noche, y torturado por más de un mes. Curioso de cómo los caprichos de los mágicos nos hacen sufrir.”
    La noche pasaba mientras mas dinero gastaba en su alcohol. Ya habían callado sus pensamientos, después de haberlos ahogado en siete tragos una hora atrás. Estaba dormido, pero después de unos minutos sus pensamientos volvieron. “Soy débil”. Una llama azul surgió en un hoyo negro. Una puerta se abrió y tres siluetas azules estaban en ella. Ese olor, ese sabor tan deseado por sus labios. Esa visión tan horrenda y odiada por sus ojos. La cólera se anido en su corazón una vez más.
    Abrió sus ojos. Estos explotaron en llamas azules intensas... con un gritó se levantó rápidamente, completamente despierto. Extendió su mano hacia la puerta, sus dedos se impregnaron de llamas azules, toda su mano de hecho, en solo cuestión segundos. Un azabache de fuego azul cruzó toda la posada, dirigiéndose a toda velocidad hacia el umbral, hacia la figura que estaba en ella.
    El cuerpo murió al instante que era engullido por las llamas. Voló unos dos metros después de ser impactado y cayó sin vida en el otro lado de la calle.
    Los hombres al lado del joven lo sostuvieron para que no atacara de nuevo. Todos se pararon desenfundando sables, cuchillos, dagas y espadas.
    -Imashen, Dragón Caído...—se escuchó como un siseo lo que dijo la figura que atravesó después el marco de la puerta, que había presenciado la muerte de su aprendiz. Era un viejo con su calva tatuada de extrañas runas. No tenía ningún rastro de vello facial, de cara arrugada y ojos poderosos. Vestidor de una túnica roja con arreglos de oro –Rashemí hijo de perra... por fin ten encuentro.
    Imashen le dio una patada al borracho que tenía al frente, arrojándolo hacia una mesa. El joven extranjero se había enfurecido, incitado por el miedo a ser capturado de nuevo; a someterse a esos horrores nuevamente.

    <<Imashen... nos dejes que te atrapen de nuevo... mata. Estoy aquí para protegerte. Todo acabará si caes en manos de ellos de nuevo.
    Mata, mata, mata. >>
    Ese extraño susurro explotó en la cabeza del joven, una voz amiga parecía. E Imashen le escuchó.
    La adrenalina le dio la fuerza necesaria para zafar su brazo derecho de las garras del tabernero. Puso su mano libre en el rostro del hombre que le sostenía su otro brazo. La mano fue engullida en fuego azul y la cabeza del malhechor explotó en un fulgor blanco-azulado. Había un tercero sosteniéndolo de la espalda, para que no desenfundara su horrible arma. Pero eso no importó, la capa de Imashen llevó a descubierto su cuerpo durante el forcejeo. Dos espadas yacían en su cinto esperando ser desenfundadas, las cogió y desenfundó el acero mortal.
    Mató al tipo en su espalda al instante, mato además al que cargaba hacía el después de ser derribado por su patada.
    Los demás dudaron... no querían morir. No sabían que iba a ser tan difícil.
    Imashen lanzó sus espadas a otros dos. Se clavaron en sus pechos.
    Desenfundo su acero de gran tamaño.
    -¡Mueran todos!—sus enemigos cayeron ante su acero rashemí. De los borrachos conspiradores contra Imashen no quedaba uno. Solo los dos encapuchados en el umbral de la puerta.
    <<Así es joven guerrero, matadlos a todos. Que sus vidas se apaguen ante la vuestra. >>
    La voz apareció de nuevo, tal vez Imashen la había escuchado antes... si en la infraoscuridad. Le había ayudado antes y ahora le ayudaba de nuevo. Extraño... la voz se escuchaba más fuerte ahora, parecía un susurro fuerte de una voz increíblemente elocuente.
    -Acorrala a una bestia y solo conseguirás enfurecerla—dijo El Mago Rojo mientras miraba a Imashen—no me impresiona... matadlo.
    Un chillido emergió de la segunda figura. Esta se desvistió rápidamente exponiendo a una caricatura de lo que era. Era una delgada figura, casi esquelética. Con dedos largos como garras y dientes increíblemente afilados. La baba surgía de su boca como bestia rabiosa.
    Se abalanzó contra el extranjero.
    Imashen tembló. Era lo único que este valiente extranjero temía... un muerto en vida, una criatura traída desde la muerte en un estado lamentable. Una caricatura sin expresiones humanas en su rostro, de fuerza sobrenatural e instinto asesino, junto con una depredadora sed por la violencia. Lo peor tal vez era que Imashen sabía por algún instinto que era... es decir que fue un rashemí en vida.
    Un manotazo de la criatura derribó la espada que Imashen sostenía; algo fácil pues Imashen estaba temblando de miedo.
    Sin darse cuenta Imashen estaba contra la barra. Había sufrido cortadas en su cara, junto con algunos moretones. Forcejaba contra la bestia.
    <<No te rindas, joven. La senda del guerrero se encuentra plagada de enemigos más temibles que este. ¡Levanta tu espada y matadlo! >>
    La baba del muerto viviente le caía en la cara herida de Imashen. El bárbaro rashemí sostenía las muñecas de la cosa muerta, mientras que con su pie hacia un esfuerzo por alejar el pecho del no-vivo y así evitar que le mordiera la cara.
    <<Estas criaturas tienen debilidades, joven guerrero. Debilidades que hacen que las fortalezas de la muerte viviente no valgan la pena. ¡Utiliza vuestro fuego! Hazle arder. >>
    Utilizando casi lo último de Urdimbre mágica en su cuerpo, Imashen hizo arder sus manos y destrozó las muñecas esqueléticas de la malvada criatura. El ser chilló, no de dolor, sino de ira.
    Imashen lo alejó con una patada y luego lo golpeó con su puño derecho, el cual estaba envuelto en un guantelete armado, con una rodela y una daga, amarrada al antebrazo. La daga y púas del guantelete hirieron al ser, quebrándole la mandíbula.
    Sangre coagulada empapó su mano.
    << ¡Cuidado, joven guerrero!>>
    Instintivamente Imashen preparó el cuerpo para absorber el conjuro lanzado contra el. Un fugaz rayo atravesó la taberna e impacto al joven.
    Pero nada pasó. Imashen tenía un don, un regalo envidiado que se concedía a solo un puñado de hombres y mujeres de cada generación. Estas personas podían absorber emanaciones mágicas dirigidas contra ellos y canalizarlas en un azabache azul de gran poder destructor o una energía tranquila y esperanzadora.
    La Urdimbre en bruto era lo que manipulaban estas personas. Sin embargo había un límite. Su cuerpo no podía aguantar emanaciones muy poderosas o constantes, y muchos de los pocos que hay, han muerto por contener más magia de lo que eran capaces. La mayoría eran personas que cuando lo descubrían se dedicaban al Arte. Sin embargo Imashen nacido en un pueblo guerrero, que competían en aguas heladas, combatían contra felinos de las nieves solo con una daga y que luchaban constantemente por su patria, y además de obtener su don en un momento posterior de su vida, gracias a esto Imashen poseía una constitución fuerte, la cual le ayudaba aguantar magia poderosa, casi tan bien como un experimentado manipulador del fuego mágico.
    ¡Que sensación tan increíble! Que sumo placer el sentir la magia corriendo por sus venas, revitalizando todo su cuerpo envenenado por el alcohol.
    El mago bufó irritado, incapaz de creer que su muerto viviente estuviera perdiendo y que su magia no fuese efectiva.
    El llanto del muerto viviente borró la sonrisa de satisfacción de Imashen, al ver al mago preocupado.
    La criatura se abalanzó contra el, Imashen respondió agazapándose y saltando hacia su espada, pasando de largo al monstruo. Cogió su gran espada y la colocó como una estaca; preparada para la carga del no-muerto. En efecto el ser antinatural se abalanzó hacia él, la espada atravesó su vientre, debido a la fuerza de inercia. Pero el ser era más fuerte que las piernas de Imashen y lo aplastó contra la pared. Entre el muerto-vivo y la pared Imashen sintió la sangre coagulada en sus manos y la saliva del cadáver animado en su rostro. Pero la criatura le mordería, así que puso su pie derecho entre ellos y con gran esfuerzo físico lo empujó hacia atrás.
    Actuando por puro instinto el rashemí colocó su guantelete en el abdomen de la criatura y con la fuerza metió su mano dentro. Usando un gran esfuerzo adentro su mano más adentro, mientras su espada la sostenía fuertemente con su otra mano.
    Con gran asco encontró la vértebra y la quemó usando lo que le quedaba de energía.
    Siendo imposible que los impulsos nerviosos del cerebro, animado por artes oscuras, llegará a las piernas del ser, este se calló y arrastró con sus muñecas quemadas e incompletas hasta que Imashen le piso la cabeza con su bota de hierro.
    La voz advirtió a Imashen del ataque, y este absorbió le relámpago dirigido por el mago, pero rápidamente el mago empezó el salmo de otro conjuro mientras Imashen se apretaba el pecho lleno de magia
    Esta vez el relámpago le impactó y lo arrojó al otro lado de la barra.
    -Al parecer el guerrero no puede contra un Mago Rojo de verdad- dijo con una risa el hechicero mientras se acercaba paso a paso al derrotado héroe.
    Su cuerpo estaba entumecido, adolorido y para no decir herido de gravedad. Su corazón se detuvo por el choque eléctrico del conjuro del mago.
    -Te querían vivo... ¡pero creo que muerto eres más dócil, mi bestia!- dijo cuando se acercó y vio a Imashen con todas esas botellas de licor rotas sobre el, con una herida grave en la frente (además de los zarpazos de la criatura no viva).
    El confiado mago sacó un pergamino para animar el cadáver del guerrero
    << Tortura...>>
    Tardo un pequeño segundo en comenzar a leer el pergamino, solo eso necesitaba Imashen. Su corazón trabajó de nuevo y la orden que le dio su cabeza era extender su mano izquierda y...

    La taberna ardía en fuego azul, mientras que Imashen caminaba por ese sendero oscuro y enlodado. La lluvia caí fuertemente sobre su sombrero de paja. Con su gran espada, su escudo de pared, su guantelete armado y sus dos espadas, Imashen se preguntaba el camino que seguiría. La cara de miedo mortal en el rostro del mago no tenia precio... Sabía a que se dedicaría, usaría su fuego para matar a todos y cada uno de esos manipuladores del Arte. Fuego contra fuego los haría pagar por sus ambiciones y crímenes y el irrespeto a la diosa de la magia, Mystra...

  3. #3
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.




    Primer Libro: Acerca del escape de Imashen de Zhay



    Acerca de mí primer día como “yo”







    Espero que yo lea esto, escribo mis memorias en este diario ya que creo que mi cabeza es increíblemente frágil, como el cristal. No sé decir sí estoy conciente en este momento, sí le faltan pocas horas a este “yo” actual, sí en verdad este “yo” soy yo, o sí soy bueno o malo.
    Lo que sí se en este momento, es que he pasado por pruebas injustas, si estoy leyendo esto debes saber una sola cosa: Los Magos Rojos me quieren muerto... o peor, como esclavo. Debes saber que los conflictos que he enfrentado son sin lugar a duda escalofriantes, injustos, malditos e inhumanos.
    Mientras escribo esto lo hago con miedo. Temo que me atrapen. Temo por mi vida o mi libertad. Escribo esto con temor a algo atrás, se que están ahí, persiguiéndome mientras escribo, pero no se que hacer: Empezaron los dolores de cabeza y no quiero que me atrapen asustado y confuso. No quiero enfrentármelos, me dan miedo. Usan muertos vivientes para cazarme, adivinaciones... magia poderosa. Incluso ahora huelo la magia... Es una adicción que me perturba, me atrofia.
    Pero si me encuentran, no será asustado ni débil. Mataré a cuantos pueda y los obligaré a matarme...
    Pero para eso necesito estar seguro que de si pierdo la memoria de nuevo, mi próximo “yo” este preparado.
    Todo empezó en esa inmunda celda Zhayiana... fue ahí donde este “yo” despertó. Fue ahí donde enfrente mis primeras pruebas.
    Déjame hablarte de la primera... No sé que escribir, salvo que solo, sin saber quien era, con oscuridad rodeándome y con heridas alrededor de mi cuerpo; uno no de siente de maravilla.
    Solo, asustado y herido fueron mis primeras experiencias.
    No se cuanto tiempo pasó, pero ahí conocí a Ragmazh Picasangrienta, mi mentor por el largo sendero que me esperaba...
    Le debo mucho, espero que cuando escapemos de Zhay le pague todo lo que le debo.

  4. #4
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Invencible
    I







    Ragmazh, el Orco desvió el ataque doble con sus dos sendas hachas. Los dos guardias que decidieron retarlo en el coliseo gritaron de dolor cuando sus brazos fueron cortados por las armas del brutal orco de dos metros de altura. Los cortes fueron precisos y devastadores dejando los antebrazos con sus espadas en el suelo. Sosteniendo sus miembros rebanados los guardias lloraron y se alejaron como pudieron del orco.
    Uno cayó de rodillas y se arrastró como pudo cuando una hacha arrojada fue a parar en su muslo izquierdo, su compañero no tuvo tanta suerte ya qué la otra hacha dio a parar contra su espalda.
    -¿¡Estas contento Szass?! ¿O es qué acaso tendré que mermar la mitad de tus fuerzas antes de que me vaya a mi inmunda celda?
    Ahí en su lujoso asiento de cojines de seda, arreglos dorados y cráneos tallados en obsidiana, yacía El Todopoderoso Liche Szass Tam, Zúlkir de la nigromancia y aparentemente el verdadero poder detrás de la nación de Zhay. Estaba sentado en su lugar reservado en lo más alto del coliseo, convenientemente hecho para evitar que la luz del día cayera sobre el liche; aunque esto no le afectaba en absoluto solo era mera comodidad. En su trono de huesos junto a los otros Zúlkires, El nigromante disfrutaba del Invencible Ragmazh Picasangrienta. El orco había sabido como montar sangrientos espectáculos, en verdad no había rival para sus poderosos músculos y gran fineza con las armas. Ése era el problema, aunque sus arcas se habían llenado bastante cuando Ragmazh había matado a mano limpia al ogro Tulka junto a su compañero minotauro Yol. Pero ahora Ragmazh no había hecho otra cosa que ganar, fue divertido al principio pero cuando empezó a costar varios miles de monedas de oro comenzó a ser un problema... Los apostadores lo amaban, no solo por el espectáculo sino también por los resultados.
    Era hora de solucionarlo...
    Con una voz amplificada miles de veces Szass Tam, el liche se dirigió a su pueblo por primera vez en varios años...
    –Pueblo elegido de Zhay, les imploro yo; Szass Tam el conocedor de la Urdimbre, Szass Tam el archimago, Szass Tam el liche; ¡A presenciar lo que puede ser el fin del legendario Ragmazh Picasangrienta!—se escucharon entonces los gritos de protesta de los apostadores- Toda una docena de centuriones enfrentará esta vez a Ragmazh, de salir victorioso será campeón indiscutible del coliseo por lo que queda de siglo.
    Claro que Szass Tam pudo haber ordenado más hombres, incluso matar a Ragmazh con un mortal conjuro. Pero a fin de cuentas Ragmazh era solo un orco y en el hipotético caso de que saliera victorioso, ¿qué importaba perder unos miles de oro en cada espectáculo montado? No era su dinero, sino de sus contactos y siendo el legendario liche, ¿le temía Szass Tam a cualquier enemigo? Solo mandaría la docena de hombres... pero francamente no le importaba del resultado final. El combate en verdad prometía un buen momento de diversión en la atareada vida de un archimago.
    -Con que a esto hemos llegado...- se dijo Ragmazh mientras preparaba su enorme hacha en sus manos. Con sus dos metros y con sus cien kilos, con sus enormes músculos, sus colmillos ensangrentados, ojos rojos inyectados con sangre, barba mugrienta y enredada hasta sus abdominales desnudos e igualmente de largo cabello, y con sus pies bien plantados en la tierra el orco dijo- Esto se pondrá bueno...



    ***




    Otro centurión cayo cortado en dos, el grito de dolor fue del agrado esperado por Ragmazh, este luego corrió hacia atrás dando un manotazo a los centuriones en su camino. Fue inesperado de manera total por los guerreros zhayinos, los embistió a todos mientras corría, luego dio un hachazo final cuando las tropas aturdidas quedaron atrás suyo. Tres cayeron, dos cortados por la mitad y uno con una mortal herida en el costado.
    Se lanzaron de nuevo contra él.
    Ragmazh llevaba casi una hora peleando. Primero se concentró en cansarlos y confundirlos, usando amagos y fintas para hacerlo parecer fuerte pero torpe. Sabia que los guerreros habían visto sus combates y que dudarían al principio si enfrentarle, pero cuando estén de cerca y notaran que sus movimientos eran medio exagerados se confiarían de su entrenamiento militar y atacarían sin dudar tratando de terminar rápido para que no sean alcanzados por un hachazo a diestro o a siniestro.
    Después de unos minutos mató al primero, utilizando la cobertura de este para que no vieran el brutal y preciso movimiento. Esto los enfureció y empezaron a cargarle con todo lo que tenían.
    Grave error.
    Ragmazh era un veterano de casi sesenta años, demasiado para la expectativa de vida de un orco promedio... su forma de pelear era única, aprovechando sus músculos para fulminadores ataques. Combinando una buena defensa para recibir las menos heridas posibles, menos heridas, menos infecciones eran igual a una vida mucho más larga.
    Ragmazh era un genio.
    El hacha se incrustó en su rostro, justo entre la mandíbula... “muerte a la orden” era el lema de este talentoso cocinero y luchador orco. Seis menos, quedaban otros seis.
    -¡Es un monstruo!- gritó uno antes de que el hacha volara y se le clavara en el hombro.
    Otro cargó hacia Ragmazh... bajó la defensa y el orco solo tuvo que cogerle el rostro con su mano izquierda, apretar hasta oír ese delicioso “Crack” y luego arrojarlo hacia los atemorizados centuriones.
    -¡Entonces vengan a pedir muerte, que muerte les daré! –exclamó el orco cuando cogió de su cinto sus dos hachas y las arrojó contra dos guerreros. Uno la esquivó.
    Quedaban dos, los únicos más o menos experimentados en el combate real. Con un gran salto Ragmazh sorprendió a uno y le lanzó un golpe en la cara al soldado de la izquierda, su nariz explotó en sangre y calló inconciente, ahogándose con su propio fluido vital.
    Solo uno.
    -Es... está desar... ¡desarmado!- gritaba el centurión esperanzado mientras corría hacia el con espada en mano. Ragmazh fue muy veloz para su ojo, había cogido una daga oculta de su cinto había girado y luego dado un rápido corte a su cuello...
    Todo había terminado, el Invencible había triunfado.
    En su trono el liche bufó y se encogió de hombros por el resultado... no le importaba en absoluto.
    Un mago apareció en el portón que iba a las celdas y musitó un conjuro. Acto seguido Ragmazh caía de rodillas, completamente inmovilizado y entumecido. El orco miró con odio mientras lo amarraban y lo arrastraban hacia su sucia celda de porquería. Literalmente Ragmazh comió tierra.




    ***




    El pasillo era lúgubre y sucio, solo iluminado con antorchas que consumían el aire y hacían toser a los pulmones agotados de Ragmazh, el Invencible.
    -Mayor combate que distes inmundo orco, tan poderoso con las armas y un simple conjuro te hace caer de rodillas. Patético –se mofó el Mago Rojo mientras lo arrastraba con su conjuro – ¿Hace un buen clima allá abajo, invencible Ragmazh?
    Ragmazh estaba humillado y bien jodido. Con la cara llena de barro mugriento de ese calabozo. El peor castigo de un verdadero guerrero. ¿Cuántos incontables enemigos habían caído bajo sus hachas? ¿Cuántas maniobras peligrosas y solo alentadas por el destino, había hecho el orco en sus sesenta años de vida? ¿Y todo para qué? ¿Para qué un mago débil, inmoral y megalómano lo joda? No, no podía ser así no de esta manera. Menos aún si el estaba conciente. Tenía que luchar, si no es así, ¿Dónde quedaba el honor? Ragmazh no podía quedarse así, no de nuevo. Después de haber pasado horas preparándose para resistirse a la voluntad de La Urdimbre.
    Un rugido lleno de ira, rencor, frenesí salvaje e instinto fue lo último que escucho el aprendiz antes de que una mano se cerniera sobre su cara y le reventara el cráneo contra la pared...
    -Debo aplaudir tu voluntad, poderoso Ragmazh. Invencible en combate, casi vencedor en la magia. Pero creo que hasta aquí llegas...- exclamó aplaudiendo el mago con los ojos poderosos y fina túnica roja con arreglos de oro.
    -¡Pedazo de mierda, no necesito armas para matar a un gusano como tu! ¡MUERE!- gritó Ragmazh sediento por sangre de mágico.
    Todo quedó a oscuras después de haber escuchado un par de palabras inteligibles.
    Ragmazh se despertó hecho una furia, golpeando los muros endurecidos mágicamente, mordiendo los barrotes de acero trabajado con alquimia, incluso embistiendo los muros y garrotes con su cuerpo. Tardó varios minutos para tranquilizarse. Pero aunque ya no golpeaba seguía furioso y avergonzado.
    Su honor exigía retribución.
    Con un grito primordial de los más sencillos y fuertes instintos Ragmazh se desahogó. Luego calló de rodillas en meditación para preparar más su mente para los conjuros de esos mequetrefes debiluchos.
    Lo que no sabía Ragmazh es que ese grito ayudo a despertar el instinto furioso y cruel de su compañero en la otra celda...
    El llanto del guerrero lo había hecho nacer de nuevo, seguido por un resplandor azul en la celda contigua, casi como una luna en la tierra.

  5. #5
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Rudo despertar en la oscuridad de Zhay
    II









    El despertar fue de por sí desesperante, sin tener que agregar el ambiente; una celda fría, oscura, sucia y deprimente. Con retumbos de látigos, gritos de prisionero, y llantos de sosiego. Llena de olor a mierda y a cuerpos en descomposición.
    Pero lo peor fue en verdad el propio despertar, estando solo y sin recuerdos posteriores a este momento, cualquiera puede enloquecer. Fue como un nacimiento... solo que uno oscuro y malvado. Obra de un diablo, un trabajo insidioso y perverso.
    Cuando el prisionero despertó, cuando el joven nació, lo hizo gritando y con los ojos ardiendo en fuego azul. Se ilumino la celda y el pasillo, y el grito; como el que hace un bebé al nacer, fue escalofriante e inhumano. Resonó por la celda y más, seguido por la inspección temblorosa por él de sus alrededores.
    El fuego murió y todo oscureció.
    Confundido el ser trató de levantarse, pero sus piernas fallaron y cayó en el inmundo suelo. Dando un respingo leve y lleno de cobardía el joven levantó su rostro mientras sus ojos se adaptaban a la oscuridad.
    -¿Don... Donde es... toy?-fue lo que dijo mientras su herido cuerpo levantaba su peso. Pero un dolor lo hizo lloriquear, llevando su mano hacia su pierna envuelta en oscuridad, sintió el calor de la sangre que manaba. Su pierna izquierda estaba herida. Abriéndose la herida más y más por el esfuerzo anterior de sus atrofiados músculos, no pudo hacer otra cosa que caer de nuevo.
    -¡Mi pierna, mi pierna!- lloró en la oscuridad. Su mano estaba empapada de su líquido vital. Sólo en la penumbra el joven enloquecía de dolor emocional y físico.
    Pero en la oscuridad nació la furia, engendrada por el dolor y la desesperación. Engendrada igualmente por el llanto del guerrero, hecho por Ragmazh. Una bestia incitada por su propia sangre y dolor, dispuesta a descubrir el culpable de su agonía... y en un acto de furia indomable se arrojó contra las rejas.
    Rebotó contra el metal sólido. Adolorido se levantó pesadamente y maldijo su suerte.
    -Creo que se necesita más que eso... pero ese es el espíritu- La voz era gutural y fuerte. El joven al principio se asustó y miro alrededor, luego percatándose de su estupidez demandó la identidad del prisionero en la celda continua. Demandó en rashemí, porque esa fue la lengua que utilizó la voz.
    El desconocido rió claramente divertido, su acento era increíble, junto con su labia- Mi nombre es Ragmazh... otro prisionero otro gladiador, dime. ¿Cual es el tuyo?
    -En ese preciso instante, en ese mismo momento comencé a sentir un gran dolor. Mi mente era azotada por un terrible tormento. Mis memorias van y vienen en caos sin control. Sin orden cronológico. Pero al final el dolor termina al dibujarse en mi mente una palabra...”Imashen de los Colmillos de Dragón”. Sin embargo al tratar de recordar mis ojos volvieron a explotar en una fuerte luz azul iluminando toda la patética celda en la que yo me encontraba y asustando al misterioso y enigmático ser al lado de la pared.
    -¡¿Qué carajos fue esa mierda?!
    -Mi nombre...- susurró -Mi nombre es Imashen... Rashemí de los colmillos de Dragón – Imashen se secó algo de sangre que chorreó de su nariz.
    - Sabía que eras rashemí... no sabía yo el clan. ¿Colmillos de Dragón? Fieros guerreros por derecho propio.
    -Lo siento, solo se mi nombre por los momentos- el joven se recostó de la pared y prosiguió de manera pausada- Ragmazh ¿Sabes algo sobre los Colmillos de Dragón?
    -Se poco, fieros guerreros expertos en las espadas. Cazadores de enemigos mereodadores en sus fronteras. ¿En verdad no recuerdas nada? ¡Menuda jodienda que te habrán dado!
    -¿Qué dices?
    -Oh, disculpa eres nuevo... ya veo. Hm... creo que se cansaron de mí por los momentos, así que no pelearemos en la arena por los ahora. Siento lastima por ti, chico... y respeto a los guerreros de tu clan. Te diré lo que haremos. Te prepararé para tu combate inicial. Saca tu brazo de la celda... acércate al muro.
    -Esta bien...
    Imashen con gran esfuerzo introdujo su brazo con músculos atrofiados y lo dejo ver fuera de su celda... Ragmazh en respuesta se lo agarró y apretó, clavando sus uñas negras en el y haciéndolo sangrar. Imashen gritó y lloró de dolor mientras la fuerza de Ragmazh lo jalaba y golpeaba contra los barrotes. El joven daba patadas a la reja para intentar librarse del agarre, hecho con fuerza inhumana.
    Repentinamente lo soltó e Imashen cayó de nalgas en el suelo aferrando su brazo e intentando desesperadamente que el dolor se esfumara.
    -Primer error. Eres un confiado marica de mierda. No sobrevivirás aquí. Pierdo mi tiempo, no eres un Colmillo.
    -¡¿Qué dices?! ¡No, por favor!- lloró Imashen mientras se pegaba y de manera patética suplicaba a la pared que los dividía- Enséñame te lo suplico... –dijo lentamente con voz más serena.
    -Estas llorando... ¿No es así?
    Hubo un silencio.
    -Carajo chico, ¿Cuál es tu edad?
    -No, no lo sé.
    -Mierda.
    El joven se levantó como más pudo. Y pegó su frente a la pared. Se observó a si mismo. Tenía el cabello largo, negro y mugriento. Algo de barba por lo que podía notar mientras se pasaba su mano por la cara. Y lo que parecía ser la forma de músculos. Aunque débiles e inútiles.
    -Tengo algo de barba...
    -Entonces no estás en edad para llorar... muy bien empecemos. No te preocupes por los alimentos, te darán buena comida para formar buenos músculos, ganan más si estamos fuertes.
    -M...muy bien se...señor Ragmazh.
    -Llámame Rag. Como no tienes de seguro energías por ahora empezaremos el entrenamiento mental... quiero que...
    -¿Por qué me ayudas? – Imashen comenzaba a sospechar después del acto de violencia en su brazo, el cual se lo dejó completamente inutilizado por los momentos.
    -Vi lo que puedes hacer... vi el resplandor. No escuché ningún hechizo, lo hicisteis por mera voluntad. Dos veces. Si algo puede sacarme de aquí es ayuda más allá de mis habilidades de lucha. Pero no lograré nada si mueres en tu primer combate. La única forma que tenemos de escapar es cuando combatamos juntos. La única – Y aunque Imashen no pudo observarlo, Ragmazh sonrió en esa monstruosa boca suya – Hiciste caso a mis sugerencias. Con dolor se aprende Ima.
    -Ya... muy bien.
    -Esa luz... la tendrás que aprender a dominar al máximo. Necesitaremos...- Imashen le cortó.
    -Querrás decir “necesitaré”. ¿No? –Preguntó el joven escéptico.
    -No, dije “NE-CE-SI-TA-RE-MOS”- El joven se impresionó por la sinceridad frontal de Ragmazh- ...cualquier ayuda contra los Magos Rojos.
    -¿Magos Rojos?
    -En otra ocasión. Primero arrodíllate y pon la columna derecha, cierra los ojos y no pienses en nada.
    El joven acató todas las órdenes.
    -No pienses en ninguna mierda, exceptuando ese fulgor azul. No creo que hoy logres controlarlo, ni siquiera lo espero. Sin embargo quiero que al menos sepas que es...
    Varios minutos. Nada.
    -No puedo - Se decía el joven.
    -Con un carajo, olvida esa mierda. Si te tienen aquí es por un hecho. Puedes matar, y de manera espectacular. Si te pusieron al lado de mi jodida celda es que montarás un espectáculo. Olvida esas jodidas pendejas sobre no poder. Puedes, solo concéntrate. Esto también sirve para despejarte. Si quieres esquivar y atacar debes tener claro una cosa. Matas o mueres, “vives para matar y matas para vivir” no hay verdad más cierta aquí. Cada golpe debe generar una ventaja, cada contraataque debe generar dos. Esquivar le quitará ventaja al enemigo. Esto lo debes abrazar con toda tu alma y conciencia. Se una bestia, se un demonio. Aliméntate de la vida de los demás y báñate en su sangre, pequeño.
    Las verdades eran duras y horribles. Incluso matemáticamente lógicas. Pero era la única manera de sobrevivir. El infierno ya era malo, y eso que no tenía más de un par de horas en su celda.
    -Matar...
    Las horas pasaron mientras Imashen se concentraba en estas verdades, debía matar para vivir y vivir para matar...
    Tendría que matar.


    ***


    Imashen no sabía cuanto tiempo había pasado. Empezó su entrenamiento físico mucho antes de que le dieran de comer., de alguna extraña manera su cuerpo se había recuperado parcialmente, incluso su pierna se había cicatrizado. Comenzó con unas cuantas flexiones, abdominales y saltos. Con un poco de meditación se enserió. Rag le contaba historias violentas y maniobras increíbles mientras el meditaba y se alejaba de su celda, hacia violentos combates de vida y muerte. Terrenos de batalla donde escuadrones orcos pillaban y masacraban a su paso pequeños pueblos humanos y élficos. De todos los ejércitos que Ragmazh se había enfrentado fue el enano el que tuvo más alabanzas de parte del sanguinario orco.
    Combinado con esto un tiempo después Ragmazh obligó a Ima a que golpeara la pared. Le daría un poco de carácter. Imashen se rompió las manos más de una vez, sin embargo se recuperó al poco tiempo. La mente de Ragmazh se formulaba muchas interrogantes de la milagrosa curación de Ima.
    Imashen al principió lloró más de una vez. Pero luego de romperse un par de veces las manos y escuchar los viles relatos sobre violaciones de Ragmazh, Imashen comenzó a endurecerse.
    Un guerrero humano entrenado por un orco.



    ***

    El asesino atacó con sus dagas gemelas, una en su mano izquierda y otra en un guantelete lleno de púas con la daga amarrada con cuerdas de cuero. Junto a sus armas y movimientos ágiles como gato el asesino era un enemigo formidable. Zig, zag, zig, zag, zag era el ritmo de sus ataques. Daga izquierda en finta, daga derecha corta, daga izquierda hace una finta menos inofensiva y la mano derecha intenta dos apuñaladas. Pero Imashen fue rápido. La finta lo había engañado, la daga se había lanzado hacia su cuello. Algo que Imashen trató de evitar a cualquier cosa, girando de lado y dando un saltito hacia atrás. ¡Pero la daga derecha le corto el pecho...! Sin embargo la cota de malla estaba ahí en su bíceps y protegió su cuerpo de manera espectacular. El asesino se agazapó y girando en trescientos sesenta grados intentó un corte a las piernas. Guiado por puro instinto y miedo, Imashen cogió la daga junto a la mano izquierda de su contrincante con su guante de cota de malla. Luego el asesino apuñaló el abdomen del joven, sin embargo él soltó su mano y se giró esquivando la primera apuñalada, luego saltó hacia atrás, sintiendo la punta de la daga rozar su armadura.
    Mientras esquivaba más ataques Imashen se repetía las verdades de Ragmazh. “Vivir para matar, matar para vivir”. Junto al lema Imashen contaba cada desventaja que se le sumaban a su contrincante.
    Llevaban unos cinco minutos en esta rutina de ataques y evasiones. Imashen se estaba agotando, el sudor corría su cara y cuerpo embutido en cota de malla de cobre. Tenía en su mano izquierda una pesada espada de dos manos, de algún modo Imashen se sintió seguro con esa arma.
    - Es... es rápido- dijo entrecortadamente un agotado Imashen.


    ***



    Unos minutos antes Imashen había sido sacado de su celda por una figura encapuchada, no era alta y no hablaba desde su manto oscuro. Ya en la armería, el joven guerrero había escogido una cota de malla que cubría desde los hombros hasta su abdomen y luego protegía sus piernas con un faldón de malla. De arma Imashen cogió una pesada espada de dos manos de una calidad bien pobre. Con la pesada espada en sus manos todavía un poco débiles, Imashen recordó unos cuantos movimientos. Este tipo de arma era utilizada por él.
    Mientras se desvestía de su ropa mugrienta, y con la luz del día que atormentaba sus ojos que solo habían visto oscuridad desde su segundo nacimiento, Imashen notó su cuerpo. Su piel era clara con un tono de bronce y con tatuajes de runas negras entrelazadas y conectadas entre si por todo su cuerpo. Mientras salía ya armado Imashen tropezó y calló en el pasillo final, tardaba en acostumbrarse al peso adicional. En el suelo se levanto algo adolorido, justo mientras flexionaba sus brazos observó el reflejo de su rostro en un charco de agua estancada. Primero se fijó en sus ojos verdes grisáceos, asustados e inseguros, reflejando inmadurez y poca preparación ante el reto que venía. Pero luego eso no fue lo que cogió su atención...
    Imashen tenía en su rostro unas runas lineales negras, que nacían en el área de sus ojos y corrían hacia abajo, corrían por el cuello y se unían a las runas de su pecho.
    Parecían lágrimas.
    -¿Qué soy?
    Los gritos de quejas de los espectadores lo distrajo de su trance auto impuesto en busca de respuestas...





    ***

    El asesino de piel morena, greñas largas, y tatuajes rúnicos de color rojo oscuro, era un contrincante rápido y preciso. Al principio Imashen intentó razonar con el, ya que Ima con solo verlo supo que era rashemí. Sin embargo este rashemí no respondía a ningún estimulo.
    Sus ojos eran vacíos y sin pupila aparente.
    Atacó de nuevo, moviendo sus dagas con frenesí demencial. Esta vez sin fintas.
    Zig, zag, zig, zig, zig, zag, zig, zag, zag, zig, zag, zig, ¡ZAG...!
    El hombro izquierdo de Imashen había sido apuñalado por la daga llena de muescas dentadas y las púas del guantelete. Por segunda vez Imashen sintió su caliente sangre manar a raudales. Un grito de violento éxtasis fue la respuesta del público.
    ¡Pero como el asesino no respondía a estímulos, siguió atacando a esa velocidad demencial! ¡Parecía que sus músculos no se agotaban! ZIG, ZAG, ZAG, ZIG, zig, zag, zag, zig, zig... ¡FRSHGHS!
    Un corte en su mejilla, una apuñalada en su costado seguido por otra apuñalada, un profundo corte en su frente... con todo esto Imashen se recuperó guiado por instinto y furia. Con ojos inyectados en sangre y movimientos más rápidos a pesar de sus heridas, el joven guerrero esquivó los demás ataques girando sobre sus pies y moviéndose. La última apuñalada fallida fue respondida por un potente giro y un brazo rebanado por un corte vertical descendente.
    No hubo respuesta ni aceleración negativa en el frenesí...
    Con su cara empapada de la sangre que manaba de su frente junto con la sangre que le salpicó cuando corto ese brazo... Imashen parecía un verdadero demonio con todo ese liquido vital en su rostro, con sus ojos verdes inyectados se sangre y tatuajes como lágrimas.
    Imashen gritó de furia y saltó hacia delante esquivando los ataques del guantelete. Pero fue golpeado por una nueva presión, su brazo izquierdo simplemente soltó la espada. Ahora los dos disputarían sus fuerzas.
    Imashen cogió la mano envuelta en el guantelete y los dos se acercaron el uno al otro en una prueba de fuerza. El asesino era mucho más fuerte y daba mayor presión que Imashen.
    -¡¿Qué eres?!- preguntó Imashen lleno de furia mientras perdía campo.
    - Hmmm...- fue su respuesta.
    La presión siguió hostigando al joven guerrero. Presionado y abrumado por la fuerza Imashen dio un último empujón, se agachó y dio un tajo semicircular con su pierna izquierda.
    ¡Pafft!
    Fue el sonido del cuerpo caer. Imashen cogió su espada y la preparó para el golpe de gracia...
    ¡Un quejido! ¡Un llanto de dolor!
    ¡No podía ser! El asesino sentía... olvidando el combate, Imashen calló sobre el asesino para verle el rostro.
    -¿Imash...?- preguntó con una voz llena de dolor el rashemí de las greñas. La pupila en sus ojos marrones se agrando a un tamaño normal.
    -¿Me conoces?
    -Cierta... ciertamente...- prosiguió mientras el muñón de brazo izquierdo manaba más y más sangre...- has cambiado mucho. Todo un guerrero eres. Te vi pelear. Habilidad a la mano de la furia. Nunca creí que me superarías alguna vez...-Hubo una convulsión, el cuerpo se resistía a algo.
    -¡Espera! ¡Espera!– gritó Imashen en respuestas a los violentos espasmos – Te curaré... yo –prometió variamente sin pensar a las consecuencias.
    -¡No! trato de aplacar a este demonio. Los magos tratan de ejercer control sobre mí. Quieren hacernos marionetas como Roselah. ¡Mátame! ¡Mátame...! Mátame, te lo suplico, antes de volver a ser otro monstruo. Me costó demasiado ejercer control... no puedo seguir...-Sus ojos cambiaron y dio un quejido de hambre mientras de su boca escurría una pegajosa saliva.
    Pero se controló... el rashemí luchaba contra toda se voluntad, renacida por la valiente manifestación de Imash...
    Los hijos de Rashemen conservarían su honor hasta el final.
    -Mátame... déjame morir con honor... ¡Tienes que hacer que Mystra me acepte mientras todavía soy humano!
    Con expresión sombría Imashen estiró su brazo hasta coger la empuñadura de su espada. Con su mano derecha la colocó en posición en el vientre de su hermano en armas.
    -Moriremos juntos al final...- rezó su hermano. Por un momento creyó ver a las sirvientas de las tres diosas venir, rozando los aires, esperando que su vida se esfumara de su cuerpo maltrecho.
    De su boca manó sangre como una cascada mientras su vientre era penetrado por la espada de Imashen.
    Parándose lentamente con lágrimas corriendo por las marcas de su rostro, el joven guerrero cogió el guantelete de su compatriota y lo puso en su mano derecha. Escuchó una puerta abrirse. En el umbral estaba el mago con ojos poderosos. Aplaudiendo como siempre.
    Imashen se preparó para el conjuro de paralización. Cerró sus ojos mientras el público gritaba lleno de perversión.
    Su mente en la mayor calma...
    Imposible. La muerte de su amigo no lo dejaba pensar. Súbitamente su cuerpo se dobló ligeramente y oleadas de cosquillas fue lo que sintió.
    Abrió sus ojos y se sorprendió al ver que seguía de pie. El dolor en su costado y hombro volvió. Cerró sus ojos nuevamente. ¿Era ese el conjuro?
    Otro conjuro intentó apoderare de él. Nada, ¡inclusive el dolor desapareció!
    El mismo conjuro.
    Nada.
    Sus músculos se prensaban.
    Abriendo lentamente sus ojos Imashen notó que todo estaba más claro. Literalmente ya que de sus ojos surgía un brillo azul. Sus músculos parcialmente regenerados por el entrenamiento en la celda se habían curado. Imashen se sentía más fuerte y alto.
    El mundo podría ser suyo con solo estirar su mano...
    Pasó la vista por el público parado de sus asientos y con ojos fijos en Ima. La mirada del rashemí se posó sobre el mago de ojos poderosos. Preocupado estaba el mago que comenzó a mover sus manos.
    Un relámpago surgió de sus palmas y atravesó a Imashen. Hubo una explosión atrás con un espectador muerto. Pero Imashen no sintió nada...
    Dos relámpagos más...
    Después de no sentir nada Imashen se echó a reír desquiciadamente. Poder más allá de sus sueños mas desbocados. De su mano derecha surgió por mera voluntad una poderosa llama azul. Viendo extasiado su fuego mágico Imashen carcajeó más con una sonrisa demencial de oreja a oreja.
    Por primera vez después de la adrenalina... este debilucho se sentía poderoso...
    Varios guardias saltaron de las gradas con sus picas en alto y se lanzaron hacia él para atraparlo.
    -“Después de la primera victima... todas las demás son más fáciles” Fueron las palabras de Rag, justo antes de que me arrastraran hacia la arena. El segundo murió carbonizado por un azabache que surgió imponente de mi mano derecha. El tercero se acercó rápidamente, para morir por mi espada, empapada de sangre de rashemí. El corte en su pecho fue fulminante. Aunque mis músculos no aumentaron desde la absorción de magia, si fueron curados de la fatiga y el daño por no estar en movimiento mientras permanecía en un estado parecido a la muerte en mi celda. Y el cuarto murió con mi mano en su rostro...”
    Imashen permanecía en el centro gritando lleno de frenesí bestial y primitivo.
    -¡Moriremos juntos al final!




    ***

    Una figura permanecía en la audiencia. La figura encapuchada alzó su mano. Deteniendo al capitán de las fuerzas Zhayinas, traídas aquí debido al disturbio de Imashen.
    -Agmor- dijo la figura con susurros guturales- quiegge vivoh al goven... dégemennl encagame a mí.
    -¡S...si!
    La figura saltó al ver el décimo soldado en la arena caer... se acercó a Imashen por la espalda corriendo silenciosamente. Acercándose mientras Imash gritaba a la audiencia llena de pavor.


    ***

    -¡¿Es que no hay ningún maldito majadero capaz de enfrentarse a Imashen, Dragón Caído?! ¡Son bien machos en núme...!
    Imashen fue mordido en su hombro por la figura encapuchada. La baba goteaba en el y se introducía en su cuerpo, en su sangre. Las garras igualmente ponzoñosas del ser se aferraron a su pecho y clavaron sus unas en el rashemí. Imashen comenzó a dormirse, si no fuera porque el monstruo lo sostenía hubiera caído ya que sus piernas flanquearon completamente. Pero el odio, la furia, el dolor y la magia convirtieron su voluntad en un obelisco de hierro, acero, roca, hueso y sangre. Alzándose nuevamente con ojos llenos de fuego azul.
    -¡No me toques! –dijo el furioso guerrero que colocó su mano en el rostro ensombrecido del ser.
    El ser cayó al suelo aferrando su mano a la máscara de hierro ardiente.
    Imashen reconoció a la caricatura femenina... – ¿Roselah?
    Dando unos pasos Imashen se dispuso a matarle pero una saeta de ballesta se insertó en su pierna derecha.
    -¡Maldición!
    Imashen corrió hacia la puerta de las celdas. El mago de los ojos poderosos estaba ahí. Pero palideció y le dio camino al guerrero en frenesí.
    Corriendo por el pasillo a velocidad vertiginosa Imashen llegó a las celdas. No sin antes coger una gran hacha de la armería.
    -¡Ragmazh! – Imashen puso su mano en la cerradura de la reja y la explotó –nos vamos.
    Rag salió airoso y cogió el hacha.
    -Con mucho gusto... estás herido- Imashen notó su herida en la pierna, el virote había atravesado de largo y yacía insertado. Como sucede con estas heridas normalmente el músculo se paraliza, sin embargo la energía curativa del fuego mágico evitó esto. Imashen arranco la saeta jalando la punta de la munición y terminando de que atravesar el músculo. Después tomó su pierna y la curó milagrosamente.
    Ragmazh sonrió orgulloso.
    -Seguiremos por ahí- el orco apuntó con su dedo hacia el fin del pasillo.
    Con una embestida el monstruoso humanoide derribó la puerta de madera.
    -Aquí arrojan el agua sucia de nuestros desperdicios...- Ragmazh se agachó y cogió la reja que iba al desagüe. Arrancó el hierro dejando un hueco oscuro.
    Saltaron los dos. Con leve luz de los ojos de Imashen y las antorchas de las cloacas. Ragmazh activó el espectro infrarrojo de sus ojos de monstruo.
    -Nos seguirán- apuntó.
    -No del todo- agregó Imash que extendiendo sus manos y lanzando toda su magia almacenada y haciendo escombros la salida de las cloacas.
    -Hay muchas salidas del aquí... nos esperarán con fuerzas de sobra.
    -Nos las arreglaremos Rag, después de todo tu eres el invencible...
    -¡En marcha!

  6. #6
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Un escape, agua sucia y alquimistas
    III







    Llevaban poco más que una hora en ese ducto sucio y apestoso. El fuerte olor más la clara visibilidad de parásitos en el agua le revolvía el estomago a nuestros dos héroes.
    Pero si lo comparas a prisión, era bastante agradable.
    Caminaron por un par de horas sin encontrar más que insectos, mal olores y oscuridad.
    Ragmazh guiaba camino con su visión infrarroja, mientras un cansado Imashen le seguía arrastrando su espada.
    -Qué frió...-titiritaba Imashen mientras caminaba...
    La razón era que la magia había abandonado su cuerpo. Su fortaleza mientras era portador del poder era increíble, versátil, y creciente. Su cuerpo se había fortalecido y recuperado. Su voluntad había crecido a niveles épicos... ¡incluso se resistió al veneno de un necrófago!
    Pero ahora estaba débil.
    Sin embargo guerrero como era no se detendría.
    Con la cabeza gacha Imashen preguntó.
    -¿Qué haremos ahora?
    Ragmazh se detuvo, tenía su gran hacha en su hombro derecho.
    - Buena pregunta... La verdad es que nos esperarán en las salidas, tendremos que luchar contra hordas impensables y vagaremos heridos por la tierra salvaje...
    -Suena bien... –dijo un sarcástico Imashen.
    -Por mí no hay problema, pero no se si tu puedas sobrevivir. Incluso si sobrevives al combate estarás herido. Luego nos seguirán, y estaremos demasiados cansados para escondernos de manera efectiva.
    -Fantástico...
    -Moriremos libres sin embargo.
    -Eso si suena perfecto –esta vez sin sarcasmo alguno - ¿Qué nos espera al final?
    -¿Eres un rashemí no? Mystra es vuestra diosa.
    -¿Mystra?
    -Olvídalo... por lo que a mi respecta, me espera el Nishek.
    -¿Nishek?
    -El hogar de nuestro padre... un lugar donde pelearé cada noche en un conflicto eterno. Solo para levantarme de nuevo en el próximo anochecer. Todo para que la tribu victoriosa después de mil batallas gane el favor absoluto del padre.
    Caminaron en silencio por unos minutos, el ambiente era ahora más soportable y como no había peligro alguno, decidieron continuar charlando.
    -Lo hicisteis muy bien chico, yo creía que tendríamos que escapar en la oportunidad en que peleásemos juntos.
    -Se presentó la oportunidad, de hecho salí airoso por este “don” que tengo...
    -No son conjuros eso es seguro. Es el poder de tu alma...
    -No estoy seguro... simplemente ya no puedo hacerlo... y me siento débil.
    -Bah... aprovechamos para descansar en este pasaje... no pienso detenerme ni permanecer aquí un minuto de sobra...
    -¡Ragmazh!
    -¿Qu...?
    -Hay algo aquí... siento... lo veo. Manchas azules por...-Imashen giró y apunto sus dedos señalando hacia los muros- ¿Uno a la izquierda... otro a la derecha y uno por arriba?
    -¿Qué mierda hablas? No estoy de ánimos para...
    Un gran estruendo estalló en las cloacas. Las paredes de piedra comenzaron a ceder y se abrieron negros hoyos de oscuridad.
    Uno a la izquierda, otro a la derecha y uno arriba. De ellos atravesaron tres figuras encapuchadas con túnicas rojas.
    Tres alquimistas dispuestos a matar al invencible y a capturar al portador del fuego mágico.
    -¡Gruumsh salvador nuestro, guía mi hacha!
    Tres conjuros y Ragmazh fue atacado por tres pilares de roca. Lo golpearon y se rompieron en su cuerpo. Sin efecto alguno.
    -¡Se necesitarán más que rocas para detenerme!
    Sin embargo su amenaza no podía tomarse en serio... sufría tres moretones en su cuerpo que se hincharon rápidamente y los tres alquimistas estaban fuera de alcance.
    -Muy gracioso invencible Ragmazh... me veo a mi muriendo en tus manos... ¡Nunca!
    El mago de arriba saltó hacia adentro con garras oscuras, recorriendo el techo hasta llegar encima de Imashen y caer a sus espaldas.
    Ragmazh giró su mirada preocupado sin embargo dos gritos de dos alquimista lo obligaron a defenderse.
    -¡Tu pelea es con nosotros! ¡Oh, invencible!
    Los dos magos rojos atacaron con sus garras negras... las garras se extendieron cinco metros cada una y atacaron a Ragmazh.


    ***

    Mientras tanto Imashen miraba a los ojos del alquimista encargado de capturarlo.
    -Moriré antes de volver... intenta todo lo que quieras mago. Pero me reuniré con mis hermanos, ya sea en mi hogar o en el más allá.
    -Reza, vamos reza a la perra de Mystra. Sin embargo nada puedes hacer, Ragmazh puede ver en la oscuridad... pero, ¡tú no puedes ver mis armas!
    Imashen quedó confundido. El veía la figura pobremente iluminada del mago, pero además podía ver claramente dos garras largas y azules en donde terminaban sus brazos.
    El alquimista, creyendo que el rashemí no podía ver sus brazos de oscuridad le atacó. Estaba a tres metros, pero de todas formas sus garras se extendieron hasta Imashen dirigiéndose a su cuello.
    El último campeón, que se contendió contra un guerrero más rápido que un tigre de las nieves lo tuvo fácil para esquivar el par de garras. Dio un veloz paso corto hacia la derecha en el último instante...
    Con la defensa baja por la confianza el mago tardó en retirar sus manos, una de ellas quedó atrapada contra la pared, atravesada por una daga amarrada en un guantelete lleno de púas.
    Gritó de dolor...
    ***



    Ragmazh le tocaba la peor parte. Su arma no estaba equilibrada de buena manera y las garras de sombra eran frías en temperatura, la cual oscilaba los cero grados. Su visión infrarroja solo delataba las posiciones elevadas de los magos. Los alquimistas atacaban cargando conjuros de dolor por medio de hechizo especial. Este choque de energía negativa solo se liberaba cuando sus manos tocaban al adversario. Pero a los magos no les gusta el cuerpo a cuerpo, así que este conjuro solo se guardo para emergencias. Sin embargo los alquimistas de Zhay supieron combinar el choque doloroso con las garras extensibles.
    Los brazos danzaban alrededor del invencible orco y le tocaban cada vez que su defensa bajaba. Ragmazh atacaba con poderosos y rápidos hachazos... pero atacaba solamente a las garras y estas se movían velozmente sin darle oportunidad. Solo golpeaba al invisible y siempre presente aire.
    Pero Ragmazh cambió de estrategia cuando ya había recibido demasiados toques de energía negativa, dando una finta de defensa baja, Rag pudo llamar la atención ofensiva del alquimista izquierdo. Este no lo pensó dos veces y sus garras atacaron. El orco recibió el toque de una garra, pero logró atrapar la otra. El mago titubeó y el orco jaló con su fuerza inhumana. Atrapado entre los brazos del monstruo, murió el alquimista, cuando la babeante boca orca le mordió violentamente el hombro y cuello.





    ***


    -¡Rashemí hijo de perra!- fue el inteligente insulto a la madre de Imashen, que formuló el alquimista.
    El joven guerrero soltó la oscura garra y le sonrió macabramente al mago rojo.
    -¿Cómo pudiste ver mis garras oscuras? ¡Muere!- el mago atacó de nuevo, saltando hacia el agua sucia y atacando con sus carras en un arco mortal. Imashen captaba cada retazo de información sobre su dotada condición. Supuestamente pensaba él, las garras eran de oscuridad absoluta. Sin embargo Imashen podía ver perfectamente las garras rodeadas de un aura azul celeste.
    Imashen ignoró la mano herida y en un acto de puro reflejo planeó su ataque. Colocó su espada a su lado y preparó su otro brazo para recibir el golpe. La garra intacta chocó contra la espada y se rebanó en el golpe ciego de rabia del alquimista. La garra herida chocó contra las piernas de Imashen y le jaló.
    El dolor rompió el conjuro e Imashen cayó en el agua sucia. Los brazos del alquimista volvieron a la normalidad. Uno rebanado y otro con un hueco en la palma. Con lágrimas en los ojos, el alquimista que no era más adulto que Imashen musitó un nuevo conjuro y un relámpago se cernió de su palma hasta el guerrero, completamente ignorando las órdenes de captura.



    ***

    -Parece que la muerte de Ragmazh queda en mis manos...- el alquimista comenzó a mover sus manos y gritó palabras de poder. Su aprendiz estaba muerto y en el recaía la responsabilidad de la misión. Una bola de fuego fue conjurada entre sus manos y se preparó a arrojarla al orco para enterrarlo vivo en fuego y piedra...
    La roca le impacto la cara y murió.


    ***


    -¿Por qué no mueres? – otro relámpago.
    Nada.
    Imashen extendió su mano guiado por un presentimiento y el azabache se tragó al cuerpo del aprendiz de mago rojo.
    El alquimista se arrojó a las aguas sucias pero el fuego solo se menguó en parte. Las llamas seguían sobre su cuerpo. Mordiendo. Alimentándose.
    Al poco rato la vida lo abandonó.
    -He matado ya a once... –pero una explosión capto su atención y corrió hacia Rag.
    -¡Ja! No te preocupes. Unos meros magos no pueden contra mí –le contó el orco mientras los dos contemplaban los escombros de roca que se habían cernido sobre el muerto alquimista cuando su bola de fuego fue interrumpida por su muerte. Siguieron su camino.

  7. #7
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Aberración oscura y el desenfreno Rashemí
    IV






    A pesar de ser impactado por tres pilares de roca en el pecho y haber recibido oleadas de energía negativa... Ragmazh seguía caminando con orgullo. En cuanto a Ima, este estaba completamente recuperado. La magia en su cuerpo fluía por sus venas, revitalizándolo completamente. Dándole un tierno calor.
    -No debemos preocuparnos- aclaró Ragmazh- a pasado tiempo desde que combatimos a los alquimistas. De seguro trabajaban por su cuenta. De seguro se enteraron de nuestro escape y pensaron que subirían varios escalones si nos capturaban...
    Imashen no dijo nada.
    -Matasteis a otro...
    -Fue fácil, cada vez es más. Temo que un día mate sin darme cuenta.
    -Un guerrero mata cuando debe. Recuérdalo.
    -Y un orco me dice esto...
    -Ja, ja. Tú deberías saber ya que yo no soy mero orco, Ima. Los orcos que tú conoces son iguales a los salteadores humanos que moran en los caminos infestados de mercaderes, mi raza y ellos son diferentes, no deberían considerarse orcos. Nosotros somos superiores. Aprendí a vivir con el código del verdadero guerrero, absorbí todo el conocimiento del padre. Me volví fuerte, defendía mi pueblo... aprendí sobre el honor y el deber. Y ahora mismo mi deber mora en mis tierras, en mi patria. Me llama en sueños. Rogándome que vuelva...
    “En mis sesenta años de edad nunca me he rendido. No importan las veces que triunfes, sino las veces que te levantes. Mi cuerpo ha recibido heridas, he sido azotado por oleadas de dolor. Pero siempre me levanto. No soy un paladín. Soy un orco. Por lo tanto lucho por el honor de mi raza. Por el orgullo de demostrar nuestra valía. Nunca habrá paz entre nuestras razas, Ima. El conflicto vivirá por siempre, así debe de ser. Si no, ¿Cómo probaremos entonces nuestra valía a los ancestros? No importa cuanto el guerrero luche por la paz. Siempre habrá conflicto. Nuestro deber es proteger al débil de corazón, proteger a los que compartan la fe. Predicar nuestras creencias.
    -¿Y en qué creemos?
    -En poder. En creer que podemos. Si alguna vez estás en problemas, solo di: “Yo creo”.
    -...
    Los dos siguieron caminando. Fuerte y orgullosos nadie los detendría. Cada uno con sus armas en mano, dispuestos a luchar hasta el último aliento. Nada les detendría.
    Si escapaban serían libres, si morían: igual.
    La oscuridad se hacía más fuerte por esta zona. Las antorchas desaparecían, las únicas zonas iluminadas eran las que tenían salidas donde entraba el agua de las calles. No era suficiente, pero Ragmazh disponía visión nocturna. Imashen por otra parte tuvo que agudizar al máximo sus oídos, para escuchar los pasos de Ragmazh y cualquier amenaza que se aproximara.
    Imashen y Ragmazh tropezaron varias veces. Esta oscura zona estaba llena de huesos, desperdicios y animales carroñeros.
    -Los huesos son grandes... ¿de personas?- preguntó Ima, mientras examinaba un par de costillas a ciegas.
    -Lo más seguro... pero no veo nada. Solo a los animales y parásitos...
    -¿Has visto más alimañas que antes?
    -Sí. Hay más que en otras zonas. No te preocupes, podré observar si hay más. La oscuridad no me afecta.
    -Ya, pero conmigo es diferente. ¿Oh, lo habrás olvidado? Yo no tengo ningún medio para ver a mis enemigos.... mis ojos no sirven en la oscuridad.
    -¿Quien te dijo acaso que necesitas ojos para luchar? Tienes otros sentidos, ¿lo sabías?
    -¿Y me lo dice un orco que puede ver en la oscuridad? No es justo, incluso tu oído y olfato son mejores que los míos.
    -Ja. ¿Por qué crees eso? Cuando combatí a los dos alquimistas no podía ver sus brazos. Eran helados, completamente negros para mí. Tuve que confiar en mis instintos y sentidos para poder contraatacar. Y eso después de haber sufrido gran cantidad de daño.
    -Ya.
    No se dijo más nada y los dos continuaron. Imashen quería probar sus enseñanzas. Se concentró en los pasos, el leve sonido del agua al caer, los chillidos de las ratas. Pero luego vio algo.
    Luz, luz azul. Emanando de un túnel en el lado izquierdo del oscuro alcantarillado.
    Imashen se detuvo al instante, Ragmazh también.
    -¿Qué ocurre? –preguntó Rag.
    -Hay algo ahí. Una luz azul. ¿No lo ves?- Imashen volvió a buscar más información sobre su extraña condición visual.
    -¿De que hablas?
    -Olvídalo, ¿hay más alimañas por aquí?
    -Sí. Muchas más.
    -Hm...
    -¿Qué ocurre?
    -No es una luz fuerte. Solo veo un poco. Hay algo o alguien ahí dentro. Tal vez el responsable de todos estos desperdicios. Tal vez...
    “Tal vez, este ser cace. Se alimente de habitantes de las calles. Si es así, entonces tal vez podamos salir de otra manera. Podríamos así sorprender a nuestros perseguidores. Incluso eludirlos. ¿Qué me dices?
    -Vale la pena... muy bien, tú atrás mientras yo te guío.
    Se desviaron y recorrieron este estrecho túnel escavado, caminando en una oscuridad aún peor, llena de huesos y olor a podredumbre a los cánones mas altos. El olor era infeccioso. Moscas, ratas, gusanos. Todos ellos recorrían las paredes y pisos, llenos de cadáveres. El túnel brillaba en un fuerte espectro azul
    -Esta peor aquí. El túnel parece escavado. No creo que sea parte de las cañerías de Eltabbar.
    -Ahí, una figura. Azul.
    -Ya lo veo... es pequeña. Parece en reposo...- justo cuando Ragmazh se acercaba más escuchó un zumbido en sus finos oídos. Miles de parásitos e insectos se arrastraron hacía la figura. Ragmazh podía observar las cientos de luces rojas acumulándose. Imashen fue el que se puso a la defensiva más rápido. Creía que eran los muros que brillaban de azul, pero la verdad eran los millones de insectos que rondaban allí.
    La figura comenzó a levantarse. Lentamente. Era delgada y pequeña de estatura, más que Imashen que solo medía un escaso metro y setenta y cinco. Un viejo puerco y sucio... con cientos, no miles de insectos recorriendo dentro y fuera de su cuerpo delgado y frágil
    El grito llegó a sus mentes y la figura pregunto: “¿Quién anda?”
    Ninguno respondió, confusos cogieron sus armas y se prepararon para cualquier cosa.
    “Hambre, orco”
    Ragmazh se convulsionó ahí parado. Sus huesos tronaron y voló violentamente hacia las paredes el suelo y luego de vuelta a cañería.
    -¡Ragmazh! –Imashen se giró a la figura y se preparó para recibir el conjuro.
    La fuerza agresora fue absorbida inmediatamente, Imashen el guerrero rashemí la sintió recorrer todo su cuerpo. Sus ojos explotaron momentáneamente en fuego azul.
    “Imposible”
    Imashen no sabía que hacer, se quedó paralizado, esperando saber algo de su oponente que le diera una estrategia ganadora. Escuchó la letanía de un hechizo. Se preparó para recibirlo, sin embargo no tuvo el efecto deseado.
    Del abdomen de la figura surgió una gran serpiente, de varios metros de largo como un tronco de árbol, pero sin lugar a dudas completamente flexible. La criatura abdominal atacó a una velocidad más allá del ojo de mero hombre.
    Sin embargo, Imashen no era mero hombre.
    -¡Mierda! – exclamó mientras su espada era mordida por la serpiente, si no hubiera sido por sus reflejos sería ahora su torso lo que estaría en las fauces de la bestia nacida de conjuro.
    La serpiente jalaba la espada intentando quitársela al joven guerrero, su fuerza era asombrosa y levantó a Imashen del suelo. Pero al no poder quitarle la espada lo soltó y le embistió con todo su peso.
    Imashen cayó varios metros, cerca de Ragmazh.
    “Es fácil, después que entiendes que el portador del fuego mágico absorbe toda emanación dirigida hacia el, pero no absorbe los conjuros que no lo afectan directamente”.
    La serpiente amenazaba a los dos guerreros, ahora de pie... a medias ya que el golpe contra el muro de piedra provocó que sus piernas temblasen.
    El mago dentro de su morada preparó otro par de conjuros. Este viejo alquimista no conocía límites en cuanto a deformación propia se refería. Ahí dentro se preparó de la más vil manera.
    El alquimista surgió del negro túnel. Estaba alzado en el aire, a varios metros del suelo, debido a las cuatro patas de insecto que nacían en su espalda. Sus brazos eran largos y negros de un frío fortísimo, su lengua era una serpiente de menor tamaño que la de su vientre, sus ojos estaban salidos de sus cuencas y flotaban fuera de ellas orbitando alrededor de su cabeza vieja y sucia.
    -Sálvanos...-susurró Ragmazh al contemplar el poder de la figura, la depravación de su mente. La serpiente le atacó, fue más rápida esta vez. El viejo orco no pudo hacer nada más que resistir la mordida en su cuerpo. Su hacha se resbaló de sus manos. Fue elevado del nivel del suelo y sacudido en el aire mientras que sus manos se aferraban de las fauces.
    “Muere” dijo mentalmente el mago mientras su serpiente abdominal mordía con más fuerzas. Ragmazh se resistió a morir y el mago se enfureció. La serpiente lo estrelló contra el muro de un camino en forma de “T” al final del ducto.
    Entre la serpiente y la pared Ragmazh se batía. La bestia mordía y mordía. El veneno se introducía dentro del orco a raudales impensables, varios litros de veneno inmundo, e infecciones debido a la suciedad del ambiente. Las fuerzas se le iban pero seguía resistiendo, tratando de evitar con todo lo que podía que la mandíbula no se cerrara completamente.
    “Dale un par de minutos”
    Imashen quedó horrorizado mientras veía la inútil lucha de su mentor por sobrevivir.
    “Nunca debieron haber venido”
    El mago atacó con su par de garras, sus patas de insecto afiladas como picas de acero y su lengua. Imashen podía ver todo sus ataques en ese espectro azul en su visión. Las dos garras atacaron primero, con tal fuerza que agrietaron el muro de piedra cuando fallaron su blanco. Imashen se disponía a ganar terreno cuando la pata de insecto bloqueó su camino.
    “No escapas”
    El guerrero esquivó la serpiente que intentó morderle el rostro, sin embargo esta se enrolló en su pierna derecha y le mordió. Sin efecto alguno, los dientes de la pequeña serpiente no atravesaron la cota de malla.
    “Suerte” atacó de nuevo con sus garras, esta vez con mejor efecto ya que Imashen no pudo esquivar con su pierna derecha inmovilizada.
    La energía negativa atacó su cuerpo. Oleadas de fatiga se cernían sobre él. Drenando fuerzas y esperanzas. Las garras se clavaron profundas en su piel, aunque el cobre de las anillas y el cuero acolchonado redujeron bastante el impacto.
    Imashen gritó de dolor.
    “Aliméntame” dijo un confiado mago antes de que las llamas azules acariciaran su cuerpo. El joven calló al agua mientras su enemigo era devorado por el fuego mágico. Imashen se levantó pesadamente, sus músculos fallaban. Sus brazos temblaron y cayó de nuevo a la putrefacta agua.
    “¿Eso es todo? No me sorprende viniendo de dos guerreros. Ustedes son poco más que marionetas en nuestras manos. Somos nosotros los verdaderos poderes entre los hombres, somos nosotros los dioses terrestres. Fueron unos estúpidos al molestarme. Serán mi alimento.”
    -Yo creo... yo creo.
    El deformado alquimista volvió a atacar con sus patas de insecto al agua mientras la serpiente abdominal seguías hostigando al orco.
    Pero sorpresa, Imashen respondió girando a un lado y luego a otro para esquivar los ataques, luego se levantó rápidamente con espada en mano, empapado de agua sucia. Él se sentía seguro por los momentos, sabía que el alquimista solo podía atacar con dos de sus patas ya que se sostenía con las otras...
    “¡Muere, muere!”
    Atacó de nuevo, con garras de oscuridad de primero. La primera de frente en una carga ciega. Se estrelló contra el agua, contaminándola más con su toque negativo. La segunda atacó como látigo poderoso, en un barrido horizontal viniendo de la derecha. Imashen se agachó simplemente. Luego las dos patas de insecto en la manera habitual, con un monótonamente rutinario tic, tac. Fallaron su blanco el cual solo las esquivó saltando hacia los lados.
    Tanto mover sus nuevas extremidades estaba agotando al alquimista, luego de haber repetido esto otra vez sin efecto.
    -¿Qué nosotros somos las marionetas? ¿Qué ustedes son los poderosos, los invencibles? ¡NO ME HAGAS REIR! – Gritó el enfurecido Imashen mientras la abominación oscura recobraba el aliento, Ragmazh perdía fuerza, pero la serpiente de igual manera perdía la iniciativa de manera inexorable – Somos nosotros los que entrenamos, somos nosotros los invencibles. ¿Quién si no? Nosotros somos los que combatimos en las guerras, nosotros somos los que sangran. A veces combatimos por causas que no entendemos, además de ser usados en macabros juegos por ustedes. Nosotros somos los que perdemos todo cuando combatimos, no las maricas insignificantes que se quedan en sus torreones desolados. Pero después de todo somos nosotros que obtenemos paraíso, ¡mientras que ustedes se pudren en los nueve infiernos o en alcantarillas llenas de mierda!
    El discurso de Imashen renovó las fuerzas de Ragmazh, llevándose arrastrar por una furia desmesurada, el orco aplicó nuevas energías en su contienda mientras gritaba con voz abismal y gutural “¡YO CREO!” Dejó que le mordieran un poco más para luego dar un golpe de fuerza tal que perforó la cuenca ocular de la serpiente. Decenas de pequeños gusanos comenzaron a salir mientras el invencible orco abría la boca de la víbora de par en par rompiéndole la mandíbula. Luego torció el cuello, matándola. Ragmazh cayó arrodillado mientras apretaba sus músculos y salía algo de veneno de las dos heridas hecha por los colmillos de la bestia. No se rendiría, nunca.
    -¡¿Qué esperas?! ¡Atácame! –Retó Imashen mientras sus ojos se inflamaban de llama azul- ¡YO CREO!
    El mago cargó y atacó con todas sus extremidades, sin embargo Imashen comprendía que tantos miembros eran imposibles de manejar con soltura. El cerebro del mago no podía coordinar bien sus ataques. Lo que era más, Imashen atacaba con un desenfreno de torbellino, moviéndose con gran agilidad y rapidez mientras era atacado con todas esas extremidades. Lo primero era someter a la aberración a su posición. Con fuerzas casi sobrehumanas incitadas por la adrenalina, Imashen dio un poderoso corte cuando la pata delantera izquierda atacó y falló.
    Frsiaag, fue el sonido obtenido, el mago retrocedió e Imashen tomó la iniciativa de nuevo. Con la espada en posición mientras corría y se colocaba en posición, dio un giro fugaz y la espada, que había probado la sangre de un rashemí, rebanó un miembro insectívoro de nuevo.
    Parásitos diminutos salieron de las heridas.
    -¡Yo no temo a hombre y bestia alguna! Intenta de nuevo puta de mierda. A ver si te crees tan omnipotente.
    El mago no podía creerlo, y se lanzó de nuevo. Atacó con sus garras, las cuales fueron esquivadas y luego con su lengua de serpiente, la cual mordió algo.
    Solo fue el guantelete armado de Imashen. Este dio un giro a su brazo para enrollarla le pequeña criatura en el. Colocó su espada en posición, y la corto para bien.
    El alquimista volvió sus manos a su boca, a su lengua amputada. Nunca más volvería a musitar la letanía de ningún conjuro de nuevo. Gritó desesperadamente de forma escalofriante.
    -¡Nuestra espada es nuestro símbolo de poder, nuestro escudo es nuestro libro de conjuros, nuestras armaduras son nuestra sabiduría y nuestras maniobras nuestros hechizos!- extendió su mano izquierda y desencadenó una oleada de fuego mágico que hizo arder al alquimista. Con su cuerpo ardiendo el alquimista retrocedió y puso pies en polvorosa. Sus patas tocaron al oscuro techo y jalaron hacia arriba al alquimista. El desapareció, pero no para los ojos de Imashen. Podía ver al mago escalando por un ducto... ¡un ducto hacia fuera!
    No podía dejarlo escapar, extendió su mano nuevamente y lo hizo arder. Los parásitos se quemaron y los sobrevivientes intentaban salir del cuerpo, sus extremidades de insecto cedieron y se rompieron mientras el mago experimentaba el inminente abrazo de la muerte.


    ***

    El veneno no había afectado al fuerte cuerpo de Ragmazh, sin embargo era atenuante tratar las infecciones. Imashen simplemente utilizó lo último que le quedaba de magia en su interior, y nuevamente curó con energía revitalizadora las infecciones en los dos guerreros. Una carbonizada escalera había sido revelada cuando el mago intentó inútilmente aferrarse a algo mientras caía. Los dos escalaron y salieron al exterior...

  8. #8
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Cazador, una Picasangrienta y un Dragón Caído
    V





    Maruellen, el elfo estaba revisando los cortes en los cuerpos, los cuales se podrían bajo el sol zhayino. Sencillamente un trabajo magnífico era lo que contemplaba. La precisión era envidiable, los cortes fueron certeros y bien ejecutados. Todas las heridas eran mortales. Ragmazh era una fuerza considerable a la cual temer... pero no “invencible” después de todo, sería difícil vencerlo, sin embargo Maruellen tenía una posibilidad.
    Si algo el cazador debía reconocerle a los Magos Rojos de Zhay, era su precaución de no afectar de ninguna manera las evidencias de la lucha. Sin embargo había algo que le inquietaba de sobremanera...
    -En el nombre de Shévarash... – rezó el elfo a la señora de la caza sagrada - ¿de qué manera hizo este orco las quemaduras? - susurró en lengua élfica Maruellen, mientras absorbía todo lo posible los detalles de su presa.
    -¿Señor? - preguntó el soldado a cargo de la guía de Maruellen por la ciudad de Eltabbar. Era un tipo rudo y duro, que ya había pasado la treintena y se había curtido ya en muchos combates.
    -Olvídalo... Si mis oídos no me engañaron, recuerdo haberte escuchado que vuestro superior nos encontraría aquí.
    -Justo aquí señor.
    -Más te vale... mi presa me tiene ventaja, y es imperativo que la empiece a disminuir lo antes posible...
    -¡Señor, sí señor! Buscaré a mi superior de inmediato - el soldado marchó a la puerta con dirección al centro de operaciones improvisado en la armería, no sin antes robarle una sonrisa sarcástica a el cazador cuando musitó un sin fin de maldiciones, las cuales no escaparon a los experimentados oídos del elfo.
    -Humanos de vida corta y esperanzas vacías... – se dijo a si mismo el elfo, racista y soberbio tal cual era.
    La armadura de cuero con tintes marrones y verdes, diseñada para camuflar a este experto cazador élfico, le cubría todo su cuerpo, protegiéndolo de manera eficaz y encima, perfecta para esconderse y no hacer ruido alguno. El cuerpo del elfo era como el de un verdadero aventurero, sin músculos exagerados y con cada uno de ellos ejercitados a la perfección mortal. De una altura de un metro ochenta y cinco, junto con unos exactos sesenta y ocho kilos, hacían a este elfo de pies ligeros, veloz como el antílope y ágil como el lobo. Sus cabellos de color cobrizo, llegaban hasta sus caderas y tenían una que otra trenza en los bordes. El rostro de este mortal asesino era de términos finos y afilados, con unos ojos de color ámbar que detectaban cada movimiento y detalle con la fineza de un águila. La típica capa de los elfos silvanos, de color verde y confeccionada con hojas de roble, descasaba sobre sus hombros. En su espalda yacía su arco de madera negra, de una longitud de metro y medio y con cuerda hecha de cabellos de unicornio. Junto con su carcaj de flechas de la misma madera que el arco (este elfo era muy quisquilloso con este respecto) estaba su mochila, llena de provisiones y equipo de viaje. Para completar el aspecto del experto acechador, estaban en su cinto sus armas de cuerpo a cuerpo, Una espada fina y de una longitud del tamaño de un brazo y una pequeña daga con punta solo un poco más afilada que la nariz del cazador. Además de sus armas, estaba uno que otra daga oculta. En su capa, botas, guantes de cuero y ropa interior.
    Ahora bien, la cacería había empezado en todo su apogeo, el día que sus parientes medio elfos le habían informado que se ofrecía una recompensa por Ragmazh Picasangrienta. Ragmazh, un líder orco de importancia inestimable, había sido en otro tiempo la causa de la muerte de los padres de Maruellen.
    Sus dos padres, hábiles cazadores por derecho propio, habían iniciado una contra ofensiva hacía la banda de Ragmazh. La victoria fue alcanzada para la elite élfica, sin embargo a un alto coste. Los lugartenientes, los padres de Maruellen fueron asesinados por el líder orco.
    Lo que más lo mortificaba del asunto fue el hecho de lo extremadamente largo de la cacería. El asesinato de sus padres había ocurrido, hace varias décadas en El Norte, no en el Este Inaccesible. Donde ahora se encontraban juntos el cazador y la presa. ¿Sabía Ragmazh de Maruellen? ¿Era acaso que el asesino de sus padres era un cobarde, y ambos murieron masacrados por algo un poco más que un gusano? Por un lado el elfo esperaba un sí y un no. Si Ragmazh era un guerrero curtido, eso significaba que el propio Maruellen no tenía posibilidades algunas, al menos claro que usara turcos sucios. Y en el opuesto, si Ragmazh fue un cobarde, eso significaba que sus padres cayeron en una trampa y murieron de manera patética e inútil, dejándolo sólo tantos años...
    Ninguna de estas conclusiones le atraía. Aunque claro, no le importaba jugar sucio, si con eso se encargaba del asesino de sus padres.
    Y mientras más examinaba los cortes en los cuerpos, más claro se hacía que Ragmazh era bueno, muy bueno.
    -Impresionante, ¿no es así? –dijo el mago de los ojos poderosos. Había llegado en ese instante, con su túnica rojo sangre con arreglos de oro. Lo sostenía su bastón de madera chamuscada con un cráneo demoníaco de plata en la punta superior, con ojos de rubí.
    -Ya era hora de que aparecieras... –Maruellen no se impresionó en lo absoluto, estaba sumido en sus interrogantes, sí, pero sin embargo se había percatado de la presencia del mago hace rato. Nada podía sorprenderlo - he de admitirlo, aunque no me guste. Es impresionante...
    -Solo hay un pequeño problema, eso no lo ha hecho Ragmazh, el Invencible...
    -¡¿Qué?! – tal vez fue la mención de la palabra “Invencible” lo que le sobresaltó. Tal vez fue que sus padres no resultasen ser unos débiles después de todo. De todas maneras, el elfo se levantó al segundo y apretó las ropas del mago en busca de respuestas. Su velocidad fue alucinante.
    -La firma de Ragmazh, esta por allí- dijo tranquilamente el mago. O eso pensaba, ya que por un segundo se asustó por la velocidad del elfo. Solo un segundo era necesario para desordenar los pensamientos de un mago. Intentando con todas sus fuerzas vender un porte calmado, le indicó con su dedo casi esquelético, la pila de cadáveres recién traídos de un lugar que no se le mencionó a el elfo. Era los cadáveres de los centuriones que participaron hace unos días en combate contra el fiero orco.
    -No puede ser cierto...- rezó el cazador mientras examinaba los putrefactos cadáveres. Estaban en descomposición, pero para este hábil rastreador, las causas de sus muertes eran increíblemente obvias. Los cortes eran aun más perfectos que los anteriores. Si Maruellen antes pensaba que lo tenía difícil, ahora pensaba que sería imposible.
    Ragmazh parecía invencible después de todo. Pero no todo se veía mal, eso significaba que sus padres habían muerto en batalla contra lo tenía la pinta de ser el avatar de Gruumsh en Toril.
    -Llévame a su celda, al lugar de su escape... rápido – Maruellen no quería seguir perdiendo el tiempo. La adrenalina fluía por todo su cuerpo como un río desbocado, precipitándose hacia el fin del camino.


    ***


    -Las sorpresas no acaban, ustedes los humanos en verdad son estúpidos... capaces de conjurar una bestia de los planos inferiores, al igual de lo capaces que son de introducir a un portador del fuego mágico en una jaula encantada – se mofó Maruellen mientras examinaba sus libros de texto y las paredes de la celda, mejoradas alquímicamente y potenciadas por conjuros. Al igual que sus hermanos hijos de Corelon, Maruellen podía ver el espectro mágico que manaba de las, invisibles a ojos humanos, runas mágicas en las paredes hechas de roca y arcilla mágica.
    Como siempre, su defensa estaba a tope. Cubría todo su cuerpo con su manto verde... es decir negro. De alguna manera había cambiado de color dentro de las celdas. Pero lo importante era, que bajo ese manto estaban sus dagas ocultas. Siempre a la espera de un nuevo alimento.
    -Hablas mucho para ser un nomágico – replicó enfadado el mago de los ojos poderosos.
    -Los magos rojos son todos iguales... –respondió de manera tranquila y con tono burlón el cazador - tan embriagados por las promesas de la magia, que se olvidan que no son los únicos seres en todo Toril que la practican. Mis ancestros fueron verdaderamente amables al enseñarles nuestros secretos. Deberías estar ahora mismo adulándome de la manera más descarada. Ya les hago un inmenso favor con esta caza, para que no tengan buenos modales en mi presencia.
    -Tú jodido arrogante de mier...
    -Y las groserías y malos hábitos siguen agregándose a mi lista... ¿Qué sigue? ¿Acaso hurgarás al difunto en tus pantalones en mi presencia?
    -Insolente, no he vivido siete décadas para que me insultasen de esa manera...
    -¡Pero si apenas eres un pequeño niño! Pequeño insolente, yo ya he vivido doce décadas –mintió Maruellen. Esa no era su edad, pero nunca perdía la oportunidad de burlarse de un anciano - Les hacía apasionadamente el amor a mis amantes mientras tú eras concebido. ¿Quién sabe? Tal vez tu eres mi hijo... nah, eres demasiado feo para ser semilla mía. Incluso es más, aprendía los secretos del Arte mientras tú andabas de gatas.
    -¡Suficiente!- furioso e imprudente, el mago se proponía a lanzar un conjuro. Aunque el no lo sabía, Maruellen sacaba una daga de su manto, dispuesto a atravesar el cuello del mago.
    -¡Paren ustedes dos!- la espada de la mujer se interpuso entre los dos contendientes Era una hoja negra y afilada, de gran tamaño y por todos los indicios impensable para la pequeña mujer, la cual trabajaba como de la guardaespaldas del mago. Maruellen le dio un vistazo, un cuerpo esbelto, de casi un metro setenta, con una armadura un poco erótica, pero para ojo calculador del elfo era más protectiva y segura para lo impractica que se veía, tenía un poderoso encantamiento eso era seguro. Y para el mundo de viejos verdes que era el de los magos, seguro que era casi tan útil en la vida social como en el combate. Su cabeza era calva con los típicos tatuajes y runas zhayinos por su rostro y cuerpo. Las cejas también estaban depiladas. Y su piel tenía un ligero tono palidezco. Como le sucedía a Maruellen con todos los humanos, la mujer guerrera le daba asco. Solo pensar en tener que ver su cuerpo semidesnudo le repugnaba.
    -¿Y se supone que tu eres...? –dijo el elfo asqueado de tener que soportar el olor de las celdas y tener dos humanos cerca en una habitación tan pequeña.
    -Eshig, campeona de Zhay. – dijo mientras retiraba la negra y gran espada, de seguro tenía un encantamiento de fuerza. Eran tan increíblemente obvios los conjuros utilizados por estos humanos...
    -Ya, pues ve a donde te llamen, porque yo no...
    -Soy la capitana de las fuerzas que están apostadas en las salidas de la ciudad y sus alrededores. Es obligación tuya guiarnos a nuestras presas.
    -Un momento. Creí que lo haría solo, no quiero una partida de simios siguiéndome a cada paso. Trabajo solo, Ragmazh es mió.
    -Es mí deber interrumpir, pero tienes dos presas: El orco y el chico.
    -¿El portador del fuego mágico? Creí que solo cazaría a Ragmazh, no es de mi interés nadie más. Jódanse – su tono de voz comenzaba a salirse de los cánones de la etiqueta élfica, mientras más y más los zhayinos le tocaban su nervio.
    -Vaya, pero si el arrogante elfo se está saliendo de control – exclamó regocijado el mago.
    -No voy a cazar a un chico, no es mi presa. Ragmazh, Ragmazh es el que debe morir.
    -No te preocupes – intervino Eshig – Nosotros solo queremos al chico... Ragmazh será todo tuyo y no intervendremos.
    -Aún así, ustedes serán un estorbo...
    -Te lo tendrás que aguantar, después de todo no tienes opción.
    -Ya veo... muy bien... díganme todo sobre la misión – sus ojos se posaron al vacío, mientras dividía su atención. Una parte a las palabras de Eshig, la otra para meditar sobre toda las fuerzas involucradas en este asunto, el cual ya se estaba saliendo de su control.
    -El joven es un portador del fuego mágico, como sabrás... – el mago fue interrumpido, por Maruellen en otro despliegue de arrogancia racial.
    -Sí, un portador del fuego mágico, que encierran en una jaula mejorada con alquimia. Cualquier ser con dos dedos de frente sabría que un portador del fuego mágico absorbe la magia al su alrededor. Se fortaleció gracias a las runas encantadas en los muros. Más sin pones en la mezcla que intentaron capturarlo utilizando conjuros. Y para completar no es cualquier portador, ya que todos los registros cuentan que los manipuladores de la llama de Mystra descubrieron sus dones en temprana pubertad y se dedicaron a ellos exclusivamente. Pero los cortes son casi perfectos, obra de un practicante de la esgrima. Así que además de ser un portador es un espadachín. Díganme, ¿cómo es que esto es posible?
    Maruellen había ya atado todos los cabos sueltos por si solo...
    -No te atrevas a... – intento balbucear el mago, sin embargo fue interrumpido por su guardaespaldas, Eshig. A pesar de ser un poderoso maestro del Arte, la gente le interrumpía muy a menudo, era casi un deporte.
    -El joven es un experimento, al igual que los orcos con sangre demoníaca en sus venas. El objetivo era obtener a un portador del fuego mágico en nuestras filas. Como es sabido, todos los portadores nacen bajo la bendición de Mystra y son cuidados bajo el ojo vigilante de sus elegidos a toda hora.
    -Como Shandril Shessair...
    -Correcto – aprobó Eshig.
    -¿Cómo es posible crear a un portador?
    -Los rashemies son un pueblo con sangre mágica, que rinden culto a sus ancestros. Sin embargo, ellos fueron en otro tiempo, hábiles mágicos. Su imperio era grande pero al final fue sometido bajo el yugo del demonio Eltab, señor del abismo oculto. Eltab, gobernó Raumathar por siglos, tiempo suficiente para que la sangre de los rashemies se uniera a la de los demonios. Creando en estos casos algunos portadores de un fuego, sin embargo no el fuego mágico.
    -Todo ese poder y ni siquiera lo usan...- agregó el mago.
    -Cuando Eltab fue derrotado los rashemies fueron prosperando, construyendo una nación apartada del resto del mundo y luchando contra la corrupción latente en sus filas. Con el tiempo el lado demoníaco fue perdiendo dominio. Pero al final todos tienen la corrupción del abismo en sus venas.
    -Eso explica el desenfreno rashemí... ¿No es así? – Eshig tuvo que reconocer el siempre trabajador intelecto de Maruellen.
    -Exacto, capturamos a un rashemí y por medio de alquimia despertamos su sangre. El resultado fue un portador de un fuego mágico, no es el fuego mágico auténtico, pero bajo todos los indicios idéntico al original. Sin embargo se salió de control, capaz de absorber toda la magia utilizada para retenerle.
    -¿Entonces, por qué encerrarlo en una celda mágica?
    -Funcionó con el primero, no sabía utilizar su poder. Todo fue mal cuando tratamos de endurecerlo como hicimos con su antecesor. Ahí es donde entró Ragmazh, algo hizo. Impregnó al joven de algún espíritu independiente. Todas las evidencias muestran que andan juntos. Abrimos el túnel donde escaparon.
    -Iré yo – Maruellen agradeció a los dioses, de por fin salir de estas compañías tan indeseables.
    -Espera - intervino el mago – Esto queda entre nosotros, te contamos este secreto con la esperanza de que te ayude a capturar tus presas. No debe salir de aquí.
    -Seguro, seguro. No te preocupes, que ya tienes suficientes arrugas.
    -Una cosa más, no tienes que ir a los caños. Sabemos donde es que acaban, ya dispusimos tropas en las salidas.
    -Ya, debes saber que Ragmazh es listo. No es mero orco. Soy un rastreador y necesito entender a mi presa. Estoy completamente seguro que harán algo para eludirlos. Además me contrataron como una precaución. Déjenme hacer mi trabajo.
    -El tiene razón, déjalo – dijo Eshig mientras el elfo saltaba y se introducían en el negro túnel.
    Tardaron un poco en volver a hablar el mago y la guardaespaldas.
    -Va a escapar con la información, irá a Aglarond...- expresó preocupado el mago.
    -No lo hará, esta obsesionado con su presa. Tan obsesionado como para no saber que morirá cuando todo esto termine. El señor sabe que el es el mejor rastreador en varias millas. Ragmazh y el chico habrán encontrado una solución para evitarnos. No podemos dejar que el rashemí salga de Zhay...
    El mago se quedó callado...


    ***

    Creían que no se había dado cuenta. Eran humanos. Tan obsesionados por sus capacidades que no se percataban de las pericias de otras personas. Maruellen no tuvo si quiera que escuchar la conversación. Hubiera podido de quererlo, pero su intelecto agudo y sagaz se había dado cuenta de todo cuando le dijeron su sucio secreto.
    No importaba, no intentarían matarlo por los momentos. Pero cuando todo terminase, solo el quedaría vivo.
    El túnel era oscuro, pero la infravisión élfica hacía lo suyo. El olor era atosigador, sin embargo el cazador estaba entrenado. Caminó por un corto tiempo, cuando encontró un cuerpo. Casi se le escapa, sin embargo pudo ver la pequeña señal de calor en el agua fría.
    -Esto es trabajo del chico... – el cuerpo herido por armas perforantes y devorado hace tiempo por las llamas, le contó a el elfo sus secretos – no me llevan más que un par de días. Me hubiesen llamado como primer recurso...
    Hace dos horas, se le fue entregado el llamado al mercenario élfico. Con ayuda de un poderoso conjuro, de parte de sus primos semi-consanguíneos, Maruellen fue capaz de viajar de manera rápida e instantánea. Aglarond y Zhay estaban en una cuasi tregua. Este trabajo, tenía además un fin político. Las naciones no se querían, pero las guerras eran costosas.
    Era sospechado de que no era trabajo común. Los zhayinos solicitaron nada más y nada menos que el mejor rastreador del Este Inaccesible. Claro, ahora que Maruellen sabía todo, era un hecho de que lo matarían, bajo la excusa de un accidente en la cacería. Tal vez a manos de Ragmazh.
    Sus primos se negaron rotundamente. No obstante, la obsesión sádica del elfo por el deseo mórbido de vengar a sus padres, no pudo ser detenida. Era como detener la marea. Si no fuese por su salud de semidios, Maruellen habría envejecido prematuramente por el odio.
    Claro está, que no le importó un bledo la opinión de sus primos medio elfos. Odiaba de manera oculta a sus familiares mestizos... aun que lo hubiesen acogido hace tiempo, después de un accidente mientras trataba de dar con la localización de la nación oculta de la tribu del invencible.
    Era joven y mucho más arrogante (si eso fuese posible) cuando Maruellen creyó que podría asesinar una tribu entera el solo. De tal manera lo movía el odio y el racismo. Si no fuese por su intelecto sin límites, el elfo hubiese quedado en una situación de difícil escapatoria.
    Tenía sus sospechas de donde estaba localizado el hogar de Ragmazh, y sabía, que si se le escapaban de Eltabbar a donde se dirigirían luego.
    -El chico es bueno... tal vez demasiado. No puedo creer que con mis cuarenta inviernos de esgrima, este chico me iguale. No es posible... no puede ser.
    Maruellen trataba de mentirse así mismo. En verdad el había tenido muy pocos retos reales en combate a cuerpo a cuerpo, aún con sus cuarenta años. Y ahora, se encontraba con un chico de no más de veinte años que le igualaba. Incluso tal vez, superaba.
    Luego examinó el trabajo de Ragmazh... no parecía usar ningún arma. Aunque Maruellen no quería tomar por válida aún la suposición. Una roca en el rostro y una mordida fueron las causas de las muertes de los alquimistas. La lluvia de piedras, provocadas tal vez por una explosión, la cual a su vez fue iniciada por... una bola de fuego.
    -¿Es que me tengo que aguantar tanto cliché? – se quejó el elfo, debido a la poco originalidad del uso constante y enfermizo de ese popular hechizo.
    Siguió su camino, hasta encontrarse de algo que superaba sus expectativas...


    ***
    El cadáver marchitado por las llamas presentaba una constitución desconocida para el saber del elfo. Sin embargo, poco después lo comprendió todo. Era un mago, tal vez apartado de la sociedad por causas fuera del su conocimiento e interés del elfo. Anciano, enfermizo y llenos de parásitos, de alguna manera se volvió inmune a ellos y vivió en este habitad inhabitable para todo excepto insectos y ratas. Por los libros ocultos en su lecho de rocas mohosas, era un mago de poder inestimable. Claro que, Maruellen no se atrevió a llevarse esos libros, ni a tocarlos más de lo requerido.
    Lo que en verdad le llamó la atención, fueron las heridas hechas por Ragmazh. De nuevo sin usar arma alguna. ¿Estaría desarmado? Todavía no podía asegurarlo...

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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Primer trabajo de un futuro mercenario
    VI






    Dos días antes. La luz del sol al principio dañó a los ojos de Imashen. El aire fresco pronto calmaría sus poros, los cuales no hacían más que sudar luego de esa aventura por las cañerías de Zhay. El oxígeno limpio y claro lleno sus pulmones y los expandió. Sus brazos temblaban mientras el joven salía de las alcantarillas y se acercaba hacia la libertad.
    Ragmazh había sido el primero en salir, aunque le costó de sobremanera por lo ancho que era. No obstante logró escapar de las cañerías, no sin antes inspeccionar que no hubiera nadie. Con sus ojos nocturnos la iniciativa estaba de su lado si cualquier cosa se presentaba.
    Era casi la noche, cuando en Zhay la gente común deja de circular por miedo a que le asaltasen, puesto que a la plebe nadie les protegía salvo el brazo sobrecogedor de la prudencia. Para completar era un barrio solitario, así que no tuvieron problemas para salir y alcanzar un callejón vacío, en el cual planear su siguiente movimiento.
    Imashen estaba maravillado, sencillamente podía sentir la lujuria producida por ser libre. A pesar de que Eltabbar era una ciudad deplorable en los barrios bajos, Imashen creía que todo era hermoso y virgen. Fue la primera ciudad que vio siendo su nuevo “yo”.
    Los barrios eran una barriada llena de casas de pobres. Muchos edificios eran de piedra y arcilla mientras que otros eran de madera con techos de paja. Las luces en las ventanas eran origen de velas baratas que intoxicaban el ambiente en sus respectivas habitaciones, lo que producía una incesante pero inofensiva tos en los niños. Todo el callejón donde Ima y Rag se encontraban apestaba a orines, todo el lugar era pobre y deplorable, no obstante si Imashen se paraba en el lugar correcto podía observar las majestuosas mansiones y torres que sobresalían en el horizonte, como picas clavadas en un campo, y atrás de todo estaba el telón naranja producido por un sol que muere en el fin del mundo. La vida en Toril era usualmente de este modo, los ricos arriba y los pobres abajo. Nada podía cambiar esta realidad, nada. Sin embargo Imashen no sabía esto aún, pero su “fantasiosa” observación fue asesinada cuando Ragmazh le habló.
    -Ahora tenemos que saber donde escondernos – susurró Ragmazh – Necesitamos ropas. Necesitamos pasar desapercibidos. Cosa difícil en mi caso, más no imposible.
    El viejo orco meditó por un par de segundos cuando se le ocurrió una idea. A unos cuantos metros de ese callejón oscuro, en una esquina de la pronto vacía calle, un buhonero recogía su negocio de ropas y mudas.
    Imashen, el que más probabilidades tenía de pasar desapercibido se le acercó tímidamente. Su deber era robarle, ya que tanto el humano como el orco no tenían dinero alguno.
    -¿Necesitas algo, chico? – dijo con voz anciana el viejo buhonero, desdentado y sucio. Pero por el brillo de sus ojos vivía bien feliz, o tal vez eso pensó Imashen cuando le vio.
    Imashen estaba callado con la cabeza gacha. Su pelo y barba ocultaban sus facciones, y el joven apretó sus puños mientras se decidía.
    -Me gustaría ver tus capas... y sombreros si tienes alguno... – dijo en voz queda mientras se preparaba para robarle las mercancías a este viejo.
    -Oh... ¿y para qué un joven desea tales ropajes a esta hora de la noche? Tendrá frió supongo... Sí aquí están – el anciano observó en sus cosas y encontró una capa roja escarlata, que tenía cierto parecido al de un centurión zhayino y una vieja capa amarrilla. Imashen las sostuvo pero le devolvió la amarilla al buhonero.
    -¿Tiene una más grande? ¿Para alguien de dos metros quizá?
    -Eh... sí, sí. Tome – el tendero le tendió una larga capa verde oscuro, mucho más larga que las anteriores.
    -Gr...Gracias. ¿Algunos sombreros por casualidad?
    -¡Oh sí! Dos perfectos sombreros hechos de paja zhayina, aquí.
    Imashen los tomó, ya estaba todo listo - ¿Cuánto es por todo esto?
    -Oh, pues imagino que una moneda de plata lo cubrirá todo.
    -Lo siento – susurró Imashen cuando con su brazo derecho empujaba al viejo con fuerza y este alarmado y asustado caía sobre sus artículos. Para Imashen todo pasó de manera mortíficamente lenta
    -¡No piedad! – gritó el viejo tumbado y con sus brazos cubriendo su vieja y desdentada cara - ¡No me hagas daño, no soy el aventurero que era antes!
    -Lo siento – gritó Imashen mientras corría y se perdía en la noche.
    -Lo has hecho bien... – Dijo entrecortadamente Ragmazh cuando un Imashen violento le aventaba la capa verde y el sombrero de campesino. Ragmazh los atrapó.
    -Espero que estés contento, orco – el joven guerrero encogió su cabeza en contra del muro mientras se ponía su capa roja escarlata.
    -Mejor él que nosotros...
    Ragmazh e Imashen terminaron de vestirse sus respectivas mudas, luego colocaron sus sombreros sobre sus cabezas ocultando sus rostros.
    -No todos son inocentes en Eltabbar, todos tienen pecados tras sus sombras...
    -Sí, pero eso es el pasado. Lo que importa es los que somos ahora, y nuestras intenciones verdaderas... el hombre solo se ganaba la vida de manera humilde... y yo... yo le robé.
    -No seas tan trágico. El puede vivir sin unas cuantas piezas de cobre. Nosotros sin embargo no podemos vivir sin ninguna manera de ocultar nuestras identidades prófugas de la autoridad zhayina.
    Imashen iba a continuar discutiendo, no obstante el hambre, el cansancio y la necesidad de seguridad abrumaron su mente de manera simultánea. Ragmazh lo notó y pensó que hacer mientras hablaba en voz alta.
    -Necesitaremos algún hospedaje, pero eso no lo podremos robar... necesitamos dinero... ven acompáñame.
    -¿Para donde?
    -Iremos donde los aventureros y mercenarios se juntan. Imashen mi querido aprendiz, iremos a una taberna.

    ***

    Las dos figuras encapuchadas, con sombreros de paja que les cubrían los rostro entraron en la taberna. Era un nido de criminales, donde los contratos son hechos y donde las manos que saben usar las espadas son contratadas como mercenarios. En ese lugar. Los dos nuevos inquilinos fueron observados por los asesinos diestros, los cuales veían un enemigo a cada esquina. La paranoia era tal que muchos tenían sus armas sobre las mesas, espadas y dagas, todas de excelente calidad y artesanía. Aunque claro esta paranoia era excusable, puesto que en los barrios bajos hasta un niño puede intentar matarte con una cuchilla para afeitar, todo por un par de monedas de cobre para alimentar su vientre hinchado por el hambre.
    Cualquier persona de familia decente, se asustaría de un lugar así. Pero Imashen era un guerrero que escapaba de la vida de gladiador, y Ragmazh pues... Ragmazh era un asesino de miles.
    Se sentaron en una mesa a una esquina de la infestaba taberna. Una edificación cuestionable, ya que siempre daba la impresión de que se derrumbaría en cualquier instante. El pesado humo de tabaco barato cubría techo a los pocos metros de altura.
    El humo de tabaco y el escaso humo de opio pronto comenzarían a afectar a Imashen, eso sin contar el hambre y cansancio. Sus parpados pesaban cinco veces más, y sus ojos se hincharon. Casi se queda dormido cuando...
    -¿Mercenarios? – preguntó jefe de espías.
    -De la mejor clase... –dijo Ragmazh en orco e Imashen le repitió en muhorandino. Se dio cuenta de este hecho, de su capacidad sobresaliente en las lenguas en ese instante.
    -¿Qué? ¿El orco habla por ti?
    -No – respondieron los dos. Igual que antes uno en orco y otro en muhorandino. El criminal evitó las preguntas innecesarias.
    -Cinco piezas de oro... si hacen algo por mí.
    Ragmazh habló e Imashen repitió.
    -Estamos desesperados... aceptaremos cualquier oferta... – el joven guerrero esperaba que no fuese de la calidad de oferta del tipo de robarle a un viejo buhonero.
    El Amo de los Espías les tendió dos monedas de oro como adelanto. Luego de pedirles que le siguieran los tres personajes se encontraban en un oscuro callejón pasando la tras tienda.
    Como todos los mulanos El Amo de los Espías era de piel lechosa, alto y arrogante. Con el cabello cobrizo con brillo. Sus ojos azules y sin piedad alguna...
    -Un orco y un... rashemí...
    -No te preocupes Imashen – susurró Ragmazh en su lengua materna – los orcos son comunes esclavos en Zhay. Y los rashemies son normalmente las clases bajas. No hay manera que nos identifique con los gladiadores fugados, eso si la información se ha esparcido lo suficiente...
    -¿Qué es lo que te dice el orco? – preguntó el maleante irritado.
    -Solo que se muere de hambre – respondió Imashen con iniciativa - ¿Para qué nos necesitas?
    -Al orco tal vez... ¿Pero un perro rashemí? De hecho creía que eras su dueño. Pero lo descarté de inmediato. Solo sirven como esclavos.
    Imashen dio un rápido paso al frente mientras era insultado. Un asesino salto desde el tejado, cayó con gracia y se interpuso en el camino del joven guerrero.
    -Métete con uno de tu tamaño, rashemí – dijo el asesino quien medía un metro ochenta.
    -Por su puesto... ¿Cómo tu tal vez?
    -Insolen... – El asesino murió antes de terminar la frase. Su cabeza yacía pegada contra la pared y manaba sangre a chorros. ¿La razón de su muerte? Una daga rashemí incrustada en su rostro que le alcanzó producto de un izquierdazo que provino de la mano embutida en el guantelete, escondida bajo la capa escarlata.
    El Amo de los Espías hizo un gesto de aprobación.
    -El Rashemí tiene bolas, de eso no cabe duda... ¿Asaltaría el valiente bárbaro una caravana de guardias? Duplicaré el precio
    -¿A quién llamas bárbaro? – vociferó Imashen mientras avanzaba amenazadoramente.
    -Cuidado rashemí. Mis ballesteros esta vez si dispararán.
    -Tiene ballesteros en los tejados – dijo Rag – los veo desde aquí.
    El joven se contuvo...
    -Una carreta guardada por guerreros gubernamentales, cruzará este barrio en el cenit de selûne.
    -¿Y por qué no usas a tus ballesteros? - preguntó Imashen.
    -Pues por que mi manera de atacar es conocida... necesito trabajo nuevo. Carne fresca...
    -Muy bien trato hecho...

    Los detalles eran claros. Una carreta pasaría por el barrio. A unas horas, cuando la luna estuviera a su cenit.
    Con sus dos monedas de oro... comieron y bebieron agua. Discutieron en orco el ataque. Era obvio para unas mentes tan sajases como las de nuestros guerreros, se habían dado cuenta de que no eran guardias del imperio lo que enfrentarían. No era posible que los burocráticos Zhayinos perdieran el tiempo con estos barrios olvidados por la mano de Tyr.

    ***

    La pesada carreta llena de opio y disfrazada de un transporte de heno, recorría las calles de la barriada. Seis “soldados” zhayinos la guardaban, todos sobre el aparato de madera tirado por bueyes. Seis zhayinos, seis mulanos.
    La carreta se detuvo repentinamente. Un barril gigantesco les impactó, seguido de otro y de la carga frenética de un orco descomunal incluso para los cánones de su raza malvada. Ragmazh chocó contra la parte posterior de la carreta derribando a un par de hombres. Inmediatamente jaló la carreta haciendo competencia a los dos bueyes que relincharon furiosos por el susto y trataban de correr a diferentes direcciones.
    Los hombres se prepararon para contraatacar al oscuro ser que los había retado tan descaradamente. Pero tardaron mucho, e Imashen aprovechó la distracción para cargar con espada en alto. Saliendo de un oscuro callejón, Imash atacó a un soldado con su espada en pos de atravesarlo. La espada, la que había sido bañada con sangre de rashemí, la de una decena de guardias del coliseo, un alquimista y un mago loco probó de nuevo la sangre. Esta vez de un ratero disfrazado de guardia. El arma de Imashen medía un metro y cincuenta y alcanzó sin problemas al desdichado contrincante, hundiéndose en su abdomen y perforando sus riñones.
    Los transportistas atacaron. Dos sacaron sus espadas cortas y cuchillos para atacar a Ragmazh. El otro que quería vengar a su compañero saltó hacia Imashen. Los otros dos que se levantaban del suelo lleno de mugre y lodo, se armaron mientras decidían a quien atacar.
    Imashen fue derribado, los dos contrincantes cayeron al suelo y se levantaron pesadamente. Pensando en que Ragmazh sería incapaz de defenderse, Imashen saltó hacia los bueyes y con un poderoso corte rompió las cuerdas que sostenían a los aterrorizados animales y estos escaparon.
    Liberado de la tarea de tener que sostener a la carreta llena de opio, Ragmazh saltó hacia atrás y cogió su hacha dispuesto a defenderse. No había sido atacado puesto que era muy grande y sus enemigos querían ser cuidadosos contra este orco envuelto en una capa verde musgo y con un sombrero de paja cubriendo sus facciones.
    -Hey, ustedes – dijo uno de los mulanos en su lengua a los compañeros que se recuperaban de la caída – ayúdenme con este gigantón.
    El asesino recuperado de la caída atacó a Imashen con su espada corta. Rebanó el aire puesto que Imashen le esquivó, pero con dificultad. Con los pies firmes de nuevo el joven guerrero sostuvo su espada firmemente con sus dos manos y se preparó para el siguiente ataque.
    La fuerza fue tal que la madera podrida del hacha no aguantó más. El cuerpo tampoco y cayó al suelo con la mitad del arma en su hombro izquierdo. Desarmado Ragmazh fue rodeado por tres hombres. Una puñalada aquí, otra allá, sin embargo ninguna capaz de herir verdaderamente al orco. Sus músculos y piel eran tan gruesos que era como apuñalar a una montaña. Solo que una con brazos casi tan gruesos como un hombre y capaz de partirte en dos. Cosa que hizo con un mulano luego de esquivar a uno con un salto hacia la derecha y tumbar de un manotazo a otro...
    El matón había sacado una daga pequeña de su manto y atacó sorpresivamente a Imashen. Su defensa estaba baja y guiado por un acto de puro instinto detuvo la apuñalada dirigida a su cuello con su antebrazo, acorazado por su guantelete armado. Luego cogió el brazo y los sostuvo en el aire. Recibió una estocada en su costado pero plantó firmemente sus pies y con su mano libre atravesó el estómago de su adversario.
    La sangre lo empapó, en lo que fue diez segundos para él y una eternidad para sus adversarios, quebró la columna del guerrero y luego con fuerza abrumadora lo rompió en dos sangrientas mitades. El mulano que había recibido el manotazo se levantó pesadamente con las piernas vacilando y sostuvo sus armas de manera débil delante de Ragmazh. El orco cogió su cabeza que era como una manzana en sus manos y lo estrelló contra el muro más cercano repetidas veces. Sin embargo no actuó con total impunidad puesto que el último de los matones se guindó en su espalda y se preparó para atacar su yugular. Era su última oportunidad puesto que las dagas no hacían más que minúsculas heridas al orco. Las uñas largas de Rag rajaban la espalda del criminal desesperadamente ya que sus brazos no lo alcanzaban. Se movió violentamente en un intento por librarse. Justo cuando la daga iba a atravesar su cuello expuesto se detuvo.
    El guantelete armado con púas y una daga rashemí golpeó su cabeza. La daga atravesó el lado posterior de su cuello y salió por su boca. Muerto cayó, siéndole robada la victoria sobre el orco.
    -Mejor él que nosotros... – dijo perversamente Imashen con los efectos de la adrenalina aún sobre el. Revisó su costado... no fue más que un ligero corte, la cota de malla actuaba como la piel gruesa de Ragmazh.
    -Aprendes rápido.
    -Perdimos los bueyes, tendrás que jalar la carreta “invencible” Ragmazh.
    -¡Ja! No te confíes tanto pequeño, no me habría dejado llevar por la sed de sangre si estuviese solo. Hubiera sido mucho más cuidadoso. Además de confiar en ti, yo estaba desarmado. – respondió Ragmazh mientras jalaba la carreta y se dirigían al punto de encuentro.
    -Mejor ellos que nosotros... – repitió Imashen para sí.



    ***

    Le habían sido pagadas sus bien merecidas monedas de oro, y los dos personajes se dirigieron a una mejor taberna para volver a comer y descansar.
    Imashen era azotado por sus más recientes asesinatos.
    -Mejor ellos que nosotros – se repitió.
    La comida fue aprovechada pero faltaba algo... hacía frío, sus manos a veces temblaban descontroladas y el dolor de cabeza era fatal.
    -¿Te sientes bien chico? – le susurró la hermosa cantinera a Imashen.
    -Sí... – respondió el joven secamente.
    -Ten toma lindura... va por la casa... Es vino ígneo rashemí. Normalmente es caro en el extranjero, pero la producción e importación de Rashemen esta temporada ha aumentado. Ya no es tan raro y costoso y apuesto que te gustará.
    El vasalto (vaso alto) se le fue servido. Imashen lo probó temerosamente. La ardiente bebida recorrió su garganta y le hizo toser.
    -Ja, que lindo todavía no bebe... – dijo la cantinera.
    Imashen se sonrojó y cubrió su rostro más con su sombrero y bebió otro sorbo. ¿Cómo era posible que un asesino de una quincena de hombres reaccionara como un niño de dieciséis revoluciones de estaciones hacia una bebida de “hombres”?
    Imashen bebió con asco otro sorbo, pero luego dio otro y otro y luego se le sirvieron uno, dos, tres vasos más. Fue el sueño más placentero que pudiese recordar... fue el inicio de un vicio.

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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Orígenes del Dragón Caído
    VII








    La figura con sombrero de paja y capa escarlata recorría los barrios bajos. Tropezaba con uno que otro mulano arrogante, los cuales empujaba con su fuerte hombro para que le dieran paso. Muchos le reconocían vagamente por los ruidos de la noche anterior. Un guerrero curtido y malvado. Que los mataría con la menor excusa, a Imashen le agradaba esta idea. No estaba de buen humor con ese incesante dolor de cabeza combinado con ese peculiar escalofrío que últimamente empezaba a recorrer su cuerpo.
    Los pobres que infectaban cada esquina de las mugrientas calles eran rashemies en su mayoría, su piel era de matiz un poco oscuro, como el cobre. Eran más bajos que los zhayinos y sus cabellos eran negros y largos, cosa que los zhayinos despreciaban. Y por último eran un reflejo despreciable de su gente en Rashemen, aquí eran pobres y miserables mientras que en la tierra de los guerreros eran valerosos miembros de la patria y vivían felices y fuertes hasta que una espada de orco o los colmillos de un monstruo merodeador les diera fin.
    Sin embargo aquí no eran más que el excremento de caballo que pisaban a diario, e Imashen lo sabía. Esta no podía ser su raza, no era posible. Él que se estaba curtiendo en el camino del guerrero, en la senda de los combates y la sangre, no podía ser iguales que ellos. ¿Esclavo? ¿Sometible? No. Mil veces no...
    -Vaya, vaya. El jovencito con frío regresa. –le dijo una voz en perfecto rashemí a Imashen, y el joven era uno de los pocos en esta tierra corrupta que lo hablaba.
    El guerrero giró la mirada, y justo ahí se encontró con el viejo buhonero. Este viejo humilde observó el rostro del joven desgraciado, y bajo la sombra del sombrero se encontró con dos ojos verdes en esa piel de color mestizo, ni mulano ni rashemí, dos grandes ojeras en esos globos oculares cansados y agotados, de mirada furibunda. Pero lo más característico que su piel sin tono específico ni sus ojos agotados y coléricos, eran las quemaduras que recorrían su rostro, naciendo de sus ojos y bajando hasta el cuello en una línea curvilínea. Daban la ilusión de lágrimas. Y ahí estaba el guerrero, con un metro setenta y cinco de estatura, su cota de malla oxidada y su gran espada.
    Y a su vez Imashen observó al viejo ojo a ojo, contemplando un rostro que no había podido apreciar la otra noche. Unos ojos color negro con dos espesos bigotes que se unían a sus patillas, en una cara arrugada de matiz algo oscuro y una boca desdentada.
    -Reconozco mis pertenencias cuando las veo, una moneda de plata ¿No es cierto...?
    Imashen le arrogó varias monedas de plata de su pequeña bolsa de cuero amarrada al cuello. Luego de esto se dispuso a volver a caminar sin rumbo específico cuando el buhonero añadió:
    -Sabía que eras buen chico, uno criado en Rashemen no puede ser malvado, es imposible.
    Imashen receló y el viejo desdentado le guiñó un ojo. Ahora que lo notaba el viejo tenía los vestigios de una antigua musculatura. Era un guerrero... y lo más importante, un rashemí. Y justo al lado de él otra espada. Vieja y mellada pero grande como la de un guerrero rashemí.
    -¿Ya te distes cuenta no es así? –dijo acariciando su mandoble -En verdad pude haberme defendido anoche, pero contra ti campeón de la arena, no hubiera tenido oportunidad alguna – dijo esta vez con tono más lúgubre y serio.
    Imashen se quedó cayado mientras ajustaba su sombrero para que le cubriera más sus facciones.
    -Puedes entregarme, pero lucharé con todo mí ser. Y te mataré a ti de primero, tenlo por seguro viejo – dicho esto Imashen cogió la empuñadura de su arma en la espalda dispuesto a defenderse, viendo a sus alrededores como una bestia acorralada. Hubo un sentimiento, no lo notó en ese instante, pero lo hubo, él sentía que debería matarlos a todos cuantos pudiera si fuese necesario. Todos merecían morir, los zhayinos por insidiosos y los rashemies por débiles.
    -Ese es el espíritu rashemí... No muchacho, no te entregaré, eres uno de los pocos que lucha contra sus ataduras, y eso es mucho ya que yo me rendí hace tiempo.
    -Conoces mi tierra... – luego de la respuesta afirmativa del buhonero Imashen dijo – En ese caso... necesito que me cuentes de Rashemen, no te daré explicaciones. Estoy seguro que una moneda de oro vale eso, es más dos si quieres.
    -Tranquilo, tranquilo hijo de Rashemen. Algo que tienes que aprender es el valor de las cosas, ya me pagaste demasiado como para qué me des más por una mísera lección de historia.
    -Esto lo vale... ¿Qué quieres todo mi dinero? Cógelo, no me importa.
    -No, no. Si vale tanto para ti... ¿Por donde empiezo?
    -Desde el principio... en verdad es importante para mí.
    El joven se sentó en una caja de madera frente al viejo con su rostro cubierto por sombras...


    ***

    Rashemen, como le había contado el viejo Erta, era una tierra de guerreros, en la esquina noreste del continente. Fría e implacable, daba a luz a guerreros decididos que luchaban hasta el último aliento, mucho más fieles a la raza que cualquier elfo, enano o dragón. Despreciaban la magia y a los extranjeros y vivían aislados completamente del mundo, subsistiendo con pocas relaciones diplomáticas. En muchos aspectos, era la contraparte benigna del mundo drow, los elfos oscuros que vivían aislados solo para si, en una sociedad implacable y matriarcal. Sin embargo las mujeres de Rashemen no eran despiadadas, severas sí, pero crueles no. Sus mujeres ocupaban los más altos cargos jerárquicos y eran hechiceras. Sí, el buhonero había dicho que Rashemen despreciaban la magia, pero no toda. Las brujas de Rashemen, eran siervas directas de Mystra, Mielekki, y Chauntea. Su conexión con la magia y la tierra era tan poderosa, que sus conocimientos obtenidos por la contemplación hacían más que los años de estudio de cualquier mago zhayino.
    Y luego venían los hombres, todos guerreros en su mayoría. Protegían a sus mujeres y eran liderados por estas, prestos para el combate se lanzaban a morir gloriosamente. Morir y ser digno a los ojos de las tres madres.
    Pero todo esto ocultaba un oscuro secreto, todos y cada uno de ellos estaban malditos. Todos los rashemies portaban una fracción de sangre demoníaca. Ellos eran descendencia del imperio Raumathar.
    Raumathar, fue una nación decadente gobernada por mágicos-combatientes, que en una lucha contra Nar, imperio de conjuradores de demonios. Las dos naciones cayeron el mismo día luego de un conflicto tan intenso como épico, el cual al parecer no fue lo suficientemente terrible como para hacer ver a los mágicos que la magia era tan traicionera como letal. Nar desapareció de la faz de Faerûn debido a los poderosos conjuros de Raumathar, mientras que la última fue destruida por bajo la pesada pezuña de Eltab, señor del abismo oculto. Eltab, gobernó cruelmente su nueva nación por siglos hasta que al final fue vencido por Yvengi, el mestizo junto a su legendaria espada Hadryllis...
    Ahora Rashemen, hija de Raumathar la maldita, trataba de olvidar su oscuro pasado. Los rashemies debían ser ahora justos y fuertes para que Mystra olvidara la decadencia de sus padres y pudieran ser amados por ella para siempre. Tal era el destino que esperaban alcanzar, redención. Por lo tanto su educación era muy rígida y dura, llegando al odio hacia cualquier mágico o sacerdote. Solo en las brujas confiaban, solo ellas los guiaban.
    E Imashen, Dragón Caído era descendencia de este pueblo fuerte y orgulloso. El también debía encontrar perdón, ya que era un monstruo, una aberración nacida en un oscuro calabozo. Se despidió de Erta y se dirigió a la taberna donde descansaba el invencible.

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