Dualidad DemoniacaI
La primera vez que le ví
Fue como estar en una pesadilla
Nunca supe el momento
En el que mi vida se convirtió
En un infierno.
No puedo esperar a que las manecillas
Toquen las doce
Es como una odiosa carga que
Me acecha en el cuerpo
Ya que al momento de
Que observe sus ojos
Mi destino estará sellado.
Cuan monótona, estéril, odiosa y carente de pasión sería la vida sin la peculiar atmósfera de todo aquello inexplicable. Envuelto en una oscuridad que se cierne como una sanguijuela sedienta pero que yace oculta desde la remota caverna hasta lo más intimo del alma.
Aquello que desconoce la gente lo convierte en demonios y criaturas fantásticas que toman caprichosas formas que llenan nuestros corazones de temor desde tiempos inmemorables. Pero no debemos olvidar que la raíz de un relato siempre tiene la veracidad tan clara como el agua, por lo cual el horror sigue estando ahí en una forma aun más perturbable.
Me inicie en las tinieblas en los tempranos años de mi pubertad. En una pintoresca zona costera. Un pequeño pueblo que había crecido increíblemente con el comercio y el turismo que había vuelto un tanto tumultuoso una sociedad de gente que eran descendientes de viejos indios así como algunos vestigios españoles que asentaron hace muchos años su fe que en la antigua santería quedó fusionada con las deidades que ya estaban presentes ahí. En aquellas viejas calles empedradas donde los más grandes edificios yacían recibiendo al mar en la costa una pequeña en el extremo derecho del pueblo. Aquel mismo donde estaba el paradero del tranvía y la vieja bodega de servicio para los buques de carga cuando necesitaban descargar mercancía en la zona.
Fue en una mañana de octubre donde me dirigía a la escuela en vísperas de la esperada noche de muertos. Aunque con la influencia de los visitantes citadinos y turistas también empezó a darse la procesión del 31 con disfraces imitando lo que se mencionaba en la televisión como Hallowen. Los comentarios estaban a la orden del día así como la anciana Resendiz estaba llena de trabajo en esas fechas con los encargos de disfraces para el Hallowen como la noche de muertos. Mi camino a la escuela era sencillo, ya que tomaba el tranvía para recorrer el kilómetro exacto donde me bajaba enfrente del hotel blanco. Esa mañana en particular donde aun no amanecía, bajé del tranvía para cruzar la calle con pocas precauciones, ya que pocos vehículos circulaban a esas horas. No obstante vi con interés un auto blanco que estaba estacionado frente al hotel. Hubiera sido algo completamente trivial de no haber sido por aquel modelo que era más acercado a una carroza fúnebre que un auto familiar. En segundo lugar di con la aparición de un hombre vestido de blanco con sombrero y un puro que mascaba con placer. Tuve la acertada impresión de que no era un vulgar turista como aquellos idiotas precoses de Beverly Hills o los asiáticos que te sonríen sin saber que demonios te están tratando de decir.
Deje de lado mi estudio de aquel hombre por que había quedado de llegar media hora antes con un amigo para pedir el traje a la anciana Resendiz quien vivía a dos casas de la escuela. El años pasado no pudimos conseguir disfraz ya que tuvo saturado el trabajo, pero está vez nos hicimos el propósito de ser los primeros en pedírselo. Aquella sensación de prisa me desvió de mi mirada al hombre pero antes de perderme en el interior de la calle, otra imagen se cernió con gran atractivo. Desde el primer momento que vi aquel vestido blanco supe que necesitaba contemplarla. De ahí mi atención se convirtió en una hipnosis que paralizó mi cuerpo y fuerza de voluntad en aquella ominosa silueta con rostro de ángel. Nada en mi tranquila vida que tenía en el pueblo me había preparada para un ser que apareció de la nada en medio de mi vida. Mi curiosidad me obligó a acercarme como un ser que desconocía el movimiento del mundo para cerciorar si semejante ser era realmente de carne y hueso, de cabello negro y estatura media. Pero algo yacía fuera de si con aquella mirada que era tan punzante como seductora que me convirtió en un esclavo de su belleza llegue a considerar que solo se trataba de un espejismo en medio de la nada. Mis dudas se despejaron al momento en que aquella niña de cara blanca reaccionó mirándome con esos ojos tan hermosos pero que no sentía naturales. Una delicada mano me tocó de hombro en armonía con una sonrisa manifestada de su cara transmitiendo miles de sensaciones. De pronto su mano clavó las uñas violentamente en mi piel como tratándose de garras que me obligaron a dar un paso atrás. La niña regresó su mano tapándola con la otra en su pecho dando otra vez esa extraña sonrisa, como si hubiese hecho una broma infantil pero nuevamente su mirada me delataba una horrible intención.
Medité en ello por toda la clase. Aun la emoción de que mi disfraz estaría antes que de los demás niños no me distrajo de la extraña experiencia que tuve. Tampoco la monotonía de la clase me removió semejante imagen cuando estaba considerando que aquella niña extraña era simplemente una broma cruel que solamente estaba de paso. Pasó la hora de la comida cuando finalmente pude relajarme un poco hablando con mi amigo y dos niñas de mi clase quienes trazaron la ruta de la que haríamos el recorrido nocturno del 31. Salí de la escuela junto a mis compañeros terminando de afinar los detalles de nuestra procesión para en cuatro días. Me separe de ellos en una esquina antes del hotel donde enfile para tomar el tranvía rumbo a mi casa. Mientras caminaba estaba avanzando con cierto temor que me llevaba a imaginar que aun estaba el dichoso auto blanco con sus extraños ocupantes, pero al dar mis temblorosos últimos pasos, me di cuenta de que ya no estaba nada más que el viejo portero que se sentaba en su misma silla.
Finalmente había llegado el día esperado por los niños del pueblo. Había sido el medio día cuando estaba llegando de la escuela esperando únicamente a ver el disfraz de calabaza que debía haber recogido mi madre en su viaje al mercado pasando a la casa de la anciana costurera. No había pasado nada extraordinario en esos días por lo que mi principal prioridad era la esperada procesión de dulces con mis amigos. No obstante mi amigo me dijo indiscretamente que una de las niñas que nos acompañarían estaba buscando un pretexto para conocerme mejor y tal vez confesarme algo en la noche donde todos los niños podíamos estar en las calles hasta tarde. Cuando llegue a la casa pude ver aquel traje de esmerada confección que tanto ansiaba. Comí relativamente angustiado por la ansiedad que casi me atraganto. Pasó la agonía en la tarde por la espera de que llegaran aquellos compañeros de aventura por lo que veía la televisión para que el tiempo se fuera rápido. El ocaso daba su dorado atardecer en la costa por lo que los faroles empezaron a iluminar las calles mientras los adultos estaban ocupados en adornar para el día de muertos. Estuve esperando mientras observaba como se obscurecía y los minutos de retraso estaban aumentando. Me mantuve ocupado viendo un programa cuando la puerta sonó. Salté entusiasta del sillón para abrir la puerta cuando mi concepto de niñez fue atacado por la imagen de la niña de aquella mañana en mi puerta. Ella yacía vestida con un traje de hada que consistía en un vestido blanco con alas de alambre y tela, su cabeza tenía una diadema de plástico con piedras brillantes de imitación. Me mostraba una mirada un tanto diferente ya que yacía un tanto tímida, además de que rehuía mi mirada. De pronto pude ver sus ojos que recordaba eran azules pero aparentemente tenía lentillas de color morado para acompañar su traje. Con una simple frase me preguntó si podía acompañarla a la procesión de Hallowen. Yo quede congelado en aquel momento pero mi sentido común me hizo preguntarle como había llegado a mi casa. Entonces ella me contestó con palabras exactas que mi amigo se había topado con ella. Muchas hipótesis podría haber existido pero su hablar me convenció de que ella obtuvo mi dirección así como decidieron sin consultarme en que llevara a la extraña niña nueva a la procesión.
Con el encanto de una sirena. Me olvide de cualquier cosa sujeta a las normas del sentido común y la lógica básica. Puesto que estaba saliendo con una completa desconocida en vez de aquellos quienes conocía de años.
Para mi era una costumbre más que celebrar aunque no me molestaba desde pequeño ir de casa en casa a recibir dulces de fruta cristalizada o tarros de tamarindo. El viejo español de la tienda en la plaza, el más viejo de todos siempre nos recibía con una olla grande de dulces o chocolates que le llegaba de otros países y de la capital. Yo esperaba encontrarme n medio del incesante cruce de pequeñas almas disfrazadas a mis compañeros de procesión pero ello nunca se dio. Deje de preocuparme en eso ya que la compañía de aquella extraña pero agradable compañera me dio razones para desear que la jornada se alargase más. El folklore del pueblo se había extendido para esa noche donde los adultos tomaban la velada de los niños como pretexto para poner puestos de comida en la plaza y relajarse mientras seguía la cacería de caramelos.
Dieron las once de la noche, hora designada por mi madre para que regresara a casa donde esperaba la cena y el conteo de dulces recolectados. En ese momento estaba completamente feliz del botín obtenido junto a esa adorable niña que me acompaño de misteriosa forma. Le explique que debía ir a casa cuando ella me explicó que también se había pasado de la hora que le asignaron, dimos camino por la avenida principal junto al puerto donde las lámparas estaban adornadas de faroles y arreglos florales listos para la celebración de día de muertos. En el hotel nos despedimos como una efímera amistad de una noche. Ella me besó directo a los labios, cosa que nunca había experimentado por lo que quedé prendado completamente. Esa bella criatura me despidió hasta que me aleje yendo a mi casa. Todo parecía normal ya que estaba regresando con mi bolsa de dulces que mi madre rápidamente me pidió le enseñara en la mesa, de hecho quería tomar posesión de cuantos dulces de leche hubiera recibido. A mi no me gustaban ya que era un trato justo así que en medio de chocolate caliente y pan de muerto de la panadería estábamos mirando una de las películas de miedo que pasaban en la televisión. Fue entonces que tocaron funestamente a la puerta. Se trataba de la madre de mi amigo Edwin con quien iba a ir a la procesión. Y no solo era ella sino las madres de las niñas con quien iríamos. Yo les respondí que al final nunca llegaron por mí y que estuve toda la noche con otra niña. Piadosamente quise decirles que me llegue a cruzar con ellos en las calles para que tuvieran esperanzas de encontrarles. De hecho yo siempre tuve la seguridad de que aun andaban por ahí en callejuelas tocando hasta la ultima puerta.
Dieron las tres de la madrugada cuando llegue a escuchar que había muchos pasos en la calle. Ya que la gente estaba buscando a los tres niños desaparecidos. Mi padre se levantó ante la situación tomando su linterna para unirse a la búsqueda. Un nudo a la garganta se apoderó de mí en la cama tratando de no considerar en lo peor.
Amaneció cuando me di a la tarea de ir a comprar tamales a la plaza principal con el borrachín de la esquina quien tenía un talento innato para un sabor especial, subí al tranvía cuando a los pocos segundos de que la maquina arrancase escuché los gritos de una mujer. El operador del tranvía detuvo su marcha para bajar desesperado a socorrer por lo que yo también baje para encontrarme con aquella histérica dama que miraba a la playa desde la barda de piedra. El operador del tranvía sacó un pañuelo mientras volteaba para cubrirse la boca disuadiéndome inútilmente del horror que yacía presente. Algo que me dejaría marcado en esos años de mi vida.
II
Los años pasaron y aun puedo recordar como la tragedia inundó a la agradable comunidad de donde había nacido. Mi familia halló refugio en la capital, tal vez para evitar observar la impotencia de cómo se desmoronaba la alegre imagen de aquella mi tierra después de una horrible tragedia.
Yo quede marcado después de ello pero seguí adelante, puesto que han pasado diez años de que encontré la masa sangrante de aquellos amigos de juegos tirados en la arena, sus cuerpos yacían secos y decapitados. Nunca encontraron las cabezas por lo que el funeral debió ser bajo ataúd cerrado. Yo he tratado de olvidar semejantes imágenes que aun puedo sentirlas tan vividas en mi cabeza, como odiosas fotografías que incomodan un álbum de recuerdos.
Habían pasado las fechas navideñas por lo que las tiendas ahora estaban teniendo remates de los productos sobrantes. Así que en ese martes sin actividad decidí ir al centro comercial en la zona sur de la ciudad. Me gustaba ir en grupo pero en ese momento hallaba relajante ir solo a buscar mercancía que para el resto de mis amigos hallaban aburrido verme seleccionar. Después de media hora de estar buscando miniaturas para mi maqueta, realicé mis compras cuando decidí entrar por curiosidad a la tienda de música. De entre la selección que había en las cabinas de música pude hallar el nuevo álbum de un prometedor DJ que me dispuse a escuchar. Nunca imagine que el destino estaba deparándome algo inesperado ya que una extraña sensación me hizo voltear a la derecha donde pude apreciar una cabellera negra larga. La cual me hizo recordar un cabello así en años atrás. La joven que tenía aproximadamente mi edad volteó mostrando sus ojos morados. ¡Cuan impactante fue para mi alma estremecida haber visto aquella mirada nuevamente! Considere en medio de mi mente mareada que podía tratarse de una simple coincidencia pero mi instinto me hacía sentir que realmente se trataba de aquella niña que conocí esa noche. Preguntas que la lógica instintiva me obligaba a considerar fueron desintegradas por la mirada de esa ahora joven de cuerpo angelical. La cual parecía sinceramente alegre al reconocerme y hallarme en tales situaciones, rápidamente me disuadió para aceptar pasear con ella. A pesar de que me hacía recordar cosas horribles, pero la memoria de esa noche agradable con ella fue como un velo que cubrió mi sentido común. No obstante tras haber tomado un café y paseado en los aparadores decidí que debía irme no sin antes aceptar por cortesía una invitación a comer en su casa por aquel momento. Extrañamente no me acompaño a la salida por lo que estaba saliendo con cierto interés en la caja de figuras que había comprado. Inesperadamente fui sorprendido por un extraño que rápidamente me enseño unas latas de aerosol que resultaba ser desodorante. Aquel hombre era viejo y no parecía ser un tipo de bajos recursos. De hecho su chaqueta de gamuza y el sombrero tipo de vestir le daba un aire poco común en su caucásico rostro con barba. Semejante personaje me convenció, de mala gana por cierto de comprarle un paquete de tres desodorantes por veinte bolas.
En contra de todas las normas de una persona inteligente, decidí asistir a la cita con aquella chica que aun seguía siendo una extraña pero alguna especia de insistencia ominosa me daba la fuerza para seguir avanzando por las calles de una parte de la ciudad que nunca había visitado. En medio de la calle que era un desfile de extrañeza me daba cuenta de que las grandes casas que estaban ahí yacían abandonadas o derruidas. En mi caso personal admitía que era pésimo encontrando direcciones, pero una fuerza maligna me guiaba a la perfección el sendero donde nunca tuve necesidad para estar preguntando. Incluso los números conspiraban para guiarme en línea recta donde una gran casa yacía en completa iluminación en lo alto de un terreno elevado. Aquella vivienda relativamente grande, denotaba un viejo estilo neoclásico por lo que supuse que haría el ridículo vestido en mis jeans y saco militar descosido, cuando podría estar seguro de que todos allí estarían formalmente arreglados. Toque a la puerta donde un ataque de nervios me obligó a meter mis manos en el pantalón cuando la respuesta fue inmediata abriendo la puerta otra figura que creía olvidada. Se trataba del mismo sujeto de blanco que había visto aquella vez afuera del hotel con la misma expresión y un conjunto idéntico. Quede congelado por lo que me quede sin palabras, El hombre simplemente me cedió el paso para dar mis primeros pasos en una casa que realmente distaba de ser un sitio elegante. Ya que la antesala estaba repleta de viejas cajas como tratándose de una mudanza reciente. Notaba el espacio grande ya que la antesala tenía al menos unos diez metros de fondo donde descansaban las escaleras. De ellas estaba bajando la anfitriona quien se había vestido para la ocasión demasiado formal, ya que tenía un vestido negro corto con guantes largos. Bajó para darme la bienvenida con afectividad invitándome a pasar, extrañamente note que el barandal de las escaleras parecía polvoriento. Aquello me resultó demasiado raro cuando ella empezó a hablarme de asuntos relacionados de ella en completa confianza. Yo decidí asumir una postura tranquila siguiendo el raro juego de ella. Tras decirme que la cena estaría lista en unos minutos, me llevó por la descuidada casa que tenía una sombría apariencia de abandono añejo. Me di cuenta de que casi no había muebles nuevos u objetos que siquiera reflejaran algo de la época. Ya que la mayoría de lo que yacía en el sitio podía haber pertenecido a los años veinte o mucho más viejo, incluso las fotografías eran antiquísimas, tomadas en blanco y negro. Pero con cierto recelo de sospecha me di a la tarea de revisar las pinturas que mostraban morbosas escenas que no encontraba de buen gusto para decorar. Una de ellas mostraba la escena de la decapitación de Juan el bautista, pintada con una diabólica destreza que la imagen parecía tan real que me estremecí. Otra de las heréticas escenas mostraba a la deleznable Elizabeth Bathory, reina de la tortura quien asesinó a más de doscientas vírgenes para bañarse en su sangre. El cuadro resultaba ser tan explicito que rompía con el buen gusto artístico. Decidí rehusarme a seguir viendo para encontrarme con una imagen no tan fuerte pero igual de obscura. El retrato del juicio de Salem que estremeció a la sociedad de aquella época con la muerte de falsas brujas. Semejante cuadro me hizo sentir menos asqueado pero una ultima pintura me dejó completamente desconcertado. Era un paisaje fielmente reproducido de mi pueblo viéndose el hotel con el paso del tranvía en plena noche.
Finalmente había reaccionado para asentir que algo demasiado sospechoso estaba sucediendo allí. De hecho mi vida desde esa etapa en mi niñez se había tornado en una especie de falacia intentando llevar una existencia normal sabiendo que estuve en contacto con algo maligno. Estábamos ya instalados en la mesa aguardando por la cena que me había preparado en honor a nuestro reencuentro. El hombre de blanco llevó la comida mientras ella estaba sonriente hacia mí queriendo abordar cualquier plática que nos mantuviera ocupados. Yo podía sentir que ella ya estaba enterada de mis sospechas pero no hacía cuenta de ello. De hecho distraía la posible atención preguntándome acerca de mi vida por lo que ya estaba fatigado contando mi vida escolar y pequeñeces para describir los diez años después de habernos visto en el pueblo. Mi mente no podía quitarse de ese espectral cuadro en el que yacía esa parte tan íntima de mi persona, pero fui distraído al notar que la comida fue servida llevándome la sorpresa que eran chuleta de cerdo ahumada con guarnición de piña. Eran trozos grandes por lo que una mueca de felicidad se apoderó de mí efímeramente. Ya que ella había pronunciado que recordaba que era mi comida favorita. Yo nunca le había dicho, incluso fue cuando llegue a la ciudad cuando inició mi gusto por aquel platillo. ¿Me había estado vigilando todos esos años? ¿Qué clase de persona era que no me había percatado siquiera de alguna presencia en todos estos años de su acoso?
La comida de pronto se había convertido en una tortuosa jornada de la cual mes esforzaba en sonreír y comer lo más mesuradamente posible. Todo fuera por acabar con la reunión y salir rápidamente de ese profano lugar. Cuan desgraciada fuera mi suerte que aquella diabólica fachada de cuerpo de ángel me observo detenidamente como si adivinase cuan demonio mis pensamientos. Tras finalizar el postre nos estábamos levantando donde presurosamente estaba buscando la salida. De repente sentí el fuerte apretón en mi mano por parte de ella quien uso discretamente su mirada para fulminar mi voluntad de marcharme. Ella no dijo nada, simplemente me condujo por las escaleras donde yacían más artículos extraños como despectivas imágenes dignas de un museo de horror. Tras pasar un largo pasillo me encontré en un cuarto relativamente normal para una joven común y corriente. Ya que habían aparatos eléctricos, un tocador con cosméticos y pósteres de diferentes actores o cantantes. La chica prendió el televisor sintonizando los canales de cable para hallar algún programa. En aquel momento trataba de mantenerme lejos de una obvia imagen de desconfianza, ya que podía más mi miedo a algún suceso extraño que cualquier otra cosa en el mundo. Cada momento en el que estaba junto a ella sentí una aguja clavada en mi cuerpo, con su mirada penetrante hacía mí se quitaba los guantes y los zapatos para relajarse sentándose pegada a mi. Una innatural sensación se cernía ya que en vez de poder percibir un cuerpo calido, había frió en ella como tratándose de algún reptil o algo así. Cuan fuera la causa invente la tonta excusa de ir al baño. Ella me dijo que el baño de servicio estaba en la primera puerta debajo de las escaleras. Parecía que era mi oportunidad para huir del sitio por lo que descendí las escaleras. Encontraba perfecta la oportunidad pero inesperadamente aquel hombre de blanco pasó por ahí viéndome silencioso. Fingí que no hallaba el baño, señalándome al fondo por lo que le sonreí cuan tonto adentrándome en el sitio. Halle la puerta como me lo había dicho. Cual fuere mi funesta suerte que de pronto observe una fotografía que delataba mis temores. Jamás entré al baño, en vez de eso estaba viendo una fotografía enmarcada de la cual figuraba la siniestra anfitriona acompañada de tres rostros que nunca más pude ver. Ya que eran los niños muertos en esa trágica noche. Una puerta semiabierta estaba frente al la espantosa imagen, sentía que algo revelador podía haber en el interior. Aquella puerta me llevó por un pasillo extraño que descendía en rampa con la iluminación de velas. Avance sin importarme que pasaría cuando la madera se volvió en piedra mientras más caminaba, juraría haber dado más de doscientos pasos para cuando vi una especie de cámara subterránea al fondo. La cantidad de velas aumentaba por lo que la iluminación yacía más clara, apoyada por un candelabro que llevaba cientos de velas que amontonaban cera.
Aquel horror se presentó ante mí como la abominación más grande que podía concebir la humanidad. Puesto que estaba ante un horrible altar que emulaba una iglesia con figuras contrarias a la tradición Católica. Una profana estatua de un ser amorfo yacía en lugar de Cristo, así como otras figuras que representaban a Lilith, Judas y Calvino como el profeta que acarreo a fieles al abismo. Una congregación estaba situada a los extremos mostrada en cabezas humanas que estaban fijas a picas situadas en el suelo. Hombres mujeres y niños estaban ahí para dar testimonio de la horrenda escena. De pronto vire a la derecha donde pude apreciar tres cabezas que habían sido dadas por perdidas. Mi amigo y las dos niñas estaban ahí en un estado de conservación diabólico después de tantos años, sin sufrir un mínimo de descompocision. Di la vuelta aterrada pero ahí yacía la endemoniada autora. Algo estaba mal, ya que el color de sus ojos ahora eran azules, con una mirada agresiva y cuyos pasos se dirigían hacía mí. Vestía únicamente una bata que cubría su evidente desnudez. En menos de lo que esperaba me tenía besándome con una pasión lujuriosa que me envolvía en un néctar adictivo. Reaccione abruptamente al sentir nuevamente aquellas uñas enterrándose en mi piel. Mire a semejante monstruo que estaba mostrando de su boca unos prominentes colmillos que buscaban mi rostro. Me retraje con fuerza así como desquite mis años en fútbol para correr lo más rápido posible con aquel engendro que me seguía furibundo. Logre llegar a la puerta tratando inmediatamente de alcanzar la puerta de salida pero el hombre de blanco se encontraba ahí bloqueándola. Una mortal encrucijada estaba ante mí, la monstruosa criatura femenina ya me había dado alcance así como el sujeto de blanco extrañamente estaba hinchándose del rostro formándose una especie de ser marino. La desesperación me rodeo cuando ambos estaban ante mí, resentía que mis días habían llegado hasta ahí.
El suceso más ocurrente detuvo mi muerte cuando sonó el timbre que distrajo a ambos que quedaron desconcertados. Un silencio inundo la antesala para después escucharse el golpe seco de la puerta abierta por una patada. La mecha de un encendedor apareció acompañada de otra mano que liberó un spray formando una llamarada que primero cubrió de fuego al monstruo de blanco y después a la súcubo que me había atraído a su agujero. ¡El maldito vendedor de desodorantes resulto ser un cazador de demonios! Orgulloso de que sus productos eran de alta calidad, me sacó de semejante sitio sintiéndome obligado a verlo una vez al mes para comprarle mi ración de desodorantes en aerosol. Lo que nunca imagine fue que una figura triste me miraba desde la ventana de su cuarto con aquellos ojos morados soltando lágrimas de una despedida temporal.


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