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Tema: El Origen del Dragón Caído.

  1. #11
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Bautizo y muerte de un inocente
    VIII








    Imashen estaba afuera de la taberna, en la parte trasera donde estaba ese baño para los residentes.
    Ragmazh estaba escondido ahí desde hace horas, y cuando salió lo hizo con varias greñas en toda su barba (la que le llegaba hasta el abdomen) y cabello (que morían debajo de los omoplatos). Toda la mañana se las había estando arreglando, según él era propio de un cacique. Cada conjunto de hebras de su cabello y barba estaban arregladas en greñas llamativas que además de dar un aire de realeza daban a luz las orejas increíblemente largas y peludas. Medían quince centímetros y estaban adornadas con anillos de oro y plata.
    Su rostro había recuperado su dignidad prostituía en los fosos. Sus ojos pálidos y amarillos con pupilas de gato, penetrantes a cualquier detalle incluso en la oscuridad, y arriba de estos sus cejas pobladas y su nariz esquelética debajo. Sus colmillos estaban blancos como el marfil, afilados y amenazantes en su boca, la cual se había cobrado más de una vida. Su piel era de color verde moho y estaba llena de cicatrices de batalla y runas místicas que relataban una historia de sesenta años que todavía no llegaba a su fin.
    En contraparte Imashen se afeitó toda su barba, se trató apropiadamente la herida de la otra noche, y cogió su cabello que le acariciaba sus hombros y lo amarró en una cola.
    -Saldremos en la noche, da otro paseo Ima, si quieres. Y reza a cualquier dios que se apiade por ti. Ya que necesitaremos suerte... mucha.
    Luego de explicarle el punto de reunión para el escape de Eltabbar, Rag dejó a Ima marcharse.

    ***

    -He de admitirlo, el chico tiene talento – dijo una oscura figura encapuchada qué se hacía pasar por sirvienta, mientras Imashen se perdía en las calles.
    -No tiene futuro en Zhay... tampoco yo. Debo de regresar a mi patria. Con mi pueblo. ¿Nos ayudarás verdad? – Ragmazh se acercó disimuladamente a él y hablaron en el dialecto de la tribu del invencible, Seguros de que nadie les entendería
    -Todo por el invencible Ragmazh... ¿Cuántos miles de monedas me hiciste ganar con tus atracos en los caminos, con tus proezas en la arena y con el opio de ayer? Te debo mucho de mi gran fortuna.
    -¿Todo por los “amigos” verdad?
    Los dos rieron por un rato hasta que el Amo de los Espías añadió:
    -Él te sigue cazando, está aquí y Eltabbar le contrató por tu cabeza y el sometimiento del chico.
    -Ha sufrido mucho, sin embargo nada puedo hacer por él. Sus padres me atacaron mientras yo escapaba con los míos de ese callejón sin salida en que nos metió Akar Kessel, maldito sea su nombre...
    -Y ahí sus padres encontraron muerte...
    -Nuestros pueblos están en guerra, una eterna y constante que amenaza con hacer que desaparezca una de las dos razas de la faz de Faerûn. Es natural que haya bajas. Su venganza es en relato que no acaba por repetirse. No tengo derecho de negársela, sin embargo no pienso ponérselo fácil.
    -Cambiando de tema: Ya soborné a los guardias del turno de esta noche para que nos dejen salir sin hacer demasiadas preguntas. No puedo hacer más por ti.
    -Veo que intentas hacer un segundo trabajo además de ayudarnos a escapar.
    -Como diría Maruellen: Dos orcos con la misma flecha. Tengo que llevar el opio a una ciudad más pequeña. Y un orco y un rashemí podrían ser de ayuda para resguardarla en el trayecto.
    -Necesito otro favor...
    -¿Armas?
    -Y equipo. Necesitó unas buenas armaduras, botas de hierro y raciones suficientes para sobrevivir un mes en las estepas salvajes del este.
    -Hay una cosa más... me he enterado que Maruellen se ha hecho con “La PicaSangrienta”
    Ragmazh no se impresionó.
    -Es obvio, mis armas fueron arrebatadas en mi encarcelamiento. Tal vez se la dieron para usarla como señuelo. No importa, él vendrá a mí. Me cansé de huir.
    -¿Tienes miedo?
    -Miedo de matarlo – dijo Ragmazh y ahí acabo la conversación...


    ***


    -Con que esta es el arma del responsable de la muerte de mis “queridísimos” padres...
    Maruellen le había quitado el fardo a la lanza, y ahí reveló una exquisita arma, de casi dos metros de longitud, de acero negro y oraciones a Gruumsh talladas por toda el asta. Pero eso no era todo, ya que la afilada punta de acero negro medía un metro de largo y en sus primeros veinticinco centímetros tenía una base de alabarda. Runas pintadas de sangre cubrían la mortandad del arma.
    La Picasangrienta poseía unas dimensiones impensables para Maruellen. Un tipo de su estatura y musculatura no podría blandirla. Ni siquiera los orcos serían capaces de usarla en combate, se dijo- Solo uno tan alto y poderoso como Ragmazh sería capaz de utilizarla con el efecto mortal imaginado en la confección de la pica.
    Pesaba demasiado y Maruellen la arrojó a una esquina de su habitación, en esa posada en el límite de los barrios bajos.
    Esa arma no merecía ningún respeto suyo. Ahora lo que en verdad importaba era planear como usarla para cazar a Ragmazh, el Invencible... y a ese joven portador del fuego mágico.
    Eshig estaba en el umbral de su habitación, recostada contra el marco de la puerta esperando que tuviera que decir el elfo al respecto. No pudo esperar más y rompió el silencio tan embriagador para el cazador.
    -Te entregué el arma, y todavía no me informas de lo aprendido estas últimas horas...
    El elfo le ignoraba.
    -Maruellen. – repitió un par de veces hasta que el cazador se hartó de ella.
    -Vete, no me dejas pensar... –su mirada seguía en la nada mirando el suelo con su barbilla apoyada en el puño mientras que sus piernas estaban cruzadas. Estaba sentado al borde de una esas incomodas camas de paja, esas que tanto le gustan a los humanos.
    -¿Debo recordarte que respondes a mí?
    -Vete.
    Eshig dejó de insistir, camino hacia la cama de manera sensual, la que usaba para seducir magos, y se sentó tras del elfo.
    Maruellen giró sus ojos irritado mientras la campeona del mago de ojos poderosos apoyaba su hermoso busto en los hombros recios del vengador. A Maruellen le causó un asco inmenso pero no hizo nada, se quedó pensando en como dar caza al desaparecido Ragmazh.
    Pero de improviso los pies desnudos de la pequeña guerrera se posaron en la entrepierna de Maruellen y le sobaron su miembro.
    -¿Si te digo lo que se me dejarás en paz mujer?
    -No – susurró a su oído - esta es una manera de ponerte “obediente”... – sus manos se posaron en el fuerte pecho del elfo mientras que ella hacía todo lo posible por excitarlo.
    -Ragmazh e Imashen escaparon de las cañerías, y dieron a parar en una barriada a unas cuadras de aquí. De hecho se aparecieron hace una noche en esta taberna, o eso dicen. Una figura de dos metros y una más baja, pero los borrachos no pudieron decirme nada más... – Eshig continuaba inútilmente con sus caricias – La mejor pista fue dada cuando las autoridades me informaron de una matanza que ocurrió esa misma noche entre bandas traficantes. Algunos cuerpos fueron asesinados por una espada mientras que otros por fuerza fortísima. Sé que están aquí. Pero no se por cuanto tiempo ni el lugar exacto...
    -¿Ves que es más fácil cuando cooperas...?
    -Lo único que puedo hacer por ahora, es moverme por las calles, he perdido toda la mañana y casi toda la tarde esperándote por la lanza. Si busco por los lugares correctos tal vez los encuentre... se que intentarán salir de la ciudad, y no me sorprendería que tuvieran éxito. Sin embargo aunque lo salvaje es mi terreno, Ragmazh ha demostrado tener talento para despistarme.
    Dicho esto Maruellen se levantó de improviso, cogió su cinto, mochilla y arco, y salió de la habitación. Si Maruellen se había excitado por las caricias de Eshig su rostro no lo reveló.

    ***
    Caminando callado y con su rostro inexpresivo, Imashen recorría los puestos de los buhoneros. Muchos artículos interesantes, sin embargo un puesto pequeño llamó su atención al final.
    Había libros, muchos de ellos. El joven los examinó todos. Los que más le atrajeron fueron unos cuantos libros de la historia de Rashemen, algunos libros de oraciones a las tres diosas y un pequeño diario encuadernado con piel. Este último fue el que decidió a Imashen para gastar algunas monedas para comprarlos.
    Se dirigió al buhonero de manera seca y pagó por todo, unos tres libros en total, una pluma y tinta, y el diario.
    Lejos de ahí, en un callejón, Imashen se recostó de la pared y comenzó a hojear sus nuevas posesiones: Rashemen, tierra de los Bersérkers, Eltab; Señor del Abismo Oculto y Diosas Rashemies.
    Luego de ojearlos y sentirse bien que el idioma de los libros fuese el suyo, Imashen pasó a ojear su diario. Luego de acariciar la cubierta de piel se dedicó a probar su ortografía.
    Lentamente acercó la punta de la pluma empapada en tinta negra y comenzó a escribir.
    Mi nombre es Imashen...
    Pero luego se detuvo en seco. Nunca se había puesto a pensarlo. Pero ahora las preguntas explotaron como fuego mágico en su mente y lo hicieron de la manera más devastadora posible. ¿”Imashen qué”? ¿Imashen de Rashemen? ¿Cuál era su apellido? ¿Lo tenía? ¿Imashen era su verdadero nombre?
    No lo sabía. No tenía modo de saberlo, ni la más remota idea. Se llevó la mano a la sien mientras pensaba y pensaba. Tiró su diario a un lado y cogió el libro Rashemen, tierra de los Bersérkers y comenzó a leerlo.
    Imashen pasaba las hojas buscando si habría algún dibujo o boceto de lo que podría ser su tierra. Nada. Luego de resignarse pensó que mil palabras valdrían una imagen, por lo que comenzó a leer.
    Empezó por el índice. Justo ahí una palabra: “Colmillos”. Esa diminuta palabrita entre tantas sedujo su atención inexorablemente, con promesas de la revelación del misterio de su pasado, y tal vez de su presente. Mientras leía los títulos de los otros capítulos, sus ojos no dejaban de dar una rápida mirada a esa palabra. “Colmillos”.
    Hasta que no se pudo contener más y buscó rápidamente la página de ese capítulo que tanto le atormentaba.
    Leyó el capítulo. Lo leyó otra vez, y otra y otra.
    Entendió el significado de la palabra. Básicamente los colmillos eran milicias disciplinadas que se ocupaban de proteger los caminos y enfrentar las incursiones de Zhay...
    Estaban siempre juntos y combatían hasta la muerte.
    Siendo presa de un hechizo, Imashen se quitó su capa y la parte superior de su cota de malla. El había leído algo parecido.
    Sí, en efecto, sí lo había hecho. Cuando se aseaba en el baño de la taberna, un tatuaje en su hombro derecho que leía en rashemí:
    Imashen, de los Colmillos de Dragón
    ¡Exacto! ¿Cómo podía ser tan ciego? Cuando había conocido a Ragmazh, Imashen le había revelado su nombre. Justo después...
    Después del azote en su cráneo.
    El latigazo mental, había vuelto hace una noche. Era la razón por la cual se había interesado en el pequeño diario. Imashen temía que su mente fuera a perderse de nuevo y que este nuevo “yo” desapareciese por completo.
    ¿Pero que esperanzas había? Fue una milicia contra el poder de Zhay. ¿Qué demonios había pasado ese fatídico día? En el que los planes de muchos fueron negados y sus esperanzas arrebatadas.
    Pero no todos los sueños fueron aplastados. No todos habían muerto o caído prisioneros. Quedaba un sueño, uno vivo: Imashen, de los Colmillos de Dragón... Imashen Dragón Caído, el último de muchos y el primero de una nueva estirpe de guerreros. Imashen el mestizo.
    Cogió el diario y terminó de escribir:
    ...Dragón Caído.
    Luego comenzó a relatar el principio de su historia...


    ***

    Y ahí le vio Maruellen. Ahí estaba, el perro faldero que pronto volvería con su amo. El joven que lo guiaría hasta el asesino de sus padres, hasta Ragmazh Picasangienta.
    El sol comenzaba a morir, y ahí junto a un viejo buhonero de tez morena estaba Imashen, mostrándole al parecer unos libros y discutiendo con el viejo en un idioma que no alcanzaba entender. Justo en ese instante el elfo se dirigió a un callejón, corrió hacia la esquina y saltó para luego rebotar haciendo impulso con sus piernas y saltar de nuevo estirando su brazo para alcanzar el tejado de una casa de barro. Justo después y con gran sigilo, del característico de los cazadores corrió y saltó por los tejados hasta posicionarse cerca de su presa.
    Observándolos desde las alturas y envuelto en su capa... ¿Azul oscuro? El elfo se dedicó a esperar. Sus manos temblaban, su corazón se aceleró y se mareó un poco. Desde hace dos días se sentía así, desde la información del paradero de Ragmazh. Sus labios se secaban y sus pupilas se dilataban, con las promesas de la venganza al alcance. Justo como cuando un cazador encuentra las huellas de una legendaria y esquiva presa.
    Solo debía esperar a que el joven rashemí le guiara a su presa. No había necesidad de entregarlo, Maruellen sabía muy bien que le esperaba la muerte a mano de magos después de terminar su misión. Mataría a Ragmazh y escaparía de Zhay...
    Y si le mataban, él estaría ya libre. Su único propósito cumplido.
    Pero pasaron los minutos, y luego la hora seguida de más minutos y Maruellen no podía seguir esperando...
    Cogió su arco y apuntó, sin embargo su pulso le temblaba por la euforia. Así que decidió entrar en cuerpo a cuerpo.


    ***
    Imashen había hablado largo y tendido con Erta. El viejo amablemente le había aclarado sobre la autenticidad de los libros. ¡Incluso había revelado que él mismo los escribió hace años!
    Los minutos pasaron luego de que Erta excitado comenzaba a confiar en Imashen. Le relató con palabras bien vívidas que conjuraron imágenes en la mente de Imashen. Pronto la explicación larga y extensa de la otra vez se le olvidó, asesinada por las maravillas naturales de Rashemen. De la belleza de sus mujeres y la valentía de sus hombres. De los espíritus que siempre habitaban, y del gran caballo en los cielos. El mismo caballo que...
    La delgada hoja, que resplandecía en una cortina celeste bajo la luz de la luna, había atravesado de manera precisa la garganta de Erta. Y mientras Imashen contemplaba como la sangre manaba a borbotones y el cuerpo caía en un sueño sin despertar, la figura oscura con ojos resplandecientes y dos finos aceros mágicos, se levantaba y erguía cual alto era...
    So él estaba Imashen, con sus propios ojos resplandecientes y su rostro desfigurado por la furia...

  2. #12
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    El Bersérker
    IX






    Nunca en su vida, él había abrazado tanto la furia. Era su amiga, su confidente, su amante. Pronto el caos, que su alma había dado la bienvenida, comenzaría a fluir por sus venas y a cegar su ojos; los cuales habían explotado en fuego azul de manera violenta. El asesino había borrado con un fugaz golpe, el único vínculo con su tierra, con sus creencias, con su pasado.
    Ahí nació el Bersérker. El nuevo amigo de Imashen, su mejor arma. Pocas cosas le importaban al Bersérker, no tenía sueños, no tenía necesidades, no anhelaba amistad, no quería riquezas. Solo algo le importaba, que la cabeza de ese asesino rodara por el suelo.
    E Imashen no lloró la muerte de Erta. Solo dio un grito demencial, mientras Maruellen reculaba temeroso por un solo instante de esos ojos de fuego azul y esa voz abismal.
    Solo eso necesitó el Bersérker para desenfundar su arma y dar un tajo horizontal de fuerza brutal. Pero incluso sorprendido por un instante, Maruellen pudo dar un salto hacia atrás mientras que sus dos armas desviaban el poderoso acero rashemí. La fricción engendró centellas. Los brazos de Maruellen le dolían. Dando un molinete con su espada desvió el ataque de Imashen para que terminara de dar el golpe, y por lo tanto Maruellen pudiera alejarse un par de pasos.
    Pero un par de pasos, ni siquiera un millar de ellos, detendría al Bersérker. Con un poderoso salto, el Bersérker redujo la distancia, pronto aumentada por un salto defensivo hacia atrás de Maruellen.
    -¡Enfréntame cobarde! –gritó Imashen sin pensar.
    Un nuevo corte, el cual obligó a Maruellen dar un giro defensivo hacia la derecha del Bersérker. Otro más, qué obligó a Maruellen a valerse de toda su agilidad dando otro giro.
    Luego de girar, Maruellen saltó mortalmente hacia atrás tratando de ganar un poco de terreno y evaluar más la situación. Como sus ojos de visión infrarroja revelaron, el calor de Imashen había aumentado enormemente debido a la adrenalina y el rápido flujo de sangre por su cuerpo. Sus músculos habían duplicado, no mejor dicho: triplicado, su capacidad.
    Y ahí estaba él, cortando la distancia en solo dos segundos y con los ojos reflejando violencia en su estado más puro y primordial.
    La sorpresa inicial de Maruellen había pasado y ahora con sus armas prestas para la lucha. Sus filos se lanzaron en una danza mortal contra esa gran espada.
    El sonido producto del choque entre los respectivos aceros, despertaron a más de una docena de habitantes. Sin embargo ninguno se atrevería a mirar, estos ruidos eran demasiado frecuentes, y lo único que podían hacer era ignorarlos y maldecir su cobarde existencia.
    Si hubiera sido otro contrincante, Maruellen ya habría acabado. El arma de dos manos era demasiado lenta en sus tiempos muertos, los que aprovechaba Maruellen para dar un buen corte o dos con su espada, incluso para atravesar un flanco desprotegido con su daga.
    Pero El Bersérker era demasiado mortal, rápido y preciso como para ser real. Los tiempos muertos eran recompensados con juegos de pies los cuales aumentaban la distancia entre ellos. La suficiente como para que la punta de la espada de Maruellen solo rozara la cota de malla y para que su daga resultase de alguna utilidad. La única manera sería detener ese mortal filo en pleno movimiento, para luego su daga atravesase un riñón del Bersérker. No obstante Maruellen desechó la idea, ya que para detener ese mortal acero necesitaría sus dos armas, y con ese vigor que ahora poseía a su enemigo no sería aconsejable.
    Con todo eso, El bersérker acorraló su enemigo en un callejón, donde los saltos de Maruellen serían inútiles.
    Como un ave en picada, el espadón atacó desde arriba. Maruellen no podía esquivarlo así que sus filos se cruzaron sobre su cabeza y detuvieron el avance de esa arma con velocidad endiablada.
    ¡Traición! Fue lo que se le cruzó por la mente cuando El Bersérker había soltado una mano de la empuñadura de su espada y lo había atacado con ese guantelete armado. Con velocidad vertiginosa, Maruellen esquivó el puño soltando el abrazo mortal de las tres espadas y luego cruzó apretujado al lado del Bersérker, acorralándolo.
    -Solo dime donde está Ragmazh, chico. No tienes que morir.
    En ese corto espacio, El Bersérker no podía maniobrar su pesada arma con habilidad, salvo ese potente corte vertical. ¿Pero que pasaría si el asesino le esquivaba? Se encontraría en un predicamento, pero si acortaba así la distancia entre sus cuerpos podría darle un golpe mortal con su guantelete. Se expondría a recibir algunos cortes y apuñaladas... no le importó.
    Con un grito frenético el bravo guerrero se lanzó sobre el elfo en la misma ofensiva con su espada sobre su cabeza.
    No obstante Maruellen no tenía intensión de matarle así que se alejó de él con un salto mortal.
    -¡Enfréntame! – gritó El Bersérker.
    La danza de las espadas prosiguió a velocidad animal. Los tres filos se cruzaban de vez en cuando, pero la táctica que predominó en el arsenal de Maruellen era esquivar y analizar la situación, siempre tratando de mantener la cabeza fría. No podría permitirse matar al chico, su única oportunidad de averiguar el paradero de Ragmazh.
    Fue difícil.
    Podrían durar varios minutos así. Pero ninguno ganaría. El Bersérker era tan furioso como lo inexperto que era. Todos sus movimientos habían sido guiados por el instinto, aunque contra cualquier enemigo habrían sido efectivos, Maruellen estaba lejos de ser” cualquier”, su gracia solo era igual a su velocidad y precisión.
    “No tiene caso” se dijo el elfo. La única forma de detener esta lucha sería con la muerte, y Maruellen no podía arriesgarse.
    Corrió de nuevo hacia la pared de un paso sin salida y saltando contra la el muro llegó a los tejados.
    Pudo haber usado su arco para matarlo ahí donde estaba parado, pero se retuvo.
    Y ahí estaba el Bersérker mirándolo con ojos de fuego cuando un gesto de Maruellen rompió su trance.
    Era Eshig y unos cuantos soldados, Imashen los descubrió debido a la dirección que giró la cabeza del elfo al escucharlos unas dos cuadras a la derecha.
    -Si es que quieres enfrentarme, chico. Te convendría más escapar. Nos encontraremos a las afueras de Eltabbar. Ahí, en mi territorio te daré caza. A ti y a Ragmazh. Ahí en lo salvaje continuaremos nuestra contienda. Pero si te atrapan no podrías vengar al viejo.
    E Imashen corrió hacia el punto de encuentro impuesto por su mentor orco, girando su cabeza no para ver a sus perseguidores, ni a Maruellen. Solo para ver el cadáver de Erta.
    Maruellen nunca había sido tan humillado en su vida. Un chico de la mitad de su edad había igualado décadas de entrenamiento. No le había dejado ejecutar todos los golpes, paradas y contragolpes que conocía. Los cuales había aprendido de expertos espadachines. De lo mejor que la raza élfica podía ofrecer.
    Ahora era personal... si el chico quería venganza, pues que viniera a buscarla. Moriría luego de que Ragmazh se ahogara desangrado...

  3. #13
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.


    Fuera de Eltabbar
    X





    Cayó agotado, no por que hubiese recibido heridas bajo los filos del asesino. No, su cuerpo estaba agotado debido al impulso explosivo que liberó bajo la posesión del Bersérker.
    No obstante, Imashen no podía descansar, debía moverse y rápido. Si quería salir por fin de esta cuidad deplorable debía llegar a tiempo al punto de encuentro con El Amo de los Espías.
    Corrió lo más que pudo hasta perderse de sus perseguidores. Pero luego de otro par de cuadras cayó de nuevo.
    Frío sudor manó de sus poros mientras sus pulmones imploraban por más aire. Al igual que sus cansados músculos rogaban por un descanso. Arrodillado y viendo sus manos no pudo evitar preguntarse, ¿qué lo había llevado a este punto? ¿Tan rápido y poderoso había sido bajo la mano protectora del Bersérker? Si entonces lo fue, ¿por qué no había caído bajo su acero el asesino encapuchado?
    “Tal vez...” se dijo, “Tal vez es que por fin me estoy encontrando con retos ante mí.”
    Pero no había tiempo para dilemas, Tendría que encontrar el punto de reunión...


    ***

    -Se está haciendo tarde... – dijo el Maestro de los Espías.
    -El vendrá – dijo el orco.
    La carreta estaba lista, todo arreglado para la salida de Eltabbar. Estaban ahí El Amo de los Espías, el orco; Ragmazh, y diez soldados junto a cuatro caballos. Todos estaban disfrazados de campesinos, mientras que en la carreta había una tela que cubría y disfrazada todo el cargamento.
    -Ahí viene – dijo Ragmazh en la oscuridad, cuando un agotado Imashen cruzó la intercepción con espada en mano.
    Al principio los guerreros del mulano cogieron sus ballestas pero se les dio un alto.
    -Ya era hora Imash, nos vamos de este asqueroso lugar – Dijo Ragmazh. El Amo de los Espías rió entre dientes al escuchar a un orco hablando de lugares asquerosos.
    Imashen asintió pero fue detenido por el mulano.
    -Coge esto chico – El Amo de los Espías le ofreció su nuevo equipo. Una cota de malla de acero, y no de cobre como su antecesora, unas botas de hierro y un a mochilla equipada para el viaje cunado se separarán.
    Mientras Imashen se desprendía de su vieja armadura todos se preparaban para el viaje...


    ***

    -¡Por Eltab! – Maldijo Eshig – El chico se ha escapado y tú no hicisteis nada para detenerle. ¡Maldito perro arrogante!
    -¿Por qué habría de hacerlo? Como ya dije el chico no es de mi incumbencia. Solo Ragmazh ha de importarme.
    -¡¿Te he de recordar que trabajas para nosotros?! – reprendió una encorecida Eshig.
    -Es que no encuentro mi motivación... ¿Para que ayudarlos si al final irán a matarme? No me conviene, hagan lo que quieran pero antes debo de matar a Ragmazh. Si no, entonces traeré una maldición desde la tumba des mis antepasados, para que se venguen de ustedes por no dejarme cumplir mi bendecida misión.
    Eshig tartamudeó.
    -Tampoco irán a matarme ahora, por supuesto. Soy el mejor rastreador de la zona. Ahora déjame en paz simio sin pelo – Maruellen puso especial hincapié en “sin pelo”, encontrándolo divertido hacia la totalmente depilada humana.
    Maruellen se marchó. Cazaría al chico en campo abierto.
    Tanto Imashen y Ragmazh morirían en el mismo día.

  4. #14
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.




    Segundo Libro: Tres fuerzas colisionan y nace el guerrero interior




    Libertad



    Ahora que estoy finalmente libre de la ciudad de Eltabbar puedo dedicarme a indagar en todas estas ideas, las cuales explotan en caos y nacen y mueren y matan y viven dentro de mi cabeza. El dolor de sus latigazos, cuya única intención es azotar vilmente mi quebrantada alma, continúa. Sin embargo mi memoria ha estado moderadamente estable...
    No puedo evitar reírme al pensar en toda la ironía que presentan mis pensamientos, escritos en este pequeño cuaderno de cuero. Soy un guerrero nacido en la oscuridad y en los fosos más inmundos de la sociedad. Sin embargo, luego de leer, ojear, digerir y comprender mis libros he crecido intelectualmente. Mi escritura mejoró. Antes, en el escrito anterior mis ideas fueron cortas y simples. Pero ahora, indago y me muevo por las letras.
    Debo admitir que este mundo de papiro es muchísimo más hermoso que mi mundo. Quisiera mejorar en mi escritura, de veras que sí. Y con la libertad ahora ganada se me será posible.
    Pero debo enfrentar la realidad. Debo entender que mi libertad no es total, todavía estoy en los límites de Zhay, y para escapar deberé luchar con todo mi ser si quiero inhalar este aire fresco.
    Hasta que muera...

  5. #15
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    ¿Tres caras de la misma moneda?
    XI





    El cielo estrellado de la intemperie era demasiado para él, a diferencia de la capa de tela negra que hay en las ciudades. Aquí en lo salvaje la noche era muchísimo más hermosa. Cualquiera con dos dedos de frente lo notaría. Sin embargo los espías no parecían maravillar El Mar de la Noche. No, estos criminales no podrían apreciar esta belleza tan ladrona de alientos.
    “No se trata de inteligencia entonces” Se dijo Imashen, “¿Sería entonces asunto de almas y espíritus? De seguro Los Magos Rojos de Zhay tampoco aprecian la belleza tan sobrecogedora del cielo nocturno. ¿Sería entonces un tema a tratar sobre el Bien y el Mal? No, alguien que asesine con la facilidad con que lo hago yo no puede ser alguien de alma pura.
    “¿Pero entonces qué?” Se preguntó incesantemente.
    Fue entonces que Imashen notó la mirada de Ragmazh al cielo, y lo comprendió todo. Su alma crecería ese día. Pues como muchos filósofos dicen: El Alma es algo con que se gana, no con que se nace.
    “¿Sería entonces algo de nacimiento? ¿Significa que nuestro espíritu, tanto el de Ragmazh y el mió, nacieron para vivir fuera de las ciudades, en las tierras incivilizadas?”
    “Si debe serlo” Terminó de razonar el joven Imashen mientras volvía a acostarse con los brazos apoyando la nuca y la cabeza viendo con ojos hipnotizados las Lágrimas de Selûne, El astro brillante que abrazaba a todo con ese resplandor de plata.

    Selûne y sus lágrimas, las cuales cubrían todo el mar negreo en los cielos salvajes, le susurraban a Imashen que confiara en ellas. Que le contara todos sus oscuros secretos, ellas no juzgarían y además le abrazarían en un tranquilo sueño reparador.
    Así que Imashen, seducido por esas promesas susurradas por el viento, el mensajero de Selûne. Así que Imashen encaprichado con esa dama y sus lágrimas le contó todo. Después de todo, esta dama tan hermosa y amable era la madre de Mystra. De seguro la madre le contaría a su hija que uno de sus seguidores le necesitaba.
    Necesitaba guía, cariño y protección.
    Relató entonces toda su vida nieva, haciendo hincapié en los detalles. No se cohibió, no negó el placer de la matanza, la euforia del combate, el beso calido del alcohol en vino tinto, la muerte de otro adorador de Mystra; Erta... en fin. Le contó todo. Incluso sobre esos escalofríos que sentía en ocasiones, esa depresión, y esa memoria tan inestable que sospechaba poseer.
    Luego siguiendo el consejo de la luna, escribió sus observaciones sobre el espíritu de los mortales en su diario y durmió placidamente.
    De alguna forma remota, el movimiento de la carreta le hacía pensar en una sensación curiosa y antigua. No se dio cuenta, pero ese movimiento era idéntico al que hace una madre cuando mece al niño.


    ***


    Estaban los dos en esa oscura habitación. La celda era mil veces más lúgubre, infecciosa, y asesina de la que recordaba. Incluso el habiente presentaba similitud con las oscuras alcantarillas de Eltabbar y la taberna de mala muerte.
    Todo eso junto, más una neblina oscura que cubría todo el suelo.
    Imashen estaba parado en el umbral, con su armadura nueva y su espada usada en cientos de batallas antes de las de ahora. Miraba con terror en sus ojos a la figura al otro lado de la pared. Una figura de cabello tan largo que acariciaba el suelo, de poderosos músculos y con sus muñecas de guerrero apresadas por dos grilletes. Los grilletes colocaban a la figura en una posición incomoda, al sostener sus brazos en vilo en el aire, mientras que sus muñecas cargaban todo su peso al las piernas fallarle.
    Ese prisionero era El Bersérker. Nacido en esa misma prisión, pero liberado hace menos de un día, en una mortal confrontación. No obstante, El Bersérker volvió a su jaula al final de la confrontación. No sin antes drenar una considerable porción de fuerza de Imashen.
    Ahora El Bersérker estaba ahí, el bravo guerrero lo miró de repente con esos ojos de fuego azul y le demandó a que le liberase.
    Pero Imashen no podía moverse, estaba paralizado de terror del más puro y simple. La mera Imagen de se hijo de la ira le robaba el aliento y hacía que su piel palideciese.
    El intimidante ser le exigió de nuevo su liberación, pero Imashen no se movió. Tal vez lo más intimidante de todo, era que El Bersérker no hablaba en lo absoluto. No se quejaba, no mostraba ni una mueca en ese rostro desfigurado por la ira y con barba espesa y de largísimo melena. No, solo miraba al chiquillo con esos ojos de fuego azul sobre pupilas verdes grisáceas.
    Imashen despertó, sin embargo nunca se enteró de la tercera figura, tal vez el canto de esa moneda, con rostros diferentes en cada lado.


    ***


    El grito de una flecha incrustada en el hombro de uno de los espías, fue tan lastimero que pudo haber despertado a cualquiera. El miliciano criminal se arrancó la flecha de un solo tirón mientras que con su misma mano cogía su espada. En balde, ya que su vida fue apagada por una tres flechas más. Una de ellas golpeando un punto vital de su cuerpo.
    Luego de que el resto formara con sus escudos como muro defensivo, los bandoleros dejaron de arremeter con flechas desde los árboles a diez metros del camino, y se lanzaron con armas colocadas y con vista hacia su nueva presa.
    Los espías, quienes eran soldados retirados de Zhay, eran hombres entrenados, algunos con flechas incrustadas en sus cuerpos, pero recuperados de su sorpresa inicial. Luego de este duro golpe lograron recomponerse de la sorpresa inicial y revelaron su arma secreta.... una pequeña lanza aerodinámica para largas distancias, pero muchísimo más mortal a cortos pasos. Las cinco lanzas volaron cuando apartaron su escudo y tumbaron a exactamente cinco bandoleros.
    Cinco de la veintena que se cernía sobre ellos.
    Ragmazh no estaba cuando Imashen se lanzó hacia el lado opuesto de la carreta, en busca de cobertura contra esos proyectiles de inicio del conflicto. Hubiera sido todo muchísimo más fácil. Recordó justo antes de caer bajo el sueño protector de Selûne, que Ragmazh había avanzado en pos de averiguar el terreno. Ahora cinco soldados, un Amo de los Espías y un joven rashemí se preparaban para enfrentar una horda de bandoleros en plena noche.
    No era necesario decir, que cuando las flechas detuvieron el vuelo y los bandoleros se dirigieron hacia el muro defensivo, Imashen tomó posición, saltando hacia la carreta de nuevo y luego sobre dos bandoleros, los cuales chocaron contra la pared de escudos.
    En el suelo fue confuso, pero guiado por puro instinto de supervivencia, el joven guerrero rodó inmediatamente fuera del combate, se levantó y afianzó sus pesadas botas de hierro a el suelo y preparó su espada para recibir el garrote de su nuevo rival, un asaltante que creyó que el joven sería una presa fácil. Esa armadura parecía de su talla, pensó el bandolero.
    Pero su garrote era un arma demasiado cruda como para enfrentar la estética y fina eficiencia de una espada. Tan pesado era ese garrote con clavos, que Imashen pudo asestar dos certeros golpes en el pecho de su enemigo, justo antes que este atacara. No lo haría, estaba muerto.
    Un nuevo enemigo, muerto luego de compartir un par de estocadas.
    Y así la quincena, decena... eh par de asaltantes fueron cayendo uno a uno. Sin haber podido igualar la furia del chico, ni la eficacia de soldados experimentados.
    Imashen sonrió, no necesitaba al Bersérker. Podía arreglárselas solo.

  6. #16
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Maur y Lerianna
    XII








    Se podía apreciar la falta de sueño en los ojos del elfo. No había dormido en las últimas treinta horas, y más preocupante era que en todo ese tiempo había practicado una tarea físicamente extenuante.
    Pero no le parecía importar al maestro acechador. No, no le importaba en absoluto. Tampoco parecía dañar de alguna manera sus habilidades de combate, pensó el legionario.
    La daga y el sable estrangularon la espada corta del soldado, como si de dos serpientes se tratase, luego de ese abrazo de metal, Maruellen dio un giro con sus dos muñecas y le arrebató la espada al sorprendido hombre. La espada corta todavía estaba siendo aferrada por los dos filos así que luego el cazador completó la maniobra defensiva y con un giro de su cuerpo y un movimiento de sus brazos arrojó la espada lejos, bien lejos. Fuera del alcance de alguien que ahora tenía los dos filos amenazando su cuello
    -Nunca jamás – dijo lentamente el elfo, dando énfasis en cada una de sus palabras – me desobedecerás tan descaradamente. Es más cumplirás mis ordenes de manera ejemplar. Los zulkires me han dado total libertad para el cumplimiento de esta misión... de esta caza.
    El hombre, el veterano de cientos de combates, que le había mostrado la ciudad hace un par de días, quedó estupefacto y luego asintió con su cabeza.
    -Buen perro – dicho esto Maruellen retiró sus espadas y luego de dio una grácil patada en la cara, pegándole justo entre los ojos.
    No tengo que decir, que el hombre fue capturado con los pies mal plantados y cayó al suelo.
    -Hombres... – musitó el elfo, el cual había ganado más respeto antes sus efectivos.
    -Elfos – susurró Eshig, excitada de las proezas de ese cazador tan talentoso.
    Habían salvado una gran distancia, y estaban a menos de medio día de la caravana de sus presas. Pero eso último nadie lo sabía, ya que Maruellen anhelaba que primero Ragmazh le guiase hasta su tribu oculta.
    Separado un par de kilómetros de sus hombres el elfo hacía sus faenas de rastreador.
    Y era un maestro de su arte, había detectado las huellas de sus perseguidas víctimas con una facilidad admirable.
    Pero claro, todo era demasiado obvio, y a pesar de que su hambre vengativa le robaba el juicio en ciertas ocasiones, se dio cuenta de que era una trampa. Casi parecía que el orco quería que le siguiesen.
    ¿Pero que se traía Ragmazh entre manos?
    Maruellen no podía pensar. Ya que mientras más lo hacía, más aumentaban sus miedos de la verdadera capacidad estratégica de su tan odiado enemigo. Pero al menos, sus padres parecían haber sido guerreros poderosos que cayeron bajo la pica de un épico monstruo.
    Y eso le daba esperanzas de sus propias habilidades. Abstraído en sus pensamientos el elfo pasó largo rato con los ojos cerrados, meditando y quedándose dormido ahí arrodillado con la tierra en las manos. Lejos de las nociones del tiempo, lejos de la cacería. Lejos de todo.
    No supo cuanto tiempo pasó, meditando, descansando. Pero cuando se dio cuenta que estaba tan desprotegido soñando en la intemperie, se puso de pies rápidamente y con sus manos en las empuñaduras de sus armas.
    “Qué vergüenza” se dijo. ¿Cómo había podido abstraerse tanto del mundo? Quedar con la guardia tan baja, justo cuando se presa s ele escapaba...
    “No, no se escapa” entendió. Luego pensó en que se merecía un descanso, y no había problema. Ragmazh no tenía intención de escapar de él.
    -¿Qué es lo que quieres?- preguntó en voz alta en el tono más respetuoso que había hecho en su vida...
    Y mientras hablaba con los vientos, Maruellen acariciaba La Picasangrienta.

    ***

    El grupo estaba formado por la elite de centuriones; unos doce hombres más Eshig y Maruellen, y detrás de estos estaba el mago de los ojos poderosos con un séquito de aprendices que jalaban mediante conjuros un gigantesco carro de madera que medía unos siete metros de largo y cuatro de ancho; y que además no llevaba provisiones sino una gigantesca figura inmóvil y envuelta con un fardo. Pero todos e habían detenido a esa hora decimotercera de marcha. bajo la orden de Maruellen
    No habían descansado y no tenían expectativas de descansar en mucho tiempo. Se detenían a veces cuando Maruellen se adelantaba a inspeccionar el terreno. Pero no era un descanso suficiente como para ponerse cómodo.
    Grande fue la sorpresa de todos cuando Maruellen dijo que descansarían un largo rato. Todos se dejaron caer al suelo y aplaudieron y dieron virotes a su líder, el que había sido humillado por el cazador hace unas trece horas, creyendo que gracias a él tenían este merecido descanso.
    Eshig fue la única que vio más allá de lo evidente, sin embargo confió en el cazador y preparó su petate.
    Era de noche y todos estaban agotados


    ***

    Bajo la luz de la luna, Maruellen se alejó del grupo, tropezando del cansancio físico sumado a esas casi cuarenta y cinco horas sin sueño. Sus ojos le pesaban y casi se cae del risco donde se había retirado para combatir sus demonios.
    Zhay era una tierra escarpada, de largas planicies con poca vegetación salvo esos pequeños arbustos. Sin embargo conservaba esa belleza natural virgen. Y el frió seco le recordaba a Maruellen al Norte.
    En verdad las tierras eran salvajes en el Este Inaccesible, Maruellen se preguntó como los magos podían vivir recluidos en sus torres y los ciudadanos en sus trabajos esclavizadores. Cuando podían vivir en esta tierra dura y fría. La tierra de los rashemies.
    Su mente volvió a pensar en el chico mientras se arrodillaba y adquiría una posición disciplinada. Pensó en ese joven solitario que no tenía a nadie más que al orco. Nadie que le enseñase los caminos de este mundo hostil y salvaje... en este mundo incivilizado, en el cual Maruellen podía vivir toda su larga vida.
    Justo en ese momento llegó la persona que esperaba... o debería decir animal.
    Puesto que la silenciosa figura era un lobo blanco, más grande que el promedio, pesaría el doble o el triple que un mero lobo. Su pelaje era como el brillo de la luna y sus ojos eran color celeste. Con un reflejo sobrenatural de inteligencia y sabiduría.
    El gran lobo blanco acerco su hocico al cuello de Maruellen y respiró sobre él. Su aliento era gélido y olía a orco... a viseras de orco.
    Su fiel compañero en todos sus viajes, el mismo lobo que había acompañado a los padres del elfo en sus viajes, el último de esa orgullosa camada.
    -Me has encontrado vieja amiga... dime si has encontrado a nuestra presa.
    La loba asintió, pero de manera lenta. Como si no quisiese que Maruellen se enterara de sus hallazgos. No obstante el animal no podía mentir y Maruellen era su amo, al que obedecería siempre sin importar que tanto haya cambiado desde la muerte de Maur y Lerianna.
    -Buen chico, luego nos dedicaremos a tus descubrimientos. Ahora tengo que responder unas preguntas.
    El lobo giró su cabeza hacia un lado, como hacen los perros cuando te miran intrigados, pero con un resplandor en sus ojos que preguntaba a todas luces: “¿Por fin lo harás?”
    -Sí mi amiga – dijo mientras le acariciaba detrás de sus orejas y luego en ese punto que le causaban cosquillas a los caninos. El lobo apretó el hocico y movió una de sus patas traseras de manera rápida.
    Las cosquillas le agradaban.
    -¿Qué me dices del chico?
    El lobo bajó la cabeza en un gesto impotente.
    Los pensamientos de Maruellen volvieron al joven. El rashemí tenía habilidad eso era seguro, nunca había visto un guerrero humano tan poderoso. ¿Pero cuál había sido el catalizador para tanta destreza sin cánones? Todo había comenzado cuando...
    -¡Por Corelon! – gritó en la oscuridad y su loba elevó la vista hacia él. Completamente consiente de los últimos pasos que su amo había dado en su madurez.
    Y toda una gama de pensamientos cruzaron por la mente del elfo.
    -¿Qué he hecho? – Dijo mientras observaba a su compañera – maté a ese viejo humano, hice lo mismo al chico... lo mismo que Ragmazh me hizo a mí.
    La loba le observaba.
    -¿Pero que demonios estoy hablando? Son humanos, están debajo de nosotros. Mi venganza vale la vida de cientos, no miles de hombres.
    El lobo sabía que se mentía así mismo, pero fue un gran paso el que dio Maruellen y dio por finalizado el día.
    -Protégeme mientras medito. Mata a quien quiera acercarse a mí a por lo menos cien metros. ¿Queda claro?
    La bestia movió su cola.
    -¿Para que pregunto? Siempre pareces entender más que yo.
    Su compañera le lamió la oreja y desapareció en la noche, dispuesta a vigilar a su amo mientras estaba desprotegido.


    ***

    El sueño lo carcomía, pero se consoló pensando que pronto dormiría, y mucho. Su lobo estaba en los alrededores y podía meditar tranquilo.
    Su mochila tenía mucho más que simples víveres, ya que además de que tenía amarrada su arco y carcaj; y junto a estos la tan mortal Picasangrienta, también llevaba con sus libros de conjuros e ingredientes mágicos.
    El círculo de plata mágica pulverizada estaba perfecto, y el fetiche brillaba a la luz de la luna llena, a la cual Imashen le contaba todos sus secretos.
    Luego de terminar el círculo, Maruellen volvió a abrir su libro de conjuros. Un tomo que superaba por mucho a los libros de los magos Rojos, llenos de hechizos nigrománticos y demonología de principiantes.
    No, el libro de Maruellen era mucho más poderoso que todos esos juntos. Y claro, que el elfo no era estúpido, a pesar de menospreciar tanto a la raza de los hombres, de los “simios sin pelo” como tanto decía, Maruellen sabía que eran peligrosos y avaros, así que les pidió a sus primos medio-elfos a que le dieran un objeto poderoso.
    Tan poderoso que distorsionara La Urdimbre a su alrededor para hacer su magia indetectable. Y lo logró, ya que los Magos Rojos no habían intentado arrebatarle sus objetos de poder.
    Claro, que intentarían matarlo. Pero ahora él estaba en sus dominios, y nunca le encontrarían.
    Con una palabra de poder, las runas del libro se calentaron, haciéndolas visibles a su espectro infrarrojo; tal como sus congenies, los drows hacían en su mundo subterráneo para leer sus libros de saber cuasi ilimitado.
    Pero claro, con la luz de la luna Maruellen podía ver de manera casi perfecta, sus ojos absorbían la luz y la reflejaban. Sin embargo Maruellen no quería cometer errores.
    Leyó por enésima vez el mismo texto. Hasta que seguro de sus habilidades mágicas lo cerró y preparó en su hábil mente los procedimientos para conjurar las fuerzas más allá del todo.
    Sentándose en el círculo de plata pulverizada, junto a el arco de su madre, las espadas de su padres y la Picasangrienta; la cual era no necesaria pero que mejoraría el éxito de su encantamiento.
    Luego colocó una poción de un líquido cristalino ante él y musitó una oración para Labelas Enoret.
    La sustancia burbujeó y brilló en la oscuridad. Maruellen se la bebió toda de un solo trago y luego fumó de su pipa, llena de esa hierba que se encuentra en el Bosque Alto. Todo estaba listo. Su mente estaba distante mientras el humo embriagador se elevaba fuera de su nariz y boca. Haciendo un gran esfuerzo, concentró su mente drogada y dio otras oraciones para después preparar la letanía del conjuro.
    Lo musitó en la oscuridad con voz melódica.
    Y justo cuando termino con la última palabra perdió el conocimiento y su mente viajo por los hilos del tiempo. Veinte años atrás.
    Su cuerpo quedó ahí con la espalda erguida y las piernas entrecruzadas, bajo la atenta mirada de Yergalí, su lobo de hielo.


    ***

    La pareja era hermosa, grácil y alta. De melenas largas e hipnotizantes, De color negro en el elfo y amarillo en la elfa. Y con una estrategia tan perfecta que causaba una mortandad implacable entre los orcos.
    Las cuatro espadas, dos idénticas, cada gemela en una de las manos de la pareja. Mientras que el elfo llevaba un sable en su izquierda y su contraparte femenina una daga.
    La danza de las espadas cortaba y rebanaba y atravesaba las filas orcas. Cada uno luchaba codo a codo en una rutina ya practicada hasta la perfección.
    Maur rebanaba el brazo de un orco en un intento para que su hacha no se cerniera sobre su amada y luego se giraba hacia otro, mientras que la daga de Lerianna atravesaba la garganta del orco mutilado por la espada de su esposo.
    Y así combatían, hiriendo cada uno el orco que se enfrentaba a su pareja o paraban las armas que atacaban a su amante.
    Y así los seres comenzaron a morir y recular, sin saber como atacar o defenderse de esas hojas encantadas. Pero no podían huir por que luego los elfos utilizaban sus arcos, con los cuales eran más letales.
    O se cernía ese gigantesco lobo blanco que los atacaba cuando intentaban escapar.
    Los brutos restantes, media docena de los veinte que servían como la guardia personal de Ragmazh se alejaron unos pasos, con sus armas temblando en manos presas del miedo.
    Pero luego apareció un orco con una larga melena y con grandes orejas y atacó a los elfos con sus dos sendas hachas.
    Las hachas arrojadas contra cada uno fueron detenidas o esquivadas de milagro mientras que los elfos fueron atacados por inspiradas tropas orcas, las cuales sabían que sus rivales se encontraban fuera de balance.
    Pero justo cuando creían ver a la muerte reclamando sus almas, su gran lobo blanco derribó a varios orcos. Los mordió o asesinó con ese mortal aliento helado.
    Luego con fuerzas reanimadas los elfos comenzaron a matar más y más brutos malolientes.
    Todo el bosque montañoso era víctima de una sangrienta batalla. Entre los cazadores elfos y una tribu orca que escapaba de la destrucción de la torre de cristal, allá en el Valle del Viento Helado.
    Maur y Lerianna, la pareja capitana de los acechadores del bosque alto quiso dar fin a esta banda bestial antes de que causara algún mal sobre los valles de los hombres.
    Y ahora estaban aquí, acorralados por los tan subestimados brutos, que resultaron ser más viciosos cuando fueron acorralados. Y más inteligentes, ya que en el inicio de la batalla habían acabado con casi un cuarto de las tropas élficas.
    Pero claro, eso fue antes de que se reagruparan. Ya que los elfos demostraron tener más disciplina en el combate. Pero de todas formas el ataque sorpresivo de los bárbaros resultó ser desconcertante.
    Sin embargo no había tiempo para pensar en las razones de tan magistral maniobra, ya que la bestia líder se lanzó sobre ellos luego de darle un manotazo al lobo.
    Pero su carga demencial fue detenida cuando las cuatro espadas atravesaron su cuerpo.
    -¡No Grush!
    El grito de dolor paternal fue tan demoníaco en sonido que incluso los dos orcos que quedaban fueron abrumados por el terror, mientras que en los niveles inferiores se escuchaba como un rugido abismal.
    Como un trueno prometiendo una tormenta devastadora.
    No en balde, ya que el verdadero líder, Ragmazh Picasangrienta, padre del bruto que se había lanzado sobre los elfos totalmente desarmado y desnudo.
    Y cada uno de los elfos cercanos se interpusieron para socorrer a Maur y Lerianna.
    Y cada uno de los elfos cayeron tal cual víctimas impotentes bajo La Picasangrienta.
    La furia y experiencia del avatar orco no tenía parangón, incluso entre la pareja élfica con cientos de años encima.
    -¡Mataron a mi hijo! ¡Mataron a mi hijo! – gritaba Ragmazh en las decenas de lenguas que conocía.
    Y los líderes de la partida de elfos se prepararon para otra carga demencial.
    Lerianna preparó su arco de tejo negro y lanzó dos flechas que se clavaron en el pecho del orco.
    Pero nada detendría el avance del descomunal ser, ni siquiera un millón de flechas disparadas por ese arco negro.
    Maur preparó sus espadas y defendió a su amada del corte de la hojilla de la pica.
    Fue lanzado a un par de metros con uno de sus brazos rotos.
    -¡Padre! – gritó en élfico un elfo con melena cobriza.
    Ragmazh le identificó, y supo lo que dijo ya que conocía el idioma de sus enemigos.
    -¡Ustedes mataron a mi hijo, ahora yo mataré al suyo hijos de puta!
    Pero cuando se giró para cortar en dos al indefenso elfo, que se había desmayado por la visión de tan invencible monstruo cerniéndose sobre él, una flecha se clavó en su musculosa nuca.
    -¡Perra de mierda! – grito en su lenguaje gutural.
    La elfa preparó dos flechas más, pero supo que era su fin cuando la pica había atravesado su cuerpo. Fue su perdición cuando subestimó al guerrero tribal, ya que un amago de corte horizontal la había engañado, pero justo en el último segundo, el orco había cambiado su postura y la había atravesado con la punta de su lanza en una estocada avasallante.
    Con un grito de dolor Maur cargó contra el orco y le dio un par de cortes que hicieron al bruto retroceder. Justo para que el elfo arrojara su espada, rodara y cogiera la espada hermana de la suya que portaba su amada.
    -¡Te vengaré! – juró mientras sus espada gemelas brillaban en un fulgor blanco y se movían en una velocidad impensable, antinatural.
    Y casi la victoria fue suya, pero ciego bajo el odio y el prejuicio no vio la maniobra en la cual el orco giró su arma como si quisiera dar un golpe exagerado y estúpido, al modo de los orcos, y luego le golpeara el abdomen con la punta al extremo de la pica, la cual le sacó el aire al elfo y daño sus órganos interiores. Para luego golpearlo con el asta de su arma y romperle los dientes.
    Maur cayó partido en dos por el filo de su alabarda.
    Yergalí recuperó el sentido justo al ver la muerte de sus amos. Iba a atacar al descomunal bruto cuando escuchó el llanto de un Maruellen más joven.
    Decidió que el último deseo de sus amos hubiera sido que pusiera a Maruellen a salvo, la gran loba se esquivó el golpe de Ragmazh saltando sobre el, y luego se llevó al chico mordiendo su capa y arrastrándolo lejos del combate.
    Yergalí salvó al chico, pero se preguntó si salvaría su alma de ser devorada por la venganza...


    ***

    Lo primero que sus ojos llorosos vieron cuando se hizo de día, fueron los grandes ojos celestes de la loba.
    La abrazó y lloró.

  7. #17
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Nunca confíes en un Amo de los Espías...
    XIII







    Los cadáveres eran simples granjeros que decidieron ganarse el sustento de otra manera. Por lo tanto no había ningún botín digno en sus cadáveres masacrados.
    Imashen observó con pena al ex-legionario que murió debido a las flechas. Una lástima morir por un ataque tan cobarde.
    Pero claro, la existencia de este sujeto era cobarde. Con solo observar en el trabajo en que se encontraba, ¿Cómo no dudar de eso? ¿Cuántos cientos de personas torturó por un pago?
    ¿Cuántas cientos de familias destrozó?
    Pero Imashen recordó que el había hecho lo mismo, sin embargo era diferente...
    ¿Lo era?
    “Por supuesto que sí” Se dijo, “maté a unos criminales”
    <<Y sin embargo, incluso ellos tienen familias... todos fueron el niño de alguien. Por suerte, estamos encima de todos ellos, ¿Verdad joven guerrero?>>
    La voz le asustó por un instante. Se giró para buscar a la persona o cosa, dueña de tan espeluznante voz. Pero no había nadie.
    Ahí estaba el chico, atrás de la caravana al lado del cadáver de ese canalla.
    La voz, un grito susurrado, no fue escuchada más, e Imashen la ignoró al instante.
    -Te haré un favor – le dijo al cadáver mientras le quitaba su escudo de torre, sus dos espadas y una ballesta.
    “De todas maneras, no las usarás en el infierno.

    ***



    Avanzaba a paso veloz, con todo ese aire matutino invadiendo sus pulmones libres. Se sentía único, completo... invencible. Mientras corría y verificaba el terreno, Imashen no pudo más que regocijarse.
    Era libre, y si moría lo sería también. Y eso que no estaba en su hogar, sino en la maldita tierra de Zhay.
    Tan solo era capaz de imaginar la belleza de Rashemen.
    Era toda una visión que contemplar ahora. Un chico de tez clara pero con un tono bronce, de un metro setenta y cinco, de cabello negro abundante y mecido por la fuerte brisa de la mañana. Con una capa roja escarlata meciéndose tal cual sus cabellos y ese sombrero de guindando de su cuello. Y con ese rostro joven pero asesino, con una nariz un tanto circular y esos ojos verdes escarlata, a los cuales eran rodeados por un par de quemaduras negras que recorrían su rostro como lágrimas.
    Y sin olvidar esa armadura de cota de malla, la cual protegía todo su torso y terminando en un faldón que protegía sus piernas. Pero ahora con un escudo de torre a su espalda junto a su gran acero y una ballesta. En la cintura llevaba dos espadas de doble filo y los virotes de la ballesta en un pequeño estuche. Y sin olvidar el arma que se comparaba con su espada de dos manos, en lo que impacto psicológico se refería: el guantelete armado.
    Cualquier persona común o bestia pensaría que era un guerrero brutal, un asesino que los atacaría sin pensarlo dos veces. Esas armas prometían una muerte segura e innegable. Pero para cualquier persona de corazón puro y alma observadora; tal vez una de las siete hermanas, Elminster, o algún cazador benigno, podría indagar más en esos ojos silenciosos y verdes. Indagar y descubrir que el espíritu de Imashen no era asesino.
    Era un espíritu de un animal salvaje, que si le acorralaban prometería la muerte de alguno de los dos bandos involucrados.
    Con solo ver la serenidad con la cual observaba el paisaje, se era posible dar cuenta de esos secretos ocultos en su alma maltrecha.
    Sin embargo había un par de ojos observándole, no para descubrir sus secretos, sino para darle caza.
    Los dos ojos azules envueltos en niebla celeste y bruma oscura aparecieron de la nada. Ahí mismo frente a nuestro guerrero.
    Su sola visión hizo que Imashen cayera de espaldas completamente asustado. Uno de los globos oculares giraba frenéticamente, buscando cualquier retaso de información que pudiera absorber, mientras que el segundo rajó a Imashen con su mirada penetrante.
    El joven sentía como indagaba en su interior, absorbiendo el miedo, regocijándose en su terror.
    -¡Te encontré! – fue el susurro que le llegó al joven.
    Y tan pronto como aparecieron se esfumaron sin más.
    Un segundo después, esa hambre, esos escalofríos y desosiego invadieron a Imashen.



    ***
    -¡Ha ha! ¡Te encontré maldito perro rashemí – gritó el mago de los ojos poderosos mientras se regocijaba con su triunfo.
    Maruellen había vuelto de su meditación previa al conflicto, el que prometía desembocarse de una vez por todas. Llegó y encontró a sus efectivos descansando, salvo los tres magos que el halló en medio de la ejecución de un conjuro de adivinación, utilizado para encontrar retazos información y dar con el paradero del joven.
    -Mucho mejor que cualquiera de tus intentos sin duda – se burlaba el mago frente la cara de Maruellen.
    El elfo no pudo más que reír, ya que hace una noche su lobo ya había encontrado a sus presas.
    -Dime entonces, ¿Por qué nunca lo habías hecho desde un principio? Antes de que tuviéramos que cazarlos en la intemperie.
    -¡Hmph! – tartamudeó el mago antes de dar con la respuesta unos segundos después – eso se debe que el chico hace difícil la ejecución de cualquier magia para dar con su paradero.
    -Vaya, ¿Cómo lo lograsteis esta vez?
    -En vez de hacer que se manifestara el conjuro, tuve que dar origen al conjuro desde aquí y buscar por los alrededores.
    -Bravo.
    -Está a menos de un día de marcha...
    Maruellen supo que no podría retrasar más la cacería. En verdad quería dar con la tribu oculta de Ragmazh, sin embargo quería conservar su propia vida siendo útil para los Magos Rojos.
    Tal vez el mago utilizase un conjuro para hacer que Ragmazh hablase...
    -Manos a la obra...
    De repente un escalofrío corrió por su cuerpo, o al menos intentó hacerlo. Maruellen casi fue la presa de un conjuro dirigido hacia el, con el solo propósito de averiguar sus pensamientos.
    Sin embargo ese broche de platino, con los poderes para anular cualquier magia de detección hacia el, le salvó de que indagaran en su mente.
    Como buen actor que era, Maruellen fingió un semblante recio, aunque estaba asustado. Estaba completamente rodeado de enemigos.
    -No vuelvas a intentar eso... – dijo en el tono más calmado que pudo emular.
    -¿Cómo es que...? – preguntó asustado el mago de que su magia fuese inútil.
    -Soy un elfo, estúpido anciano. Tu magia infantil está muy por debajo de mí. Además tendrías que luego meterte en mi mente. La cabeza de un animal. No encontrarías más que deseos a corto plazo.
    Todos le miraron callado.
    -¿Por qué crees que me contrataron? No solo para dar con tu queridísimo experimento. Sino además porque podré combatir sus habilidades poco usuales.
    Maruellen rezó a Corelon por la victoria de sus mentiras.

    ***

    -Ragmazh, no pude dejar notar que tus botas...
    -Sí, piso más fuerte de lo normal, tienes razón.
    -¿Pero para qué...?
    -Quiero que el elfo de con nosotros.
    Imashen lo recordó todo, el asesinato de Erta, su combate con el cazador y la proposición de un último duelo.
    -Piensan traicionarnos, Imashen. –Dijo el orco al impresionado joven –Pensaban traicionarnos desde el principio, pero no iban a entregarnos en Eltabbar, donde luego serían capturados por sus acciones ilegales. No, piensan entregarnos en un pueblo donde los cabecillas puedan ser engañados o corrompidos fácilmente.
    -Pero... ¿No es amigo tuyo?
    -Algo que debes aprender... que en alguien que miente a diario, que destroza vidas por beneficio propio y que avaricia por un brazo cada vez más largo, no se puede confiar. Menos aún cuando hay una recompensa tan jugosa por mi cabeza y tu vida. Sus ambiciones, sus anhelos están por encima de su lealtad y deber.
    “Por eso los traicionaremos primero.
    Imashen no dijo nada mientras seguían caminando.

    ***

    Al parecer, Corelon Larezhian escuchó sus plegarias ese día. Maruellen prometió que sacrificaría un cordero después de esta aventura.
    Iba en la delantera, rastreando la inequívoca trampa de Ragmazh.
    Menos de un par de horas.
    -Atacaremos de noche, quiero que ninguno escape....

    ***


    El día transcurrió de prisa para Imashen. Las expectativas de una nueva aventura lo emocionaron. También fue el avistamiento de un lobo blanco en unos matorrales. La criatura luego había escapado a unos bosques, aunque ya con solo mirar a una bestia tan fascinante le animó.
    Se sentía como ese lobo... corriendo sin cansarse demasiado, a pesar de llevar puesto tanta indumentaria encima.
    Se habían unido al grupo una nueva escolta de varios reclutas para la cofradía, aunque pudieron traicionarlos en ese mismo instante, no lo hicieron. La pequeña ciudad no era lo suficientemente grande como para que su opio se vendiera de maravilla. Era obvio que el Amo de los Espías quería matar a dos orcos con la misma flecha, creando su nueva célula y entregando a los fugitivos en la misma ciudad.
    Pronto su glotonería sería su perdición.
    Imashen no se preocupó mucho, aunque era un novato en estos asuntos de complots y traiciones, apuñalamientos por la espalda y especulaciones, Imashen sabía que Ragmazh lo tenía todo planeado. Así que se relajó jugando al lobo cazador todo el día.
    Y pronto llegaría la noche.
    El centenar de hombres, los necesarios para formar una nueva célula criminal acamparon cuando llegó la ocasión de descansar. Todos embriagados por las promesas de un futuro fácil.
    Todos apunto de morir.
    Imashen y Ragmazh a tardías horas de la noche asesinaron a los guardias encargados de vigilarlos discretamente.
    Se movían discretamente por la tierra, serían espectros para cualquier incauto.
    Y pronto llegarían al bosque del lobo, para luego escalar un accidente rocoso hasta llegar a una colina y ver el aniquilamiento de una banda demasiado confiada.



    ***
    Yergalí pudo atacarlos, vaya que sí. No le tenía miedo a nada ni nadie. Una sola probada de su mortal aliento podría dejarlos sin poder defenderse... se pudo haber cernido sobre ellos después.
    Pero la propia bestia se retuvo, tan solo oler al chico la hizo recular.
    Había algo en él, algo bueno y puro...

    ***

    Las grandes llamas anaranjadas, los gritos de muerte de los bandidos a manos de soldados expertos.
    -Nunca confíes en un Amo de los Espías... – soltó Ragmazh.
    -Pero mucho menos confíes en un guerrero sin nada que perder...

  8. #18
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Muchas Promesas hechas...
    XIV





    Este juego le encantaba... y mucho.
    La sola sensación de tener todas las ventajas, de jugar con su asustaba presa, era suficiente como para darle un cosquilleo por todas sus extremidades. Era un lobo salvaje cazando a un pequeño e insignificante venado. Un venado que había cometido una inmensa cantidad de crímenes, pero que además poseía la información para dar con los otros, y muchísimo más valiosos, premios.
    La capa, que ahora poseía un color verde mohoso, impedía que el cazador fuese avistado por ojos incautos. Mientras que sus botas de cuero y su poco peso impedían que alguna rama hiciese ruido alguno.
    Porque Maruellen se movilizaba entre rama y rama, con agilidad grácil e incomparable para su presa. Saltó a otra en perfecto equilibro, y luego a otra. No era necesario decir que podía acabar con esta cacería cuando quisiera, es más, decidió hacer que una de las ramas del árbol donde se encontraba estático, se rompiera para que el ruido asustara a su venado.
    En efecto ocurrió y el Amo de los Espías tropezó estrepitosamente luego de correr mirando hacia atrás. El elfo, Maruellen le había dado caza creyendo que su víctima le llevaría hasta sus anheladas presas, sin embargo se percató que su víctima parecía perdida en la penumbra del bosque.
    “Una lástima” Se dijo.
    Toda caza termina con un temido gran final, y esta no sería la excepción. Maruellen preparó su arco de tejo negro, sin embargo se negó rotundamente a hacerlo, así que saltó hacia el Amo de los Espías con sus armas en mano.
    Quería practicar más su esgrima, aunque sabía que tenía todas las ventajas en este encuentro debido al factor sorpresa. Sin embargo pensó que algo de calentamiento no estaría nada mal.
    Todo su peso muerto impactó al Amo de los Espías en su espalda, luego de esto saltó hacia un lado y preparó sus armas, esperando que su contrincante se pusiera de pie y atacara. En efecto lo hizo y esas dos dagas buscaron el cuello del elfo. Pero ese deseo no se cumpliría, ya que Maruellen fue muy rápido y las detuvo. Pudo haber contraatacado, su enemigo estaba asustado y desesperado, pero no dispuesto a morir cómo había pensado el elfo, así que Maruellen se reprimió las ganas de rematarlo de un solo golpe.
    Quería practicar más, aunque el estilo de pelea del maestro cofrade no era el mismo que el de Imashen ni muchos menos Ragmazh, de algo le ayudaría practicar un poco antes del final de todas las promesas.
    Los molinetes, paradas, ataques y contraataques siguieron. Todos infectando el ambiente con los sonidos chocantes de acero contra acaro. Y ninguno capaz de pasar apuros a las defensas de Maruellen como ese último encuentro.
    El encuentro contra una fuerza primordial, básica... su encuentro contra la violencia encarnada.
    Pero pronto Maruellen se aburriría y decidiría que no era bueno perder su tiempo en este juego, en esta práctica que no parecía otorgarle ningún beneficio.
    Salvo aumentar su autoestima, su seguridad. Otorgarle de nuevo la idea de que sus años de entrenamiento habían valido la pena. De que era una fuerza a la cual temer.
    Un ligero corte le arrebató una daga de la mano al venado, mientras que un molinete le quitó la otra.
    Ahora, luego de recibir una patada en el rostro, el bandido yacía indefenso en el suelo.
    -¿Dónde están? – dijo secamente Maruellen con su sable sobre el cuello de su víctima.
    El tipo le contó todo, sobre como seguía su rastro pero se perdió al escuchar ruidos, de cómo había deducido de su viaje hacia el noroeste.
    Suficiente para Maruellen, que le dio muerte ahí mismo a pesar de las súplicas de su presa.
    “Todos con poder temen a perderlo” se dijo el cazador.


    ***

    Aligeraban en la oscuridad, tenían que ganar terreno y alejarse lo más posible de sus perseguidores. Sin embargo con el tiempo decidieron descansar. Ragmazh se negó rotundamente, dijo algo de un lobo, pero al final decidió que era lo mejor.
    Y en efecto, los ojos celestes de la gran loba los vigilaban.
    Durmieron poco, y se prepararon para el camino, andaban por los altos parajes, siempre en la vista a sus perseguidores.
    Menos a uno. A dos si cuentas a la gran loba.
    -Avanzan a buen trecho – dijo el viejo orco luego de escalar otro monte lleno de pedruscos, y con ese sol que se estaba tornando insoportable.
    -Sigamos... – propuso Imashen.
    Así siguieron los dos guerreros, cansados, con el gran peso de sus armas y armaduras y ese sol abismal.
    Nada podría robarles la libertad, eso se habían prometido.



    ***

    Se les acababan las provisiones, de eso estaba seguro el elfo. Pero no podría solo, tendría que seguirlos y esperar a sus tropas.
    Los ojos aparecieron frente a él.
    -¡¿Qué haces?! – preguntó el susurro casi inteligible.
    -Exploro... será mejor que se apuren, casi les tenemos. Me adelantaré y evitaré que sigan avanzando...
    -Excelente... estamos en nuestra mejor hora...
    Los ojos desaparecieron.
    -¿Hora? Difícilmente... yo diría día.
    El sol casi alcanzaba su cenit... y el día prometió mucho.
    -Yergalí ven... caza a un par de venados para darles un camino a seguir a nuestros incompetentes camaradas. Luego reúne a tus amiguitos para que los dispongan en el sendero. Pero que dos hagan el siguiente trabajo...


    ***


    El mago de los ojos poderosos estaba consternado. Había perdido mucho tiempo en la realización de su conjuro. Mucho del deseado, ya que el conjuro se había obstaculizado de la misma manera que en el caso del rashemí.
    Tal vez incluso más.
    -Este elfo no me agrada en lo absoluto... – dijo el mago a su hermosa guardaespaldas, Eshig.
    -No te preocupes... no estará vivo por mucho tiempo – prometió Eshig.
    -Por el bien de todos...
    Con el tiempo comenzaron a ver un sendero con uno que otro venado congelado cada kilómetro, con su cabeza apuntando hacia la dirección a seguir.


    ***


    La marcha acelerada... el extraño accidente con un pequeño grupo de lobos, en el cual habían perdido todos sus víveres, aconsejaban al par de guerreros a tomar otra medida menos elusiva... o de tal manera sugirió Imashen.
    -No podemos seguir... – dijo el agotado joven mientras escalaba otro nivel de el cerro – digo que los enfrentemos de una vez por todas...
    Ragmazh había pensado en esa opción, sin embargo sabía que consecuencias se cernerían sobre su alma si la ponía en práctica.
    La muerte del hijo de una tragedia que jamás debió ocurrir.
    -¡Ragmazh! – demandó el joven.
    -Por mucho que no lo desee... tienes razón – Imashen no entendió lo que el orco quiso decir, primera vez que parecía ser repelido por un combate.
    Los dioses le sonrieron ese día, ya que una gran dificultad se presentó esa tarde a sus perseguidores.


    ***



    -¡Maldición! – replicó al mago cuando la carreta con la gran figura embutida en harapos no podía subir el escarioso terreno.
    -No es posible mi maestro... – dijo uno de sus aprendices.
    -Comiencen el ritual cuanto antes... será algo más lento sin la presencia del joven, pero al menos lo tendremos para el encuentro...
    -Si señor – asintieron sus dos aprendices.
    La promesa hacia su esfuerzo estaba por cumplirse.
    ¿Quién sabrá las promesas que le hizo el liche?


    ***



    Imashen y Ragmazh se habían atrincherado en un accidente rocoso del frondoso cerro, el cual le ofrecía cobertura hacia proyectiles enemigos, una precaución la cual Ragmazh insistió en cumplir.
    Si maruellen venía, de lo cual Ragmazh no tenía duda, tendría que acercarse demasiado como para poder disparar su arco de tejo negro.
    Una distancia bajo el rango auditivo de lo sensibles oídos de Ragmazh, habituados a la Infraoscuridad
    Se preparaban para el conflicto final, la llegada de un largo periodo.
    Esperaban el cumplimiento de la promesa que habían hecho días atrás: ser libres o morir de igual manera.
    Y es que varios juramentos, promesas y finales amargos se encontrarían cuando estas tres fuerzas colisionasen.
    Un par de guerreros en busca de la libertad, un cazador solitario en pos de la venganza y una partida de hombres cumpliendo sus ambiciones y deber. Todas estas fuerzas colisionarían, y solo una saldría en pie, con todos sus anhelos cumplidos.
    El tiempo pasaba lentamente, mientras que Imashen y Ragmazh se preparaban mentalmente para el enfrentamiento ha lugar, pero estaban preparados. Ya que aunque se le habían arrebatado los víveres por culpa de unos lobos, un hecho que Ragmazh no lo tachaba de coincidencia, también habían robado varias armas, las cuales incluían lanzas y municiones para la ballesta de Imashen.
    Y es que Ragmazh también se había armado antes de partir. No llevaba armadura alguna, ya que sus dimensiones lo hacían un mal huésped para las armaduras comunes, las cuales hubieran tardado días para su fabricación exclusiva, sin embargo Ragmazh además de una decena de lanzas llevaba consigo dos hachas... y con eso le bastaba.
    O eso parecía prometerse a si mismo...

  9. #19
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    ...Y pocas promesas cumplidas
    XV













    -Señor... ¿cree que los fugitivos estén aquí? ¿En este bosque? – preguntó el legionario rudo y duro. Él y sus tropas estaban cruzando un frondoso bosque que impregnaba el cerro. Asustados todos de los débiles que resultarían bajo la perspectiva de un Ataque sorpresa.
    -¡Silencio...! – musitó el mago de los ojos poderosos.
    -Están aquí... – susurró Eshig con la gran espada en su mano.
    -Pero.... ¿Dónde señora?
    El grupo se había engordado por sus nuevos “reclutas” decenas de espías reclutados en la matanza de la noche anterior, un grueso de ellos con una vieja instrucción militar. Pero una pequeña parte, con dos magos incluidos, yacía al pié del cerro, en un extraño ritual.
    Pero claro a Imashen no le importaba eso, solo lo que importaba era que había un mago en el grupo... el mismo mago que recordaba de algún lugar.
    Pero el Bersérker lo recordaba...
    ¿Cómo olvidarlo? ¿Cómo olvidar las cientos de torturas y experimentos... ¿Cómo olvidar el oscuro nacimiento del guerrero interior?
    El Bersérker había sido la personalidad que había estado activa, dispuesta a recibir todo el sufrimiento por Imashen. Y es que mientras experimentaban y torturaba a ese maltrecho chico, el Bersérker pataleaba, gruñía y gritaba maldiciones inteligibles...
    Y es que el Bersérker no hablaba.
    Imashen trató de mantener sus emociones bajo control, y apegarse al plan. A la estrategia de dispararle un solo virote al mago y sacarlo de combate.
    Sin embargo las dos personalidades luchaban en una batalla sin cuartel, y solo ganó una.
    Y era la personalidad que no podía apuntar con una ballesta.
    El pesado cuerpo del joven cayó sobre un recluta, matándolo con el peso de su carcasa y de su armadura y equipo. Luego sacó sus armas, sus dos espadas de doble filo y comenzó a sembrar la mortandad en filas enemigas. Demasiado rápido y explosivo como para poder contraatacar su primer golpe.
    Y es que no solo tenía el factor sorpresa a su lado, sino el psicológico ya que era una imagen terrorífica que contemplar.
    Un guerrero con su grosor aumentado por esa pesada cota de malla, con ramas de hojas incrustadas en toda la armadura y la cara pintada de colores silvestres. Había dejado su sombrero de paja y capa escarlata, y bañado su armadura en barro y tierra.
    Una espada cruzó la garganta de un bandido, mientras que la otra hizo lo mismo. Imashen avanzó unos pasos y mató a otro y logró herir a uno en el brazo.
    Luego volvió a la maleza.


    ***


    Ragmazh estaba consternado, sencillamente impresionado de cómo Imashen se había encargado de su parte. Sin perder el tiempo cogió una de sus pocas lanzas y la arrogó hacia el mago, el cual también lo había torturado en un pasado remoto.
    El tiro fue mal ejecutado debido a que al orco se le dificultó obtener el equilibro necesario para dar un tiro mortal. Sin más la lanza impactó al mago en un hombro y lo derribó.
    Dando las gracias a los dioses por escuchar sus plegarias, Ragmazh se lanzó al ataque, portando sus dos sendas hachas.
    La mortandad que incrustó Ragmazh en el corazón de las filas pronto superaría al de Imashen. Pero pronto el oscuro orco se obligaría a retirarse cuando sus enemigos comenzaron a recuperarse. Impulsados por el miedo hacia Szass Tam de cualquier fracaso.
    Ragmazh se retiró al frondoso bosque de nuevo.
    Las cartas estaban echadas.

    ***

    Dos soldados lo alcanzaron, dos soldados que parecieron leer sus movimientos y acorralaron al Bersérker en un claro a las orillas de un rió.
    Con sus escudos y espadas en sus respectivas manos se lanzaron al ataque.
    El bersérker llevaba consigo aun sus dos espadas y se preparó para defenderse de la acometida. Obedeció a su instinto en el último instante.
    Dio un rápido giro para esquivar la embestida de los dos grandes escudos.
    ¡CLANK!
    Instintivamente después del giro y mientras los escudos chocaban, el bersérker levantó en alto sus espadas y luego atacó en un tajo horizontal a los cuellos de los dos legionarios.
    Si no lo hubiesen subestimado estaría muerto, ya que varias lanzas impactaron el terreno y el bersérker tuvo que huir.
    Si seguía en este juego perdería su vida, tenía que ir donde no pudieran rodearle... a la cima del cerro... a la barricada rocosa.
    Y eso hizo Imashen, porque era Imashen ahora.
    Corrió a gran velocidad, a esa velocidad atlética. Ya conocía el terreno y el camino.
    -¡Ahí está! – gritó una voz e Imashen escuchó el sonido de un aparato en preparación.
    En efecto era el sonido de una ballesta cargándose, guiado de nuevo bajo sus sentidos Imashen cogió su escudo y se protegió de un proyectil dirigido a su pecho.
    El líder veterano se lanzó hacia el con su escudo y arma e Imashen no pudo hacer más que prepararse para la acometida.
    Las espadas se cruzaron mientras Imashen perdió terreno a causa del escudo, varios golpes le sacaron de su equilibro y le obligaban a defenderse como pudiera.
    El veterano retiró la espada y embistió con su pesado escudo, golpeando a Imashen para luego girarse y dar un corte.
    Imashen dio gracias a Mystra que supo alejarse aún con sus pies mal plantados. Solo sufrió un profundo corte en su mejilla izquierda, casi pierde la nariz.
    El joven guerrero soltó sus espadas, supo que no se igualaría a su rival con estas armas que usó para causar caos en tropas desprevenidas. Sabía que contra un rival de su talla serían inútiles. Dando distancia entre los dos Imashen pudo hacerse con su gran espada y parar una nueva estocada enemiga.
    El golpe tuvo más fuerza de la que el legionario pudo prever, perdió la postura y tuvo que dar un amago con su escudo para alejar al rashemí.
    Imashen actuó rápido y decidió golpearlo una y otra vez en el escudo y obligar a su enemigo a que se quedara en la defensa.
    Con fuerzas renovadas el veterano legionario dio un súbito avance con su escudo y arrolló a Imashen.
    La punta de la espada corta se plantó en el hombro derecho del joven derribado, ya que fue detenido su malvado avance gracias a que la mano embutida en el guantelete armado cogió la espada.
    Sorprendido el veterano se preparó para rematar con sus fuerzas, pero el joven rashemí no le dio oportunidad, con la hoja de la espada en la mano la desvió y luego dio una patada con esa bota de hierro para alejar a su enemigo.
    No impactó con ninguna fuerza, pero si hizo retroceder a su adversario. Rápidamente Imashen rodó por el suelo hasta poder ponerse de pie en una distancia segura, justo para detener con su espada otro ataque, esta vez diagonal.
    EN una prueba en donde se decidiría quien sería el más fuerte, Imashen no tenía la ventaja de tener sus pies bien plantados, con un grito y fuerza adicional por una oleada más de adrenalina repentina, Imashen pudo sostener su espada con una sola mano, el tiempo suficiente para golpear el rostro de su rival con su guantelete armado.
    El guardia real se alejó al ver la maniobra, pero no a tiempo suficiente para que la punta de la daga no dañase su ojo derecho.
    Imashen luego arrolló con una explosión de agresividad repentina, varios golpes que obligaron a su tuerto enemigo a pasar a la defensiva.
    Tan desequilibrado estaba su oponente y tan ajeno en la ofensiva, que no pudo ver hacia donde caminaba solo hasta que imashen lo impacto con todo su cuerpo y lo hizo caer por desnivel del cerro.
    Hacia la muerte... una muerte no merecida, cumplía solo con su trabajo. Les dio un último adiós a su esposa e hijos y se preparó para el abrazo de la muerte.
    ***


    Los dos guerreros libres se reunieron en el nivel más alto y pedregoso del cerro, sin caminos que facilitaran el avance hacia ellos. Dispuestos a sostener terreno.
    La oleada de guerreros se avanzaba dificultosamente por el terreno desnivelado, Imashen se preparó a asolarlos con su ballesta pero descubrió que había perdido todas sus municiones; arrancadas por tal vez una rama mientras aligeraba o desprendidas por alguna caída.
    Ragmazh atacó a sus rivales con un par de jabalinas, mató solo a uno cuando la jabalina lo impactó en la pierna y resbaló hacia la hambrienta muerte.
    Pero todas esas tropas se cernieron sobre ellos, cayendo de tres en tres y atacando instantáneamente...
    Ragmazh no pareció teniendo problemas con sus rivales, su fuerza sobrehumana le rompía los brazos a sus enemigos cuando se protegían con sus escudos, pero Imashen lo tuvo muchísimo más difícil.
    Pronto Ragmazh al darse cuenta de esto se pondría donde llegaban más guerreros, para así aligerar la presión sobre el joven.
    Un debilitado y cansado Imashen se defendía con su gran espada de los múltiples amagos de sus rivales. Danto poderosos tajos Imashen mantenía a raya a sus cinco rivales.
    Una espada rozó su espalda, pero no pudo causarle daño debido a ese gran escudo que yacía ahí, Imashen pudo contraatacar y derribar a su enemigo embutido en una gruesa cota de malla con un tajo horizontal. No le corto pero si aporreó todo su flanco desprotegido.
    Pero al parecer Imashen no podía permitirse atacar a nadie ya que su baja de defensa parecía venir a un alto costo.
    Una espada parecía llegar hacia su rostro, pero Imashen... el Bersérker no se rendiría y se defendió con el antebrazo protegido por el guantelete, sacando a su enemigo de balance, girando entre ellos y luego dándole una patada que lo envió cuesta abajo.
    Los tres rivales (el cuarto se frotaba lastimosamente su costado luego del brutal golpe) atacaron con nuevas ganas.
    Imashen y el Bersérker se defendieron de una manera increíble, demasiado rápidos y precisos como para ser reales, pronto la disciplina de sus enemigos fue atravesada por el miedo a tan maléfica aparición.
    La violencia encarnada.
    Un poderoso ataque rompió el hombro que sostenía el escudo mientras que el chico luego acortaba distancias y le daba un macabro izquierdazo en la mandíbula. Con ese aterrados guantelete armado.
    Pero sus enemigos se recompusieron y lo flanquearon.
    Imashen y el Bersérker se dieron por muertos...
    -¡Agáchate! – gritó la atronadora voz en orco, Imashen obedeció y se agachó el momento justo en que dos flechas de tejo negro impactaban al legionario a su espalda. Imashen dio una nueva estocada ascendente que atravesó a su enemigo delantero.
    Luego cogió una de las espadas de los legionarios y remató al que había herido anteriormente en el costado. Con tiempo de sobra para coger cobertura de las flechas.


    ***

    Maruellen estaba hecho una furia, el joven se había salvado de su ataque, a pesar de que el quería derrotarlo con sus espadas decidió acabarlo desde lejos ya que Ragmazh estaba luchando bajo una turba de enemigos, todos carne de cañón influenciadas bajo un conjuro suicida.
    Y es que eso era, el Mago Rojo se había recuperado usando un hechizo nigromántico de absorción de vida en uno de los nuevos reclutas. Y ahora como no quería matar al chico con un devastador conjuro, encantó a sus tropas con un deseo temerario.
    Ragmazh fue arrollado por las tropas suicidas y se defendía como podía, pero era herido una vez por cada dos golpes que daba.
    Mientras el elfo apuntaba para matar a Ragmazh, aún con el peligro de matar a uno de los bandidos, la roca en que se encontraba fue impactada por una bola de fuego.
    Y Maruellen cayó.


    ***

    -Con eso tendrá el mal nacido... ¿Quién ríe al último elfo? – dijo el mago gusto después de que conjuraba su letal hechizo explosivo sobre Maruellen.
    -¡Maestro...! ¡Maestro! – dijo uno de sus aprendices, los cuales habían corrido todo el camino para verle.
    -¿Lograron despertar al gólem?
    -Sí maestro, aunque dejamos nuestro deber de cuidarlo mientras lo hace... escuchamos los gritos de la pelea.
    -¡Imbéciles! Debería... despelle...
    La gran loba salió de su escondite con una mirada de venganza sobre el mago de los ojos poderosos.
    -Pues que bien que llegaron – dijo mientras se esfumaba en el aire.
    Los dos aprendices se enfrentaron a la loba utilizando su mejor arsenal.



    ***

    La puntería del conjuro se vio afectada por el broche mágico de Maruellen. Lo que evitó que la bola de fuego lo impactara de lleno en el cuerpo.
    Siempre con un as bajo la manga, el elfo cogió con las puntas de los dedos que aún aferraban su arco y flecha, su capa de color tierra.
    La capa se estiro de manera impensable y ralentizó su caída, lo suficiente como para que Maruellen pudiera sacrificar su flecha, sacar su sable y luego incrustarlo a la pared rocosa de un solo y certero golpe.
    Luego de asegurar su arco saltó de nuevo con su capa mágica dispuesto a caer en terreno bajo.
    Viendo como su loba tenía problema contra unos cuantos cadáveres ambulantes y una que otra explosión.


    ***


    Eshig supo que esta era su ocasión. En solo pensar en las promesas que le hizo su verdadero amo, Szass Tam, la ponía eufórica.
    Estaba en terreno elevado para luego saltar con su gran espada en mano y así sacar del combate a Imashen.
    Pero el Dragón Caído, no era alguien desprevenido y su espada se defendió del ataque de Eshig.
    -¡Bienhallado! – gritó la mujer completamente depilada.
    -Cierra la boca perra – dijo Imashen.
    -¡Cuidarás tu tono en mi presencia! – se burló la mujer mientras atacaba al chico con un poderoso golpe de esa espada que brillaba en una luz azul.
    Imashen esquivó el golpe solo para observar como la roca tras de él era agrietada. El joven rodó fuera del alcance de la mujer y plantó bien sus pies.
    Eshig atacó nuevamente en una pose netamente ofensiva.
    -Primer error... – dijo el rashemí mientras amagaba con moverse a la izquierda pero luego giraba y daba un poderoso golpe a la espalda de la mujer.
    Pero no pasó nada... y eso que la armadura de ella dejaba su delicada y tatuada espalda desprotegida.
    Con pura confianza sobre la protección de su armadura mágica la mujer atacó una y otra vez, sin cuidar en su defensa.
    Imashen fue impactado una y otra vez, su hombro su espalda una de sus piernas, con tal vez más fuerza de la que esperaba.
    Imashen se dijo que ese golpe tuvo que dolerle a la mujer, de que las armaduras imbuidas con magia le daba una protección... una protección que con un buen golpe el pudiese superar.
    “Mis pies no estaban bien plantados....” se dijo.
    -Termínalo Eshig – gritó el mago en el terreno elevado.
    La mujer cargó hacia el joven. Con espada en alto. Imashen afianzó bien sus botas de hierro y se preparó.
    Dio una finta defenderse de la espada de Eshig con una guardia alta, cosa que la fuerza superior de Eshig reventaría. Sin embargo ella creía eso, y se dijo que podían revivirlo como cadáver... cien veces más dócil.
    Pero la finta la engañó e Imashen se agazapó y puso su espada para atravesar a Eshig por el abdomen, cosa que pasó debido a la fuerza de inercia, y al hecho de que Imashen estaba contra la pared. Levantó a la mujer en el aire y la arrojó de su espada.
    -Tu error fue subestimarme – le dijo a la mujer cuya vida era arrebatada.
    -¡¿Que importa si te mueres?! – gritó el viejo mago mientras se preparaba para azotarlo con un látigo de fuerza negrusca que salía de sus dedos.
    Atacó pero su látigo de energía fue detenido por la espada de Imashen, el arma que lo había acompañado en tantos viajes.
    Guiado por el Bersérker, Imashen afianzó sus pies para ser victima de un conjuro letal.
    El relámpago le impacto de lleno, pero nada ocurrió. Varias oleadas de energía, pero nada.
    Imashen estaba erguido, con sus ojos en llamas azules y con esos escalofríos y dolores de cabeza esfumados.
    Levantó su mano y abrasó al Mago con una ráfaga de fuego azul.
    Sus ropas se inflamaron pero el mago escapó esfumándose una última vez.


    ***



    El aliento gélido acabó con la vida del primer aprendiz, ajeno de la seguridad de su banda de muertos vivientes, luego el segundo fue atrapado por las fauces de la loba.
    -Igual estás muerto perro de mierda... – musitó el mago antes de morir al observar como el gran gólem llegaba a escena.
    Yergalí esquivó la pesada patada de la mole humana de músculos.
    Se dirigiría a prevenir a Maruellen... si seguí vivo cuando la bestia le dio un brutal manotazo.
    La loba cayó lejos...



    ***


    Imashen no pudo recobrar el aliento, ya que mientras buscaba al desaparecido mago observó como en una elevación estaba el elfo, disparando sus letales flechas al orco y sus posesos rivales.
    Ragmazh se defendió colocando su antebrazo para protegerse de la andada de flechas. Eso hizo, se incrustaron en su piel pero no le impactaron ningún punto vital.
    Imashen corrió cuesta arriba con su escudo en una mano y su espada en otra....
    Maruellen apuntó hacia el joven y disparó una tras otra flecha, sin efecto. Imashen amagaba a un lado y evitaba así una que otra, pero su verdadera protección fue ese útil escudo.
    Imashen le alcanzó y le derribó y los dos cayeron cuesta abajo... hacia el vacío.

  10. #20
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    Predeterminado Re: El Origen del Dragón Caído.

    Memorias del Bersérker
    XVI







    Imashen se desmayó, cayó fuera de si... literalmente.
    La caída por el barranco fue larga y dolorosa. Chocando contra rocas y ramas con bastante fuerza. Pero no estaba solo es su sufrimiento.
    Fue el Bersérker quién le salvó en la caída, la cual amenazaba su vida. Defendiéndose cómo podía cada vez que rebotaba contra un pedrusco. Sostuvo sus antebrazos al rostro para protegerlo, pero en un mal golpe se rompió su brazo derecho, el que llevaba su escudo. Además había perdido su espada que usaba en conjunto con su otra hoja.
    Recordó todo: el encarcelamiento, los experimentos, las torturas inhumanas. Mucho más de lo que un joven normal aguantaría.
    Recordó primero lo que aconteció antes de su encarcelamiento. Su carrera militar protegiendo los bordes de su nación, siempre vigilante. Jamás había sido tan feliz en toda su vida. El agradecimiento de sus congenies por el trabajo bien hecho, la emoción de que cualquier día puede ser un violento final. Y por último pero no menos importante, la aprobación del estrecho círculo de las brujas; sus protectoras.
    Pues el agradecimiento de ellas era la mejor recompensa de todas, ya que eran siervas directas de las diosas. Aunque el mayor honor era una muerte heroica y romántica, vivir y morir en un instante. Marcar a todos los que te rodeaban con un poderoso ejemplo, con un grito de guerra. Pagar con tu vida por el honor eterno en la boca de los bardos.
    Vivir y morir bajo la espada, su filosofía...
    Recordó entonces ese fatídico día. Empezó cómo cualquier otro en la vida de un miliciano, descubriendo después un auténtico ejercito zhayino. No conocían la razón de su presencia. Sin embargo debían actuar, ya que sus enemigos se dirigían a un pequeño poblado.
    Sin pensarlo dos veces se lanzaron en combate con espadas en mano, dispuestos a combatir. Dispuestos a morir.
    Empezó como todos sus ataques, un golpe por sorpresa seguido por refuerzos. Todo iba bien, incluso cuando los magos zhayinos invocaron a sus muertos vivientes.
    Fue entonces cuando lo supieron. No era una partida común de soldados y nigromantes. Era un ejército bajo un solo propósito, uno más allá de su entendimiento.
    Y era uno que contaba con un recurso, uno que valía por miles y miles de soldados. Porque a pesar de ser una partida un tanto pequeña como para estar en territorio enemigo, traían a su líder, el liche Szass Tam.
    El inmortal invocó entonces un avatar de un poderoso demonio. Un colosal gigante con escamas rojas por piel, púas de marfil en sus antebrazos y espalda, pezuñas de carnero y una gran cabeza de lobo.
    El demonio abismal se lanzó sobre las tropas rashemies, haciéndolos trizas con una facilidad inigualable. Cayó sobre ellos, los devoró, los machacó y los hizo trizas. Hizo llover fuego del cielo e incluso los mató con su mirada.
    Imashen fue entonces acosado por la colosal bestia, que observó que era el guerrero más joven de todos. Ya con todos sus amigos asesinados o esclavizados con poderosas magias, Imashen se enfrentó entonces al demonio, que jugó con él a una pervertida versión demoníaca del gato y al ratón.
    Nunca antes había estado el joven tan asustado e indefenso, pues el demonio era lo más parecido a un dios en todo el Este Inaccesible. Nada podía hacer un pequeño mortal contra algo que no podía herir bajo ningún método.
    Fue entonces que Imashen resbaló y se preparó para ser devorado por las gigantescas fauces de la criatura, las cuales exhalaban ese aliento de olor a muerte en su estado más malvado y crudo.
    El demonio quiso darle una última mirada a la aterrorizada hormiga antes de devorarla lentamente, a que muriera dolorosamente bajo sus fluidos estomacales... mejor aún vomitarle encima y ver como moría lastimosamente ante sus ojos.
    Pero justo en ese momento, cuando el joven supo que no tenía nada que perder... encontrando el valor de un hombre muerto tomó su espada, esa delgada hoja larga y argenta, y la hundió en la frente de la bestia. Abriéndole un tercer ojo.
    La hoja penetró con una facilidad impensable, perforando fácilmente hasta el cráneo.
    La espada plateada brilló entonces con fuerza, y el demonio gritó con un alarido sobrenatural e insoportable, forcejeó tanto que Imashen soltó su espada y la bestia se irguió tal alto era.
    Comenzó a convulsionar mientras la espada yacía inmóvil en su frente, a salvo de las garras de la bestia que no podían tocarla.
    Entonces la criatura sangró su ardiente elíxir.... y dos gotas cayeron en los ojos del chico.
    Dolor, el más potente que haya experimentado en su vida se apoderó de él... la sangre ardiente le dejó ciego mientras el fluido mortal recorría su rostro dejándole feas quemaduras....
    La sangre devoró sus globos oculares y penetró dentro, infectando todo su cuerpo desde el interior.
    E Imashen se desmayo. Se desmayó escuchando las súplicas de su mentor, Luchlach. El poderoso líder escapó de las poderosas magias de ligadura, al ver la lucha de Imashen. Inspirado por la muerte del demonio, Luchlach avanzó con paso firme. Machacando con su hacha a todo soldado zhayino, mago y muerto viviente que se interpuso en su camino...
    Hasta que sus enemigos le volvieron a superar, hasta que su furia no pudo seguir sosteniendo su cuerpo.
    Recordó Imashen los experimentos. La escritura de elaborados tatuajes mágicos. Magia que perforó su ser... un fuego mágico que le devolvió la vista y lo llenó de vida e ímpetu.
    Luego recordó las torturas, cuando nació el Bersérker. Torturas para domarlo, para amedrentarlo, para doblegarlo.
    Nada más lejos de la verdad. Imashen, mejor dicho el Bersérker, pataleó, convulsionó, mordió y gritó todo lo que pudo.
    Cada ración de dolor lo hacía mucho más salvaje, mucho más incontrolable.
    Justo aquí fue la misma situación, no había nada más que despertase su ira que sufrir castigo físico sin poder defenderse.
    Hasta que por fin cayó en una saliente, estampándose contra ella con una fuerza rompe huesos.
    Imashen rogó por que alguna orden llegase desde su cerebro al resto de su cuerpo, necesitaba levantarse.
    “Sálvenme” rogó de nuevo. “Cualquier fuerza que escuche mis plegarias. ¿Cómo puedo hacer que mis sueños lleguen a ustedes...?” rogaba una y otra vez... y el Bersérker le escuchó.
    Las oleadas de dolor que infectaban todos sus nervios fueron apartadas por órdenes, los quejidos fueron ahogados por gritos de furia primordial. La más primordial de todas.
    Sus ojos explotaron en ese fuego característico y sus oídos le advirtieron del peligro inminente. Impulsándose hacia un lado con toda la fuerza de su brazo bueno, rodó y se alejó de la caída en picada de Maruellen, que estaba con las espadas prestas para atravesarlo.
    Maruellen cayó y sus armas se hincaron en la piedra, con su agilidad sobrehumana se había recuperado de la caída y había evitado daño alguno con su increíble capa de elfo.
    Ignorando el dolor, ignorando todo, el Bersérker se alejó de la pendiente y cayó en otra, muchísimo más inestable. La roca cedió un poco a su peso pero quedó inmóvil de nuevo.
    Pronto su brazo roto se comenzaría a recobrar, Todo su cuerpo de hecho cuando toda la magia absorbida en el encuentro del mago de los ojos poderosos comenzara a revitalizarlo. Movió sus dedos de la mano derecha y luego cogió su gran espada.
    Los dos lucharían es sus mejores condiciones.
    Maruellen estaba ahí parado, con sus dos aceros mágicos, brillantes con un haz azulado, en sus manos y una mirada asesina... jamás había sido tan humillado en toda su larga vida. Su honor exigía venganza. Cogió la pesada Picasangrienta envuelta en un fardo y la clavó en la roca. Era pesadísima y le quitaría la movilidad de la cual tanto se enorgullecía.
    Los dos guerreros se enzarzaron en violento combate cuando Maruellen dio un salto mortal y cayo detrás del Bersérker.
    ¡CLANK! ¡CLANK! ZIG, ZAG. ¡CLANK, CLANK! Fue el ritmo con que las espadas chocaban con fuerza sin parragón, un ritmo superior la noche anterior.
    La furia con que luchaba el Bersérker no podía mesurarse, llevaba una máscara de pura maldad e ira, con el rostro deformado por la fuerte y salvaje expresión. Estaba poseso, sin ningún deseo, anhelo... sin ninguna necesidad salvo la de satisfacer su sed de venganza.
    Su odio.
    Y era una actitud animal, bestial... Maruellen resentía y celaba esa habilidad de Imashen de emular los aspectos más primitivos e instintivos de las criaturas con que el elfo se codeaba.
    Quería ser así, igual de brutal.
    Maruellen esquivó un poderoso mandoble que se incrustó en la pared de tierra. Aunque no atacó, se quedó ahí parado a unos pasos de distancia, tenía que recobrar el aliento luego de un ritmo tan intenso. No obstante el Bersérker no parecía tener esas debilidades mortales y sacó del muro de tierra su poderoso acero y lo movió de forma horizontal en un arco completo.
    Con la adrenalina corriendo ahora por completo por sus venas, el elfo vengador atacó de nuevo. Su sable y daga chocaron con el espadón del Bersérker. Los rostros estaban a centímetros de distancia, mientras que cada uno. Cada uno hacia fuerza con sus piernas para hacer retroceder al otro, parados ahí en esa saliente de unos siete metros de largo y cuatro de ancho. La saliente parecía no aguantar mucho más de este combate violento y fugaz.
    Las espadas azuladas hicieron mellas en la espada de el guerrero rashemí, esa espada que en tan poco tiempo había probado la sangre de tantos.
    Inclusive la sangre de un hijo de Rashemen.
    Con sus espadas cruzadas Maruellen forzó sus piernas para no retroceder al empuje de el Bersérker.
    Justo como aquella noche...
    Movió su rostro a un lado para esquivar el puñetazo del guantelete, luego retrocedió y le asestó una puñalada en su costado izquierdo. Las espadas volvieron a la posición anterior.
    El Bersérker observó entonces como las mellas en su espada se profundizaban... y la ira le empujó nuevamente.
    Esta vez se olvidó de dar un golpe, retrocedió un poco y luego empujó nuevamente cuando Maruellen perdió la posición defensiva lanzándose presto al ataque.
    Con espacio suficiente atacó con su gran espada de nuevo, y Maruellen la detuvo con su parada de cruz, pero sus pies no estuvieron bien plantados y cedió más terreno... justo a punto de resbalar por la saliente. Pequeñas rocas bajo ella comenzaron a caer, y la saliente se inclinó un poco.
    El elfo tenía las rodillas dobladas, tratando de no ceder terreno ante la espada del Bersérker. Luego el asesino retrocedió un poco y la gran espada de su rival resbaló por las suyas, creando chispas.
    Se puso de nuevo de pie, y una danza aun más rápido y explosiva dio a luz.
    Sus pies no se movían, no había espacio. Solo de cintura para arriba había movimiento.
    Rápidos y letales.
    Fue entonces cuando el elfo encontró un hueco, una posición ideal. Un momento oportuno. Su daga dio un arco completo y rajó la frente de su enemigo, luego aprovecho esta nueva oportunidad pasando de largo para arremeter a su vientre con su sable.
    Cortó la cota de malla pero tan solo rozó el cuero debajo de ella, y ni hablar de la piel del Bersérker. Inclusive su espada afiladísima no podía asestar un buen golpe a ese cuerpo bajo esa gruesa armadura.
    Cambió de estrategia e intentó dar una apuñalada doble. Sin embargo sus brazos fueron golpeados por el guantelete en un arco completo, para luego recibir un golpe en el rostro por la mano que empuñaba la gran espada, al no tener espacio el Bersérker de poder dar un corte mortal.
    El lado derecho de su rostro se hinchó y se puso rojísima, además de que sus pies perdieron su posición defensiva.
    Fue entonces cuando el bersérker se lanzó hacia delante, dispuesto a rematar al elfo con su guantelete y espada.
    Pero Maruellen se recuperó y lo esquivó, Y el Bersérker perdió el equilibrio.
    Su mano rápidamente buscó apoyo, y logró sostenerse para no caer otra vez cuesta abajo.

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