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Tema: Ángel de Acero

  1. #1
    Usuario Avatar de Squall
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    10/may/2006
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    Predeterminado Ángel de Acero

    Ángel de Acero

    Andrés caminaba despacio. La chaqueta de cuero le daba un aire de rebelde a su imagen, la gorra tapando su negro y abundante cabello, la leve lluvia huyendo de su encuentro, la oscura noche tratando de retenerlo con ella, de convertirlo en su amante.

    Llevaba la mano aferrada a la pistola y escondida dentro de la chaqueta. La maldad de sus ojos brillaba en la profunda oscuridad. El sólo hecho de percibir su presencia bastaba para que todas las cosas perdieran su rumbo. Hasta los mismos árboles parecían apartar sus ramas para abrirle paso. Quizás eso fuera lo más sorprendente, su capacidad para inspirar miedo, sin necesidad de hacer algo.

    Se dirigió al edificio, andaba sin prisa, sin alterarse; era lo mejor a la hora de matar a alguien, ir calmadamente. No había necesidad de hacer una entrada ruidosa, simplemente debía entrar, matar y salir. Subió las escaleras, su forma de caminar era enigmática, erguido, aunque siempre mirando al piso, con las manos en los bolsillos. Por fin llegó hasta la puerta, de aquí en adelante todo era rutina.

    Un humo espeso empezó a salir de sus pies, levantándose y cubriéndolo todo, hasta dejarlo totalmente oculto. El humo se disipó, y él desapareció también. Al otro lado de la puerta, un humo oscuro aparecía de la nada, trayendo con el a un muchacho que no aparentaba más de veinte años. Caminó, buscando la habitación de la victima de esta noche. Lo encontró pronto, acostado, durmiendo en su cama con su mujer al lado.

    Encendió la luz del cuarto, y en ese momento el comerciante y su mujer despertaron. Lo vieron allí, inmóvil, con la mirada fija en la pijama azul claro del hombre obeso que tenía al frente. Sacó la pistola del bolsillo y apuntó a la cabeza del hombre. De los ojos de este empezaron a salir unas grandes lágrimas.

    -¿Quién es usted? ¿Qué me va a hacer?

    Típicas preguntas que debía escuchar cada noche y que estaba cansado de responder.

    -Por Dios, ¿son acaso tan tontos? ¿No es obvio que voy a matarlo? ¿Es que es tan difícil de entender una situación de estas?
    -No lo haga, por favor – gritó desesperada la mujer.

    Él se acercó a ella y sin pensarlo mucho le dio una bofetada con la mano en que tenía la pistola. La sangre brotó del rostro ya envejecido de la mujer. Se limpió el dorso de la mano en la cobija con una expresión de desagrado en su cara, mientras la esposa del comerciante caía desmayada.

    -¿Por qué tienen que sangrar? ¿No es más fácil que sólo se desmayen sin llenarme las manos de sangre?
    -No me mate, se lo suplico…
    -Hombre, deje de llorar, no fue a usted al que golpee. Vamos, por lo menos muestre algo de dignidad antes de morir.
    -No lo haga, puedo pagarle, lo que quiera.
    -Si claro, y dígame una cosa, ¿para qué me serviría el dinero de un mequetrefe como usted? Gano más si lo mato.
    -No lo haga, por favor.
    -Cállese de una vez.
    Apretó el gatillo, y en un instante la cama y toda la habitación quedó cubierta con la sangre, pedazos de cabeza y sesos del que fuera el comerciante.

    -Maldición, otra chaqueta arruinada. En fin, compraré otra con lo que me pagaron por este trabajo.

    Salir fue tanto o más fácil que entrar. Una vez más estaba en la calle, caminando despacio hasta el escondite de su cliente.

    Marta maldecía su propia suerte, pensando en que iba a hacer ahora que acababa de perder su trabajo. El frío de la noche helaba su cuerpo y nublaba sus pensamientos. Todo su porvenir se veía tan oscuro como esa noche sin luna. Se acomodó el abrigo y empezó a atravesar el parque, apresurando el paso para llegar a casa lo más pronto posible. Tenía suficiente dinero ahorrado para vivir por un par de meses, y confiaba que en ese tiempo ya habría podido encontrar otro empleo.

    Desde aquella vez en que salió de casa con el firme propósito de no regresar había vivido por si misma. Si bien no había estudiado, tenía la suficiente malicia como para sobresalir en cualquier trabajo. Le daba rabia que la vida fuera tan injusta, la despidieron sólo porque no quiso acostarse con el viejo inmundo que era su jefe. Cuanto le hubiera gustado haberle dado un golpe a ese maldito. Si, eso hubiera sido reconfortante, darle una buena patada en los testículos, para que se le averiara ese miembro asqueroso del que estaba tan orgulloso.

    En la oscuridad de la noche, el muchacho llegó hasta su destino. En la puerta de la gran casa, un guardia intentó detenerlo cuando se acercaba a la entrada. Estampó la suela de una de sus botas contra la boca del estomago del desdichado, dejándolo sin aire y tendido en el piso.

    Se agachó hasta estar muy cerca de la cara del hombre y le habló en un tono más bien amistoso.

    -Hombre, deberías preguntar cortésmente antes de empezar a lanzar manotazos como un mono asustado. Si vuelves a meterte en mi camino, no tendré más remedio que matarte.

    Se levantó dándole una palmadita en la espalda al tipo y en seguida estampó su otra suela en la mejilla del guardia. Este no tuvo tiempo ni de gritar, enseguida quedó desmayado y con la cara rota.

    Entró en la mansión, caminó por los pasillos oscuros de la casa del jefe de la banda de traficantes de drogas más grande del país. Sus pasos resonaban en el piso de madera, mientras todos los hombres se apartaban al verlo. “Veo que estos son más sensatos”, pensaba mientras caminaba hacía el estudio del jefe.

    -Debería informar a sus guardias cuando va a recibir visitas, o contratar mejores guardias - Dijo mientras entraba en una oficina grande, con costosos cuadros en las paredes, una fina alfombra en el piso y un gran escritorio al fondo.
    -¿Está hecho el trabajo? – preguntó el hombre que estaba sentado tras el escritorio.
    -Todo listo, así que vengo por la parte que falta del pago – Dijo mientras se sentaba en una silla.
    -¿Cómo?, si usted cobra por adelantado, no tengo porque pagarle más.
    -A ver, usted me pagó por matar a ese comerciante que se estaba metiendo en su zona, ¿verdad?, pero además de eso, tuve que golpear a una mujer que había allí. Y además de todo, viniendo para acá, tuve que patear a uno de sus guardias. Las botas se me mancharon de sangre y ahora tendré que comprar unas nuevas. Eso no es gratis, ¿sabe?
    -¡No voy a pagarle más! ¡Ahora salga de mi vista o…!
    -¿O qué? ¿Llamará a sus guardaespaldas?, déjeme decirle que están orinándose del miedo detrás de la puerta. Mejor evítese problemas, págueme lo que me debe y conserve su integridad física – Con la pistola bailando entre sus dedos.
    -¿Me está amenazando?
    -No, no considere esto una amenaza – Dijo levantándose y colocando la pistola en la frente del sujeto.
    -¡Maldito! ¡Me las pagará!
    -Si, si, lo que usted diga. Ahora déme el dinero si no quiere tener que comprar una cabeza nueva. Ah, por cierto, le recomiendo que deje el negocio de la droga, a partir de mañana empiezo a limpiar la ciudad de distribuidores y a exterminar bandas.
    -Maldito…
    -No se preocupe, seguiré en el negocio de los asesinatos, no hay mejor forma de limpiar la escoria que a través de la misma escoria, y si además me pagan por hacerlo, tanto mejor.

    El cabecilla sacó un fajo de billetes de uno de los cajones y lo puso sobre el escritorio.

    -¿Cuánto es lo que quiere?
    -Con esto bastará – Dijo Andrés, tomando todo el fajo.
    -Pero eso es…
    -¿Alguna objeción?
    -No…no…
    -Ah, una recomendación, compre otra alfombra, esta quedó sucia con la sangre que traía en mis zapatos.

    Salió del cuarto caminando lento, atravesó la puerta, dejando tras de si a un grupo de hombres a punto de llorar del susto. Se internó de nuevo en la noche, con la ahora fuerte lluvia mojándole el cuerpo.

    En su apartamento, Marta calentaba en el microondas lo que aparentaba ser un pedazo de pizza. Luego tomaría un baño y se iría a dormir. Tal vez luego de dormir podría ver las cosas con más claridad. O tal vez no, pero estaba cansada y prefería desconectarse del mundo por un rato.

    En la bañera, su mente empezó a recorrer posibilidades que nunca había considerado. Intentó imaginarse como sería morir allí mismo, como se sentiría sumergirse en el agua de la bañera y no volver a salir de ella. Sintió curiosidad por saber que se sentiría ser atravesada por un puñal o si alcanzaría a sentir dolor al volarse la cabeza de un disparo. De cierta forma, pensar en esas cosas la excitaba.

    De pronto sintió miedo, un miedo terrible que la hizo temblar por completo. Salió de la bañera y abrió la ventana. Afuera aun llovía. En una azotea cercana, un joven contemplaba toda la ciudad. Parecía juguetear con algo que tenía en sus manos.

    Marta lo observó fijamente, sin darse cuenta de que seguía desnuda, y sólo se percató cuando el muchacho miró en su dirección. Se cubrió con una bata y volvió a mirar por la ventana. El joven seguía allí. Ella abrió la ventana. El fuerte viento parecía traer consigo una triste melodía.

    ¿Cuánto más he de esperar? ¿Cuánto más he de buscar para poder encontrar la luz que sé que hay en mí? He vívido en soledad, rodeado de multitud. Nunca he conseguido amar, pues no me quiero ni yo…

    Saltó. Marta observó absorta como el muchacho caía desde la azotea en la que había estado sentado. No dijo nada, tampoco pensó en nada más, sólo cerró la ventana y fue a su cama. En un momento estuvo dormida, sin soñar con nada, sólo durmiendo placenteramente.

    El humo lo traía de nuevo. Lo dejó de pie sobre la calle, con la pistola en la mano y preguntándose si la muerte sería mejor. Estaba acostumbrado a verla, cada noche, cada día, en todo momento. La veía en la sonrisa de las personas, incluso en la cara de un niño; la muerte siempre estaba presente, apenas a un jalón de gatillo de distancia. La tenía él, en sus manos, y podía usarla siempre que quisiera.

    Empezó a caminar, sin rumbo fijo y con una sola cosa en la cabeza, matar a todos y cada uno de esos cabrones. No dejaría ninguno, les volaría la cabeza a todos y cobraría venganza por su hermanito…

  2. #2
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    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    Entró en el sucio y viejo apartamento. En él, un hombre estaba arrodillado junto al cuerpo de un niño. Los temblores del pequeño indicaban que estaba bastante mal. En la oscuridad del lugar, Andrés apenas distinguía lo que estaba sucediendo. Fue al acercarse un poco más cuando la cólera se hizo dueña del joven.

    -¿Qué le ha hecho a mi hermano? – Preguntó alarmado.
    -Nada, sólo le he dado algo que me ha pedido – Contestó cínicamente el distribuidor.
    -¡Maldito bastardo! ¡Aléjese de él!
    -No te enojes tanto, si sólo ha sido un poquito lo que le he dado.
    -¡Hijo de puta! ¡Sólo tiene doce años! ¡No iba a pedirle esa porquería que le ha dado!
    -Cálmate, cálmate, sólo lo hice por ganar un cliente más.

    La respuesta fue como un chorro de agua hirviente, durante los siguientes momentos Andrés no fue dueño de su cuerpo. La cólera que sentía lo hizo actuar de manera desordenada, sin pensar en absolutamente nada.

    -¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta! ¡Lo voy a matar! – Gritaba el muchacho, con los ojos a punto de estallarle de la rabia.

    Se abalanzó sobre el hombre que seguía acurrucado junto al niño. Antes de que pudiera llegar siquiera a tocar al tipo, una mano grande lo tomó del brazo y de un tirón lo sentó en el piso.

    -No, no, no, Andresito, está muy mal que quieras recurrir a la violencia. Eso no es bueno. Podrías resultar herido – Recriminaba calmadamente el hombre de la droga.
    -Maldito…
    -No me mires con esos ojos hombre, que a ti no te he hecho nada. ¿Pero sabes algo? Me molestó mucho eso de que intentaras golpearme, y ya sabes, uno no puede perder su reputación así como así. Muchachos – Dijo dirigiéndose a dos tipos grandes que se ocultaban en la oscuridad -, ahí les dejo a este, hagan lo que quieran con él.

    El hombre salió del sucio lugar, dejando allí a un niño a punto de morir por una sobredosis de cocaína y a un muchacho que estaba a punto de ser masacrado por un par de matones.

    Quizás el primer golpe haya sido el más doloroso, porque vino acompañado de la impotencia, de la sensación de no poder hacer nada. Más que el dolor en su mejilla cuando el puño del matón se estrelló contra ella, le dolía el hecho de no poder hacer nada por salvar a su hermanito. Lo veía allí, tirado en el piso, muriéndose de envenenamiento, mientras él era golpeado sin siquiera poder defenderse.

    Una patada en el estómago lo dejo sin aliento, se derrumbó sin más remedio, mientras la suela del uno de los tipos le machacaba la mano. El niño empezaba a convulsionar. La punta recubierta de una platina metálica se hundió en el estomago del muchacho. Unas violentas arcadas hacían que el chiquillo se sacudiera de forma incontrolada. La otra punta le golpeó en la cara, rompiéndole la nariz y formando un riachuelo de sangre a través de su cara. Vomitaba, el pequeño vomitaba mucho, pero al estar boca arriba, su propio vómito empezó a ahogarlo. Una patada en su espalda le hizo arquearse por completo; se volteó, tratando de escapar de la golpiza y alcanzar a su hermano, pero fue inútil. Su corazón se detuvo, el niño murió. Lo último que Andrés vio, antes de caer inconciente por culpa de una patada en la sien, fue como su hermanito perdía la vida. Murió ante sus ojos, sin que pudiera hacer nada para protegerlo…

    -¿Te estás muriendo, verdad?

    Andrés abrió un poco los ojos. El destello de un rayo de luz que se colaba por una rendija le obligó a entornarlos.

    -Bueno, por lo menos no estás muerto del todo, supongo que puedes responder.

    Una vocecilla aguda y chillona le hablaba desde algún lugar que no lograba precisar.

    -Te tengo una propuesta – Continuó la vocecita -. Te salvo la vida, y a cambio tú me ayudas. ¿Qué dices? A que es un buen trato, ¿verdad?
    -Sálvale, por favor.

    Esas fueron las primeras palabras que Andrés pronunció. Su voz apenas se oía y hablaba arrastrando las palabras, como si perdiera un minuto de vida cada vez que pronunciaba una. Le dolía toda la parte superior de su cuerpo; sus piernas, ni siquiera las sentía.

    -¿Al niño que está allí? – Replicó la vocecilla -. No puedo hacer nada por él, ya está muerto, y además está fuera de mi jurisdicción.

    Andrés se desplomó de nuevo, quedando al borde de la inconciencia. Se sentía a un paso de la locura, incluso estaba oyendo voces…

    -Hombre, será mejor que decidas pronto, o te vas a morir. ¿Es eso lo que quieres? – reprochaba la voz.
    -¡Quiero vivir! – Dijo Andrés lo más fuerte que pudo, con el último aliento de vida que le quedaba.
    -¡Hecho!

    El humo negro que salía de la nada envolvía el cuerpo maltratado de Andrés, llenando su interior a través de las heridas en su piel.

    -¿Cómo se siente? – preguntaba la vocecilla.
    -Reconfortante – Respondió el muchacho, sintiéndose más fuerte.
    -Es mejor.

    Ahora Andrés supo que el dueño de la voz estaba a su espalda. Se volteó instintivamente y observó, absorto, a su interlocutor.

    La pequeña criatura tenía un aspecto extraño. Su pequeño cuerpo compaginaba a la perfección con su vocecilla. El atuendo que portaba era bastante raro. Los pantalones bombachos, de un color horrible, entre morado y marrón, y con muchas manchas oscuras. La camisa ancha, aparentemente blanca, llena de lo que parecía ser sangre coagulada. Los pequeños zapatos eran lo único que no estaba desecho. De hecho, estaban relucientes, de un negro brillante.

    -Bien muchacho, acabo de salvarte la vida, ahora cumple tu parte del trato.
    -¿Qué trato? – Preguntó Andrés.
    -¿No me estabas escuchando? El trato que acabamos de hacer. Yo te salvo la vida y a cambio tú me ayudas.
    -¿Ayudarte a qué?
    -A ampliar mi colección de almas…

    Por alguna razón a Andrés no le sorprendió mucho la propuesta, casi podría decirse que era lo que esperaba oír. Se paró frente al personajillo y le miró fijamente.

    -¿Qué obtendré yo?
    -Venganza.
    -A ver, ¿me ayudarás a conseguir venganza, a cambio de mi alma?
    -No, no, que costumbre la de los humanos de creer que uno siempre quiere quitarles el alma. Lo que yo quiero, es que me ayudes a conseguir todas esas almas negras que hay rondando por el mundo. Quiero que aceleres su llegada a mis dominios.
    -¿Y cómo se supone que haré eso?
    -Matándolos – respondió calmadamente la criatura.
    -Está bien, después de todo, ya no tengo nada que perder. Pero antes que nada, hay un par de cosas que me gustaría saber.
    -Pregunta con confianza, no tengo problema en responder.
    -¿Quién, o que, eres? – dijo intrigado el muchacho.
    -Tengo muchos nombres, unos me llaman Lucifer, otros Satanás, algunos Demonio. Tú puedes llamarme George.
    -Pensaba que eras más grande – Apuntó el sorprendido Andrés.
    -Puedo tomar muchas formas, incluso, si quieres, puedo tomar la forma de Carmen Gutiérrez – Se jactó el pequeño demonio.
    -¿De quién? – Preguntó atónito el muchacho.
    -Ya lo verás.

    Una pequeña llama azul empezó a envolver el pequeño cuerpo del diablillo, haciéndolo arder, aunque sin consumirlo. Por donde la llama pasaba, el cuerpo se transformaba, convirtiéndose en un espectáculo de película ver el torso de un payaso infernal sobre las piernas de una bella mujer.

    -¿Qué te parece? – Preguntó el infernal personaje cuando la transformación estuvo completa.
    -Está muy bien, si no fuera por esa voz – Respondió irónicamente el joven.
    -Da igual, no voy a cambiar mi voz sólo porque tú lo pides.
    -Da igual, de cualquier forma, es mejor que sigamos en lo que estábamos. Déjame preguntarte otra cosa, ¿Por qué no los matas tú mismo? ¿No es más fácil eso que pedírselo a alguien más?
    -Las reglas me impiden matarlos directamente, por eso necesito tu ayuda
    -¿Reglas?, ¿qué reglas? – preguntó Andrés abriendo mucho los ojos.
    -Ah, es verdad, ustedes no lo saben. Pues es que desde hace algún tiempo llevo una apuesta con el de arriba, a ver quién consigue reclutar más almas, si Él con su religión, o yo con mis placeres. Hasta ahora va muy parejo, pero cada vez están usando más eso del arrepentimiento a última hora y se me escapan por muy poco. Por eso, debo obtenerlos cuando no puedan escapar, y ahí es donde entras tú.
    -Está bien, supongo que no necesito saber nada más. Acepto el trato.
    -Perfecto…

  3. #3
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    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    La calle estaba vacía. La escasa luz de la luna que salía después de la lluvia delataba a un solitario gato que trataba de esconderse en un callejón. Andrés permanecía de pie, recostado en la pared de un edificio. Suspiró. Un momento después, una mujer se paró frente a él. Su tez blanca resaltaba con el pálido resplandor del satélite y su cabello negro se perdía en la oscuridad del vestido que cubría su cuerpo. Se acercó un poco al muchacho y tomó la cara de este entre sus manos. Andrés apartó el rostro con un gesto de desagrado.

    -Tiempo sin verte, muchacho – Dijo la mujer con una voz chillona y completamente desacorde con su apariencia.
    -¿Qué quieres? – Respondió fríamente él.
    -Hombre, ¿tan mal te caigo?
    -Déjate de juegos tontos, dime que quieres ahora.
    -Tan directo como siempre. Sólo venía a recordarte un par de cosas.
    -Habla de una vez.
    -Está bien, está bien. La primera, recuerda que no eres inmortal. Te di un arma, te hice fuerte, te di un ser capaz de transportarte y protegerte, pero no eres inmortal. Al final, eres tan vulnerable como cualquiera de esos que matas a diario. Así que mejor deja de estar dando saltitos tan peligrosos.
    -¿Y la segunda? – Preguntó el chico mientras cruzaba los brazos.
    -Tu cuerpo no se deteriorará mientras no reciba heridas mortales. Pero en el instante en que eso suceda, morirás sin remedio. Y recuerda a donde llegarás si mueres.
    -¿No se supone que no te había vendido mi alma?
    -No me la vendiste con palabras, pero si con tus actos.
    -Bah, me da igual, no me importa lo que pueda pasar. Y si eso era todo lo que tenías para decirme, entonces déjame que aun tengo mucho que hacer.
    -Que impaciente eres. Dime una cosa antes de irte, ¿estás conforme con tu pistola?
    -¿De qué hablas?
    -Pregunto que si no te hace falta otra arma. Como por ejemplo esta espada que tengo aquí – Dijo mientras hacía aparecer una espada en su mano derecha.
    -Confío en mi arma – Replicó el muchacho.
    -Como quieras, pero recuerda. Esa pistola dejará de funcionar si nota el menor vestigio de duda. Te recomiendo que tengas cuidado.
    -Yo nunca dudo. Ahora, si me disculpas, tengo mucho que hacer.
    -Seguro, nos vemos luego.

    Una especie de puerta se dibujó en una pared. La mujer la atravesó, haciéndola desaparecer cuando la hubo cruzado. Andrés caminó una par de metros más antes de que el humo negro lo envolviera por completo y empezara a llevarlo a su próximo destino.

    El pan tostado esperaba sobre el plato a que Marta decidiera comerlo. La chica jugueteaba con una cuchara, recostada sobre la mesa, mientras pensaba donde empezar a buscar trabajo. Tomó uno de los panes y le dio un mordisco. Supuso que lo mejor sería buscar en los clasificados de algún periódico, después de todo, a veces se publicaban anuncios llamativos allí.

    Con el periódico en su mano derecha y un lapicero en su mano izquierda, Marta leía los clasificados en las secciones que podrían interesarle. Lo que más se ajustaba a su perfil se encontraba en la sección de oficios varios. Era una desventaja tremenda no tener un título universitario, pero aun así no se preocupaba. Tenía mucha paciencia y no había nadie presionándola para que obtuviera un empleo.

    Empleó toda la mañana haciendo llamadas, pero en todas partes pedían referencias de su anterior trabajo, cosa que, por obvias razones, le era imposible conseguir. Luego de un rato, acabó por decidir que probaría con un anuncio en el que se especificaba que no eran necesarias las referencias, bastaba con querer el trabajo y pasar una entrevista. El anuncio no indicaba ningún teléfono, sólo una dirección. A primera hora de la tarde iría al lugar.

    El sitio indicado por la dirección resultó ser un edificio de oficinas. Marta se encaminó a la oficina 513, que era la que indicaba el aviso. Tuvo que tocar una par de veces la puerta antes de que alguien le gritara desde adentro que podía pasar. El interior, elegantemente decorado, indicaba que el lugar pertenecía a alguien bastante pudiente, lo cual la tranquilizó. Pensó que podría tratarse de trabajar para algún ejecutivo de alto rango, quizás hasta sería guapo.

    Tras el escritorio, que se encontraba de frente a la puerta, se hallaba una mujer de estatura media. Por el escote de su blusa blanca asomaban unos grandes senos, blancos como el resto de la piel que quedaba a la vista. Marta dio un par de pasos hacía adelante, sintiéndose un poco incomoda por el par de ojos femeninos que recorrían la totalidad de su cuerpo.

    -Buenos días – Dijo en un tono un poco bajo -, vengo para averiguar sobre el empleo.
    -¿Necesita trabajar señorita? – Preguntó con voz grave la mujer tras el escritorio.
    -Si, me interesa conseguir este trabajo – Dijo Marta, acercándose más al escritorio.
    -Siéntese por favor – Indicó la mujer, sin quitarle los ojos de encima -. Antes que nada, debe saber que este trabajo requiere de toda su disposición y de mucho de su tiempo.
    -¿Es un trabajo nocturno? – Preguntó la chica.
    -No precisamente, en este trabajo se le llamará a cualquier hora. Tenga en cuenta que uno de los pocos requisitos para este empleo es estar siempre disponible. Si ese es su caso, el trabajo es suyo.

    Marta no lo podía creer. Había obtenido el trabajo, y sin hacer o decir mayor cosa. No tenía objeción en estar disponible a cualquier hora, después de todo, era dueña de todo su tiempo.

    -No tengo objeción en estar disponible a cualquier hora, pero me gustaría saber…
    -Perfecto – La interrumpió la mujer -. Ahora hablemos de su paga.

    La mujer tomó una pluma del escritorio y garabateó una cifra en una tarjeta, que le tendió a Marta. Lo elevado del número sorprendió a la muchacha, que inmediatamente pensó que se trataba de algo extraño. Consideró la posibilidad de retractarse, pero inmediatamente desechó la idea, convenciéndose a si misma de que si la noche anterior había pensado en suicidarse era porque no tenía absolutamente nada que perder.

    -¿Le parece bien? – Inquirió la mujer del escritorio, sacando a la chica de sus pensamientos.
    -Si claro, el salario está muy bien. Pero ahora me gustaría saber de que se trata el trabajo.
    -Preséntese de nuevo esta noche. Le presentaré al jefe y le indicaré lo que tiene que hacer.

    La muchacha asintió. Luego de despedirse, se retiró de la oficina, pensando firmemente en volver por la noche.

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    Las últimas dos semanas habían sido comidilla para los medios de comunicación. Un asesino de mafiosos suelto en la calle, automóviles andando por la ciudad fuertemente escoltados y una fuerza policial que había demostrado no servir para nada. El sueño de cualquier reportero amarillista.

    A Andrés no le importaba que los medios empezaran a fijarse en él. Después de todo, aunque supieran quien era, no podrían atraparlo nunca. Limpió el cañón de su pistola y pensó que era hora de cumplir con los encargos pendientes.

    Mientras la noche caía, la hermosa Marta se preparaba para cumplir con sus tareas laborales. En realidad, su trabajo no consistía en otra cosa que servir de pareja para un gran capo del narcotráfico. No tenía que hacer mucho, el tipo la usaba como un adorno en las reuniones con sus socios, y ella no tenía más que sonreír como una estúpida mientras un montón de hombres la miraban con lascivia y decían lo bella que era. Eso y acostarse con su jefe, aunque eso era algo que le gustaba. Le gustaba sentirse poseída por alguien que no cumplía la ley y que además era muy buen amante. En esas dos semanas, ya se había acostumbrado a su trabajo, y a los placeres que obtenía en sus funciones extralaborales.

    La casa de Pedro Linero, el cliente de esta vez, no estaba muy lejos. George le había dicho que el mafioso quería encomendarle una tarea. Un pensamiento surgió de pronto en la cabeza de Andrés, ¿qué harían los clientes si supieran que su contacto era el mismísimo demonio? Pensó que por una vez le gustaría ver la reacción. Pero desechó sus divagaciones justo cuando llegó a las puertas de la casa de uno de los pocos mafiosos que quedaban en la ciudad.

    Nadie se interpuso en su camino. Quizás su fama ya era suficiente. Aun así, estaba seguro de que ninguno sabía todavía que era él quien estaba asesinando narcotraficantes por su cuenta. Si bien todos le conocían como asesino a sueldo, nadie sospechaba que también mataba capos y distribuidores por venganza propia. Un momento después, estuvo frente al cliente.

    -¿Qué trabajo quiere? – Dijo fríamente.
    -Que mal educado – Respondió el mafioso.
    -No tengo tiempo que perder con esas estupideces, dígame pronto lo que quiere.
    -Está bien, está bien, es muy simple. Se trata de liquidar a unos cuantos – Dijo mientras extendía una lista.
    -Son casi todos los capos que quedan en la ciudad – Apuntó Andrés mientras observaba el papel.
    -Exacto. Como quedan tan pocos, me adelantaré a los acontecimientos y los liquidaré a todos, así controlaré toda la ciudad.
    -Aquí está el nombre de una chica, ¿También hay que liquidarla?
    -Ah si, mejor salir de ella, ya sabe demasiado. Ella no es ningún capo, no tiene ninguna clase de seguridad, supongo que no saldrá muy cara su eliminación.

    Andrés le miró inquisitivamente. Luego volvió a mirar la lista.

    -Le daré un precio por todos, para mañana estarán todos muertos.
    -No puede cobrar mucho, le estoy dando todos los datos necesarios, no tendrá que hacer averiguaciones.
    -El trabajo vale lo mismo.
    -Está bien, está bien, supongo que de cualquier forma obtendré mucho dinero cuando acabe con todos estos estorbos.

    Una canción sonaba en la radio mientras Marta se daba una ducha. Las suaves y melancólicas notas hicieron que sintiera unas ineludibles ganas de llorar. Lloró. Lloró como nunca lo había hecho, porque de un momento a otro empezó a odiarse, empezó a odiar eso en lo que se había convertido. No era más que el adorno de un tipo que podría deshacerse de ella en cualquier momento, y lo peor era que en muchas ocasiones en que estaba con ese hombre llegaba a sentir un placer inmenso. Se sintió sucia, baja. Pensó que no era más que una prostituta de tiempo completo, una ramera costosa. La radio seguía sonando.

    No eches raíces en un sitio, muévete, pues no eres un árbol, para eso tienes dos pies. El hombre más sabio es el que sabe que su amor es tan grande como pueda imaginar…

    Entró en el oscuro apartamento. Había decidido empezar por la chica, después de todo, el orden de los factores no altera el resultado. No tuvo que caminar mucho. Frente a la entrada, sentada en una silla mecedora de madera, se encontraba una mujer preciosa. Lo miraba fijamente, sin decir nada, casi sin respirar. Por un momento miró la pistola en la mano de Andrés.

    -Supongo que viene a matarme – Dijo impasible la muchacha.
    -Es la primera persona que lo entiende – Contestó él, fríamente.
    -En realidad, lo estaba esperando. Supuse que tarde o temprano mi jefe querría terminar conmigo, sobre todo porque cuando dormimos juntos suele hablar, sin querer, de muchos de sus negocios.
    -La razón no me importa, simplemente cumpliré con mi trabajo.
    -Antes de eso, ¿le importaría cumplirme un último deseo?

    Andrés no respondió.

    -Antes de morir, me gustaría sentir un beso que no tenga ese desagradable sabor a dinero. Uno por el que no tenga que cobrar – Manifestó la resignada joven.
    -No será posible.
    -¿Por qué?
    -No acostumbro besar a los muertos.
    -Está bien, está bien, entonces hágalo de una vez, acabe con esto ya.

    Andrés levantó la pistola y apuntó a su cabeza, como con todas sus victimas. Se arrepintió. Bajó el arma y la puso en dirección al pecho de la chica. Descargó un tiro sobre el corazón de la mujer y uno en el centro del pecho. Ella murió instantáneamente. Su rostro quedó con la misma expresión imperturbable que tenía un momento antes. El muchacho la miró por un momento, y luego, un impulso irrefrenable le obligó a acercarse al cuerpo sin vida de la joven. Se acercó a su rostro, y posó sus labios en los de ella.

    -Después de todo, yo también estoy muerto – Dijo mientras se daba la vuelta para salir del lugar.

    Sólo por probar, apuntó la pistola al techo del apartamento e intentó disparar. No funcionó, del cañón no salió absolutamente nada. La guardó de nuevo y salió del sitio.

    Una vez en la calle se encaminó a donde se encontraba su próxima victima. Atrás quedaba el cadáver de Marta, y con el, cualquier asomo de duda que hubiera podido tener. Siguió caminando, seguro de que en unos minutos, cuando estuviera frente a Pedro Linero, su arma no fallaría. Sería muy fácil matarlo.

    ----------------------------------------------------------------------------------------------------------
    Los trozos de canción citados en este relato, corresponden a “La Danza del Fuego”, de Mägo de Oz, del álbum Finisterra, editado en el año 2000.

    Ángel de Acero, Squall no Sekai
    06 de noviembre del 2006, 11:32 p.m.
    Copyright Squall.

  4. #4
    Usuario Avatar de Shinigami
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    Ubicación
    Donde el viento se regresa
    Mensajes
    189

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    OK Compadre ... veo que lo pusiste todo de una ... como te habia dicho, me parece bastante bueno, ... por aqui a mi lado dicen que a ella tambien :P , ademas, si os fijas, ya hay varios que han leido la historia ... pero por determinadas razones no postean ... pueden ser cualquier razon, por lo que no hay que desesperar, por ahora nos vemos, y sigue asi, suerte con la amazona que yo aqui miro como hago en el amazonas ;D ;D ;D

    S_H

    ¿Sabes lo que duele vivir sin que nadie te necesite? ¿Sabes lo que es no tener sueños, existir por existir? (Haku)
    La Estrella del Norte no me dejará, su luz esta en mi puño, siempre me acompañará.

  5. #5
    yosoy
    Guest

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    Simplemente: Fantastico :o

  6. #6
    Usuario Avatar de Squall
    Fecha de ingreso
    10/may/2006
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    133

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    Pues gracias Shinigami. Me alegró mucho conocer tu opinión, ojalá la gente me dejará más comentarios, pa no sentir que se pierde lo que cuelgo. Aunque también cabe la posibilidad de que se asusten al ver ese larguero. Pero agradezco mucho tu post.

    Muchas gracias a ti también Yosoy. Te agradezco mucho que hayas leído. Agradezco tu comentario, que si bien son dos sólo dos palabras y una carita, puedo darle un significado bastante amplio. Gracias de nuevo.

  7. #7
    fek
    fek está desconectado
    Usuario Avatar de fek
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    25/nov/2005
    Ubicación
    Buffyverse
    Mensajes
    196

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    Muy bueno, me encanto toda la atmosfera que formaste... Sorry por no responder antes, ya que no habia tenido tiempo de leerlo completo hoy a la mañana.
    Sigue asi!!XDXD

    Nos vemos ®



    Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

  8. #8
    elgordoalberto
    Guest

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    Ya lo lei, me vas a disculpar pero me demore por q lo vi muy largo, despues de un par de veces de intentarlo me canse, asi que lo impimi y ya lo lei, bastante bueno, me gusta como has llevado la historia, espero que sigas escribiendo asi, gracias por compartilo con nosotros

  9. #9
    Usuario Avatar de angeluz
    Fecha de ingreso
    01/nov/2006
    Mensajes
    229

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    tambien mis disculpas por no haber posteado hasta ahore pero no habia tenido tiempo de leer completa la historia, que me parecio exelente
    espero que estes planeando una segunda parte de esta historia

    Angeluz - mago igneo

  10. #10
    Usuario Avatar de Squall
    Fecha de ingreso
    10/may/2006
    Mensajes
    133

    Predeterminado Re: Ángel de Acero

    Gracias por leerlo. Os lo agradezco de verdad.

    Pues Angeluz, tengo en mente algo para una segunda parte, pero no aun no le he dado forma. Tengo que esforzarme, para que quede al mismo nivel de la primera. Gracias a los que le han dedicado un poco de su tiempo a esta historia, para mí eso vale mucho. Saludos.

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