Crónica de un combate
Desciendo la colina hasta llegar a un llano. Me encuentro en la Gran Garganta. Al avanzar unos pasos un numero considerable de sincorazón se lanzan a mi encuentro. Para librarme de ellos no tengo más que despedazarlos suavemente con mi llave-espada. Cruzo la garganta hasta llegar por fin a mi destino, un recóndito acantilado. Una majestuosa vista hace gozar a mis ojos. Ante mi, Bastión Hueco, antaño residencia de importantes personajes yace ahora en el fondo del valle convertido en un montón de ruinas de aspecto fantasmal en las que lo único que se conserva en pie es un par de altísimas torres.
Entre esa monumental vista y yo, al pie del acantilado se alza orgullosa una alta figura, esbelta y musculosa. Luce una gran melena plateada que recorre su espalda hasta llegar a los tobillos. Sin duda alguna, con esos rasgos no cabe ninguna duda de quien es este mortal enemigo que ahora se haya ante mi, Séphiroth. Es portador de una gran espada, mas larga que su propia envergadura ya de por si grande. También de su homóplato derecho nace una enorme ala negra, que de momento está intranquilamente recogida deseando fervientemente desplegarse. Sus negras vestiduras se vuelven a la vez que su cuerpo, hacia a mi, sus agudos ojos me miran derrochando una arrogancia que solo el sabe desprender, subestimándome.
Nuestras pupilas se encuentran las unas con las otras y en ese mismo instante los dos comprendemos lo que allí iba a acontecer. Con un suave movimiento pone su espada en posición, a la vez que yo con el poder de mi corazón hago aparecer con un haz de luz cálida la llave-espada en mis manos. Todos mis músculos se tensan instintivamente a la espera del mas mínimo movimiento. Despliega su ala y con un leve movimiento casi imperceptible, solo visible después de ya ocurrido, recorre los 4 metros que nos separaban y se sitúa detrás mía habiendo pasado antes a escasos centímetros de mi torso dejando sobre mi cuerpo un veintena de suaves pero potentísimos cortes. Yo hábilmente contrarresto sus golpes y doy un giro de 180 grados para contraatacar. Le lanzo una serie de contundentes estocadas pero como yo preveía, las detiene todas. En ese momento comienza un vertiginoso baile de espadas en el que los golpes y las estocadas que se propinan no se pueden seguir con los ojos. Una finta tras otra observo como mi oponente afina su puntería y el filo de su espada cada vez pasa mas cerca de mi. Al contrario que a el cansancio va haciendo mella en mi y mis movimientos se mueven mas lentos y en consecuencia recibo algún que otro pequeño corte en mi ropa y a veces en mi propia piel. Siento que esta jugando conmigo. Para poder estar a su altura necesito recuperar fuerzas, busco con mi mano izquierda en uno de mis bolsillos y utilizo un valioso elixir. Me siento revitalizado y vuelvo a la carga. Sephiroth nota este cambio y con un hábil movimiento se separa de mi unos cuantos metros y de repente un resplandor sangriento recubre su cuerpo. Se lanza hacia mi con una velocidad inaudita pero logro a duras penas seguir su ritmo. Su habilidad como espadachín solo tiene parangón con su inigualable poder como hechicero.
Con un movimiento de su brazo lanza hacia mi una fortísima ráfaga de aire que me separa de él. En ese momento, levanta las palmas de las manos hacia al cielo y pronuncia un serie de palabras en un lenguaje desconocido para mi, un lenguaje arcano solo pronunciado por los grandes sabios conjuradores. Al dirigir mi vista hacia la bóveda celeste comprendo perfectamente la gravedad de la situación.
Una gran cantidad de meteoritos provenientes del espacio se precipitan hacia mi a una velocidad vertiginosa. Intento esquivar las rocas mortales pero inevitablemente varias de ellas golpean contra mi cuerpo y me derriban. Mi enemigo con una expresión triunfante en el rostro me mira pensando que me ha derrotado. Dificultosamente me incorporo e invoco el hechizo CURA ++ que restaura totalmente mis heridas y parcialmente mis fuerzas.
El final del combate se acerca, Sephiroth me tiene acorralado. Todas mis experiencias vivenciales recorren mi mente en un segundo. No puedo permitir que me derrote. Un súbito impulso recorre todas y cada una de mis terminaciones nerviosas y en el mismo momento en el que flexiono mis piernas para saltar hacia delante llamo a la llave-espada a mi mano y concentro todo mi poder en ella, con el fin de tumbar a mi oponente mediante un tormenta de combos devastadores que solo mi furia puede desencadenar. Todo ocurre en instante de tiempo mínimo, los golpes asestados producen un fortísimo dolor en enemigo que al encontrarse en el mismísimo ojo de esta letal tormenta no puede zafarse de la misma. Con un golpe final que lleva todas mis fuerzas y mis esperanzas puestas en el estrello a Sephiroth contra la pared del acantilado. Cae arrodillado en el suelo.
Una sensación de júbilo infinito anega mi corazón, pero se desvanece completamente al contemplar como Sephiroth se incorpora con semblante serio y clava sus plateados ojos en mi celeste mirar. Estoy atónito, mis cuerdas vocales no producen sonido alguno o al menos audible. Con un simple gesto del dorso de su mano derecha se quita al polvo que ensucia su hombrera metálica izquierda. Me hace llegar su mensaje de forma clara y concisa: “he de reconocer que eres muy hábil, pero solo Cloud puede derrotarme”.
FIN


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